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Publicado el 17 de junio, 2019

Alejandro Alarcón: ¿Cómo debe enfrentar Chile las tensiones comerciales entre EE.UU. y China?

Economista Alejandro Alarcón

Lo primero que hay que decir es que todo lo que podamos hacer depende exclusivamente de las decisiones que se tomen en nuestro país y ni siquiera el Gobierno por sí solo puede construir un escenario de contingencia potente para enfrentar el tsunami que se nos acerca.

Alejandro Alarcón Economista
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Han transcurrido 15 meses del conflicto comercial -y ahora tecnológico- entre Estados Unidos y China, el que inició el Presidente Donald Trump en marzo de 2018 al imponer aranceles a unos 50.000 millones de importaciones chinas. Durante ese año, extendió la aplicación de aranceles a un monto significativo de esas importaciones y, si el conflicto continúa, pronto todas las importaciones chinas tendrán un gravamen que variará entre un 10% y 25%. Además, las restricciones sobre Huawei y otras empresas chinas del rubro tecnológico hacen plausible predecir que el conflicto está entrando en una zona peligrosa, porque es claro que se extenderá al resto del mundo, incluyendo Europa, Asia y Latinoamérica. Es decir, esa confrontación podría terminar en una nueva recesión mundial (pueden revisar los detalles de ello en mi columna anterior).

Dado que la sucesión de eventos y anuncios frustrados en los últimos días hacen predecible una probabilidad de escalamiento del conflicto, debemos preguntarnos cómo debemos prepararnos en Chile para aquello. Lo primero que hay que decir es que todo lo que podamos hacer depende exclusivamente de las decisiones que se tomen en nuestro país y ni siquiera el Gobierno por sí solo puede construir un escenario de contingencia potente para enfrentar el tsunami que se nos acerca.

Correctamente el Ejecutivo, a través de la política fiscal, ha enviado una señal potente de expansión del programa de obras públicas: concesiones e infraestructura.

Durante 2018 calculé que el impacto de la guerra le costó un 0,5% al PIB de Chile (esto es, que el PIB habría sido 4,5% sin los efectos del conflicto). El cálculo para 2019 todavía no lo tengo, pero es fácil advertir que el impacto en nuestro ciclo económico podría ser bastante más grande que ese. Los ajustes en la trayectoria de crecimiento de nuestro PIB ya lo están mostrando. La última encuesta de expectativas económicas del Banco Central mostró una proyección de un 2,9% para este año, pero se queda corta si el conflicto escala y también extiende el ajuste para las trayectorias de crecimiento de los próximos años. La reunión de los G-20 en Japón desde el 28 de junio creo ayudará bastante para ponderar los efectos del conflicto sobre Chile, por lo que a esta altura, es la única fecha en que es posible que se reúnan los líderes de ambos países: Xi y Trump para buscar un acuerdo.

En el plano de las políticas públicas en Chile, son tres las áreas en que se puede actuar, rápidamente. En primer lugar, correctamente el Ejecutivo, a través de la política fiscal, ha enviado una señal potente de expansión del programa de obras públicas: concesiones e infraestructura. Programa que podría ser ampliado, pero que está restringido a la disciplina fiscal y al ajuste que la autoridad se ha comprometido para no afectar nuestro grado de inversión, principal señal para los inversionistas extranjeros, que en una situación de desaceleración de la economía global eligen cuidadosamente dónde llevarán sus recursos. Por otra parte, el Banco Central debe insistir en cerrar la brecha entre el producto efectivo y el producto tendencial, el cual se está ampliando peligrosamente por la desaceleración que muestra la economía.

Mi experiencia en diferentes crisis financieras internacionales me indica que los primeros en recibir el impacto de la inestabilidad son las pequeñas y medianas empresas, las que sufren el mayor riesgo internacional, traspasado  a través de nuestra frontera. En la última crisis financiera internacional, que empezó a profundizarse en septiembre de 2008, la CORFO tuvo un rol crucial con una serie de programas que extendieron la liquidez y garantías financieras a ese importante grupo de empresas.

Finalmente, quiero destacar el negativo efecto que está produciendo la crispación política, promovida de forma especial por grupos extremos de nuestra sociedad y que buscan el fracaso del gobierno sin importarles si esto ocasionará pérdidas de empleo y empresas en el caso de que ésta se agrave. Deberá entonces, la oposición democrática, ponderar adecuadamente los efectos nocivos de una nula cooperación por lo que el impacto de la desaceleración del ciclo mundial puede extenderse varios años en el futuro.

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