El giro que ha experimentado nuestro país tras los violentos hechos del 18 de octubre 2019 comienzan a sentirse con intensidad en nuestra sociedad. Los resultados electorales que se han producido desde entonces ha devenido en una convención constitucional que es controlada por la extrema izquierda y que busca terminar con las bases que han sostenido a la república por años.

Entonces apareció el populismo y la demagogia, que convirtió en presidente al líder de la coalición de extrema izquierda. Obtuvo un menguado 27% en primera vuelta, lo que lo llevó a girar a posiciones más moderadas para atraer más votantes. Finalmente, ganó con los votos prestados de millones de ciudadanos que fueron seducidos por sus promesas de cambio, pero también por promesas de cambios graduales que no arriesgarían la democracia y que acabarían con la violencia. Así, se llegó a rotular al presidente electo como socialdemócrata.

El nuevo gobierno deberá enfrentar la realidad, que incluye el impacto de una serie de trayectorias de desequilibrio en la economía, principalmente la inflación y la inflación esperada, el enorme déficit fiscal y la trayectoria creciente de deuda pública, necesaria para cerrar la brecha entre gastos e ingresos fiscales para lo cual se indica una nueva reforma tributaria.

Todo esto, en medio de una convención constitucional que propone desde un consejo para la censura de la libertad de expresión, la cancelación de la propiedad privada, la eliminación de las concesiones mineras y otras, con un enorme impacto en el erario fiscal. Un ministro de Estado las llamó “ideas naftalinas», lo que me llevó varios años atrás a los armarios que tenía mi abuelita, donde utilizaba ese producto para eliminar las polillas. 

En definitiva la extrema izquierda en la Convención solo da argumentos de ideas anacrónicas que atentan contra la libertad de emprender y de expresión, entre otras, frente a los atónitos  ciudadanos que se preguntan cómo saldremos de esta.

El ministro de Hacienda designado es un profesional serio y muy bien preparado, y en una entrevista por televisión reciente dijo que su primera tarea será estabilizar el país. Lo dijo con mucha cautela frente a un número importante de miembros del gobierno que en forma equivocada desprecian el trabajo que tiene que hacer, y que repiten casi religiosamente que debe cumplir el programa de Apruebo Dignidad.

Como habíamos advertido, mi pronóstico para crecimiento del PIB este año alcanza una cifra entre 1,5% y 2%, con una marcada desaceleración respecto al PIB del año 2021. La razón fundamental es que el crecimiento de la inversión será negativo; mis cálculos indican que caerá en más de 2%, con el obvio impacto sobre el crecimiento del empleo de calidad, y la calidad de vida de  los chilenos.

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