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Publicado el 25 de marzo, 2019

Alejandro Alarcon: La economía global y las reformas en Chile

Economista Alejandro Alarcón

¿Cómo nos preparamos frente a un escenario de incertidumbre? Ciertamente las medidas de ajuste fiscal han producido una buena señal para los inversionistas extranjeros. Pero no es suficiente. Si todos somos chilenos, oficialismo y oposición deberíamos al menos debatir sobre cómo mejorar las condiciones de vida en el país, y sobre todo de los más pobres.

Alejandro Alarcón Economista
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Escribo mientras se alargan las negociaciones entre EE.UU. y China por la llamada guerra comercial, conversaciones que deberían haber concluido esta semana. Sin embargo, ya sabemos que estas seguirán hasta fines de abril. Donald Trump había invitado a Xi Jinping a su resort en Florida para sellar el acuerdo, a fines de marzo, pero Xi no ha contestado todavía y los planes del Presidente norteamericano, vamos a decir, sufrieron un retraso.

Sabemos que no solo es el tema de los aranceles lo que detiene el acuerdo. También las negociaciones se han complejizado, porque EE.UU. ha agregado en la agenda el tema de la participación del capital extranjero en las empresas estales chinas, las cuales tienen entre ellas empresas del mercado de capitales, del sector de las telecomunicaciones, del sector servicios en general, de la manufactura y otras. Son unas 150.000 empresas estatales que el Partido Comunista chino maneja con mano de hierro, y donde las bases de ese partido -igual como ocurre en otras latitudes- disfrutan el paraguas protector que les brinda la ideología y la dictadura, y donde los niveles de ineficiencia son muy importantes. Para EE.UU. el cambio no solo representa una oportunidad para que ingrese el capital privado allí, sino que también lo ven como una manera de disminuir el impacto del robo intelectual por la transferencia de tecnología, que está también en la discusión.

Xi sabe que será un duro escollo acceder a esa postura; sus ideas son particularmente más cercanas a las del antiguo líder Mao Zedong, que llevaba a China al despeñadero de no ser por la revolución económica capitalista de Deng Xiaoping que se inició hace 40 años y que convirtió al gigante asiático en la segunda economía en el mundo, con cerca de un quinto del PIB mundial. Ciertamente no es un cambio menor aceptar el capital extranjero en las empresas estatales, porque quitará poder al Partido Comunista; habrá más libertad para los ciudadanos, quien sobre la base del mérito ingresarán a trabajar allí; más eficiencia; más productividad, y, sin duda, acercará a China  a una sociedad más democrática, alejándola paulatinamente de la dictadura comunista que vive actualmente. Esto representa un duro dilema para Xi, pero si insiste en el pasado, los mismos comunistas le pasarán la cuenta. China continúa desacelerándose y probablemente este año tendrá el crecimiento más bajo de los últimos 28 años, cercano al 6%, cifra incompatible con las promesas que le hizo el Presidente al partido para que lo mantuvieran como líder máximo hasta su muerte. Deng había acotado eso a dos periodos de cinco años.

Esta situación también producirá efectos en el resto del mundo. EE.UU. este año crecerá casi 2% y el próximo, menos que esa cifra; Europa se desacelera con fuerza y el riesgo de un Brexit sin acuerdo continúa en el Reino Unido, lo cual tendrá devastadoras consecuencias, sobre todo en Inglaterra e Irlanda.

¿Cómo nos preparamos en Chile frente a ese escenario de incertidumbre? Ciertamente las medidas de ajuste fiscal necesarias han producido una buena señal para los inversionistas extranjeros, que nos financian el ahorro externo para utilizarlo en inversión, lo que a su vez produce crecimiento. Pero no es suficiente. La desaceleración global tendrá impacto en Chile. Ya el año pasado el PIB perdió 0,5% por la guerra comercial (de acuerdo a mis cálculos, Chile podría haber crecido 4,5%, y no el 4% que mostró el PIB 2018). Con asombro vi a un colega en una entrevista diciendo que el rechazo a la Modernización Tributaria y Reforma Laboral en nuestro Congreso no tendría efectos sobre la trayectoria del PIB 2019. Está equivocado, solo basta ver el desglose de las últimas cifras entregadas (18 marzo) por el Banco Central para las cuentas nacionales, que muestran una caída de la inversión respecto de la trayectoria que se reportó desde comienzos de año; particularmente en sectores intensivos en mano de obra, como la construcción, lo que explica además el rezago que muestra aún la tasa de desempleo. Todo esto por la incertidumbre que ha provocado el nulo avance de la modernización tributaria y la contienda política que se ha desencadenado, afectando seriamente las expectativas económicas.

La reforma laboral también tiene impacto. El mercado laboral femenino aún presenta tasas de desempleo mayores al promedio nacional; se trata de mujeres jefes de hogar, luchadoras, que sostienen a sus familias, empezando por sus hijos. Sin flexibilidad laboral, esas mujeres estarán mas pobres, y les costará  más sacar adelante sus familias.

Mientras tanto, en el Congreso, en los momentos que escribo, la oposición se niega todavía a la idea de legislar y no quiero pensar qué ocurrirá con la reforma laboral, simplemente porque tienen mayoría en ambas cámaras. ¿Cómo nos preparamos frente a un escenario de incertidumbre? Ciertamente las medidas de ajuste fiscal han producido una buena señal para los inversionistas extranjeros. Pero no es suficiente. Si todos somos chilenos, oficialismo y oposición deberíamos al menos debatir sobre cómo mejorar las condiciones de vida en el país, y sobre todo de los más pobres. Para ello necesitamos más crecimiento, más inversión, más flexibilidad en el mercado laboral y sobre todo frente a la desaceleración del ciclo económico mundial.

DISEÑO:SANDRO BAEZA/AGENCIAUNO

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