Escribo mientras en las redes sociales aparecen escenas de una turba amenazando la casa del candidato ganador de la elección presidencial del domingo antepasado. Aquellos en tono amenazante gritan contra los moradores, entre los vociferantes se encuentran, damas, caballeros y niños, quienes expresan a voz en cuello “asesinos, asesinos, asesinos…etc”.

Hemos dicho, desde este espacio, que la violencia y la delincuencia aparecían en los sondeos de opinión, previos al acto electoral del domingo, como uno de los motivos principales para votar por José Antonio Kast, y que esto iba a incidir en el resultado de la votación, incluso sobre temas económicos, como una inflación afectando duramente a los asalariados y la búsqueda de empleos de calidad. Los ciudadanos claramente expresaron que buscan moderación, que quieren cambios, pero que aquellos deben transcurrir en un ambiente de paz y diálogo.

Los resultados de la elección presidencial y parlamentaria, sobre todo, indican que ambas cámaras muestran una respuesta de equilibrio, con la actual oposición que tendría una mayoría relativa en la cámara de Diputados y un empate en el Senado, lo que implica que en el caso de triunfar  Gabriel Boric, este tendrá que dialogar y negociar con el Parlamento cambios que requieran la construcción de leyes que permitan desarrollar los programas de reformas que el candidato Boric ha venido anunciando.

Esto significa también que el cambio de modelo que promueve la extrema izquierda tendrá una discusión más acotada y deberá contar con el apoyo del Parlamento.

Los efectos en la economía se sintieron de inmediato. en lo que he llamado los principales precios de la macroeconomía, particularmente el tipo de cambio y las tasas de interés, además de una exuberante recuperación del mercado bursátil, que junto a los fondos de renta fija repuntaron significativamente desde el rechazo del cuarto retiro en el Senado de la República. Es decir, mejoró el valor del ahorro de millones de personas, que mantienen cuentas de capitalización individual.

Solo bastó que la gente, empresas y agentes externos comprendieran que la extrema izquierda había tenido una resonante derrota, para que los signos vitales de la economía mostraran recuperación, para que la ciudadanía toda comprendiera que la esperanza de bienestar y prosperidad volviera, y que la confianza en una recuperación se volviera a instalar en nuestro país.

Al día siguiente de la votación encontramos a un candidato Boric más moderado en sus apreciaciones, destacando la paz como fundamental para seguir avanzando. Pero fue la gente quien lo consiguió, fue la votación lo que obligó a estas posiciones más extremas a moderar su expresión. El discurso de Boric de aquella noche de domingo, cambió de compañeras y compañeros a chilenas y chilenos, porque comprendió que en la elección final del 19 de diciembre, puede perder.

La mayoría de los ciudadanos quiere seguir progresando, quiere oportunidades de mejores empleos, quiere inflación y tasas de interés bajas, quiere estabilidad y libertad de realizar emprendimientos propios, pero por sobre todo no quieren sentir miedo a la violencia y la delincuencia. Quien les garantice aquello ganará la elección.

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