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Publicado el 01 de junio, 2020

Alejandro Alarcón: Efectos de la pandemia en la pobreza

Economista Alejandro Alarcón

Junto con políticas públicas que protejan el empleo, aseguren ingresos básicos para su existencia, es hora de empezar a invertir recursos en la reactivación de la economía, para no convertir la pobreza en una enfermedad crónica del país.

Alejandro Alarcón Economista
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Las cifras de desempleo que fueron reportadas la última semana por la Universidad de Chile y por el INE mostraron un significativo aumento desde el anterior registro. Corresponden a mediciones distintas -la Universidad de Chile refleja los datos del 29 de marzo al 4 de abril de este año- y a metodologías distintas para recolectar la información -el INE muestra un promedio móvil de febrero-marzo-abril. La Universidad de Chile reportó un desempleo de 15,6% en el periodo indicado y el INE un 9%.

Ambas solo recogen parcialmente el efecto de la pandemia en la medición laboral. Sobre todo la del INE corresponde a un promedio que suaviza el impacto en el desempleo al considerar 3 meses, incluido febrero, que aún tenía mediciones de actividad positivas. La cuarentena aparece en el gran Santiago desde mediados de marzo y con mucha intensidad en mayo, donde el cierre ha sido prácticamente total en la Región Metropolitana.

El cierre y cuarentena han sido utilizados en muchos países desde que comenzó la epidemia y con distinta longitud, con el objetivo de aislar el contagio y, a través de ello, detener su propagación. Si bien ha funcionado parcialmente en Europa, aparentemente en China este mecanismo tiene serios efectos económicos, sobre todo si no es administrado con la mayor precisión y puede conducir a caídas de la actividad económica de mayor magnitud, como las que estamos observando a nivel mundial y veremos en Chile cuando la primera semana de junio aparezca el IMACEC correspondiente a abril (cerca de 10% de caída).

Así también, como el impacto de la cuarentena es mucho más fuerte en términos económicos en países pobres, al interior de los países impacta mucho más fuerte a los sectores de más bajos ingresos, que solo tienen su trabajo como sustento. También en Chile apareció una secuela dramática de la convulsión social que comenzó el 18 de octubre pasado y que estaba en curso nuevamente cuando fueron reportados los primeros casos de la enfermedad.

El mercado laboral sufrió un daño potente en términos de empleos formales perdidos a causa de la violencia y un incremento sustancial del empleo informal, a cerca del 30% de la fuerza de trabajo. Este último tipo de empleo, sin leyes sociales, muy volátil y con compensaciones promedio mucho más bajas que las que se obtienen en mercados formales de trabajo, es característico de países pobres, donde la informalidad se empina sobre el 50%. En el caso de los cierres por cuarentena, expone a aquellos que han perdido su trabajo ni siquiera a contar con un trabajo callejero y, por tanto, a no tener lo mínimo para alimentarse y proveer a su familia.

La observación de estos datos y su impacto en la pobreza, que exhiben los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, me han llevado a concluir que si bien es posible sostener en el tiempo procesos de aislamiento para detener la pandemia con protocolos potentes para evitar los contactos directos, el llamado distanciamiento social, que se podría extender por meses y tal vez años, el cierre total sobre las economías, solo puede ser temporal. De lo contrario habrán severos efectos sobre la economía, las personas y el tejido social. Esto es especialmente notorio en el impacto en los sectores más pobres, que producto de la cuarentena pueden llegar a ser más pobres aún.

Cálculos recientes muestran que, en el mundo, la combinación de la pandemia con los cierres totales de las economías pueden llevar al umbral de la pobreza absoluta a unos 500 millones de personas. Pobreza absoluta significa que aquéllos disponen de menos de 2 dólares al día para su subsistencia, lo que podría extender el sufrimiento de estas personas por años.

Por esta razón, los planes de apoyo gubernamental a las fuentes de trabajo y las transferencias a aquellos que no disponen de empleos formales son tan importantes. He calculado la trayectoria del desempleo para los próximos meses y creo que al final del invierno podríamos tener una tasa de desempleo de 15% +/- 2; es decir, el desempleo podría llegar al 17%. Junto con políticas públicas que protejan el empleo, aseguren ingresos básicos para su existencia, es hora de empezar a invertir recursos en la reactivación de la economía, para no convertir la pobreza en una enfermedad crónica del país.

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