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Publicado el 26 de agosto, 2019

Alejandro Alarcón: Argentina

Economista Alejandro Alarcón

Si Alberto Fernández quiere estabilizar la economía y lograr que Argentina obtenga algún progreso, en el futuro tendrá que minimizar -y prescindir, si es necesario- de los servicios de Cristina. Si no lo hace, ese país no solo entrará en cesación de pagos, sino que también empeorará su situación económica, profundizará la recesión y provocará niveles de pobreza nunca antes conocidos ahí.

Alejandro Alarcón Economista
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Desde hace casi 30 años visito Argentina regularmente. En la década de los 90 acompañé a una gran cantidad de empresas chilenas que se instalaban en ese país y, sobre todo, conocí el sistema financiero argentino, que durante el gobierno de Carlos Menem tuvo un gran desarrollo e impulso importante para vincularse con empresas financieras chilenas. Esto ocurrió sobre todo durante la primera administración de Menem.

Como sabemos, el esfuerzo renovador de esa presidencia perdió fuerza durante su segundo mandato; hacia fines de esa década, vino la crisis desatada en Argentina. Fue el fin de la convertibilidad que abrazaba esa administración como un mecanismo para estabilizar uno de los mayores males de Argentina en los últimos 30 años: la inflación. Así, después de una serie de escaramuzas que terminaron con un presidente huyendo de la Casa Rosada en helicóptero, llegaron al poder los Kirchner. Primero Néstor y luego su mujer, Cristina Fernández, responsables de una de las mayores crisis que enfrentó la Argentina antes que llegara Macri. La fórmula fue muy fácil: un populismo desatado que, como sabemos, seduce a las mayorías, pero que finalmente terminó con una cesación de pagos por parte de ese país a los inversionistas internacionales (a quien graciosamente Cristina llamaba “buitres”). El país entró en recesión y no había acreedores disponibles para impulsar el crecimiento y mitigar la pobreza que se desató.

Hace cuatro años el pueblo argentino le dio la oportunidad, por primera vez probablemente desde el inicio de la República, a un político no peronista que despertó gran entusiasmo y esperanzas de que Argentina se encaminaría a una senda de orden y progreso. Lamentablemente, el desastre desatado por Cristina era tan grande que, junto a los errores que cometió él mismo, el Presidente Macri no pudo ajustar la economía y ponerla a crecer de nuevo. No solo eso: la devaluación y la consecuente inflación terminaron por aplastarlo. El domingo 11 de agosto en las llamadas elecciones primarias, Macri recibió una dura respuesta de los votantes, dejando ad portas de la presidencia a Alberto Fernández, de la coalición kirchnerista, y con Cristina Fernández como candidata a la vicepresidencia.

Hace algún tiempo, leí el libro “Argentina”, de María Seoane. Gran cronista e intelectual de ese país, hace un repaso de más de 100 años de la historia argentina y de su vida política. Sin embargo, me impresionaron dos cosas: la cantidad de kilos de carne que comía cada argentino por semana hace unos 100 años y la ascendencia italiana, que en el gran Buenos Aires llegaba casi al 95% de los habitantes. Nunca olvidé eso. Su estilo europeo, su elegancia y el pasado esplendoroso no hacían pensar la tragedia que ocurriría hoy.

He leído y conversado con muchos analistas argentinos desde el 11 de agosto. La mayoría aún sorprendidos por el resultado, y les puedo ofrecer las siguientes conclusiones:

Las probabilidades que Alberto Fernández gane la contienda en primera vuelta son muy altas.

De acuerdo a cómo han reaccionado los mercados financieros, Argentina enfrenta cada día con mayor probabilidad la aparición de una nueva cesación de pagos. Las palabras moderadas, emitidas mientras escribo por Alberto Fernández, dan una luz de esperanza para que, a través de una correcta negociación con el FMI, Argentina encuentre los recursos mínimos para estabilizar su estresada economía. Sin embargo, ello requerirá no solo una fina negociación con el acreedor de última instancia (FMI), sino que también el concurso de los perdedores, el macrismo, y el apoyo técnico, que a mí se me ocurre podría venir de Roberto Lavagna, quien no solo es amigo de Alberto Fernández, sino que también son afines políticamente.

La gran amenaza sin duda es Cristina, quien representa la mitad del apoyo popular que sostiene a Alberto Fernández. Con ella, no habrá confianza en Argentina por parte de los inversionistas, ni tampoco por el FMI. Por lo tanto, si Alberto Fernández quiere estabilizar la economía y lograr que Argentina obtenga algún progreso, en el futuro tendrá que minimizar -y prescindir, si es necesario- de los servicios de Cristina. Si no lo hace, ese país no solo entrará en cesación de pagos, sino que también empeorará su situación económica, profundizará la recesión y provocará niveles de pobreza nunca antes conocidos ahí.

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