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Publicado el 01 de febrero, 2019

Alberto Rojas: Afganistán: ¿se acerca el fin de la guerra?

Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política Alberto Rojas

La principal piedra de tope es que los talibanes se niegan a dialogar con el gobierno del presidente Ashraf Ghani, ya que lo consideran un títere de Estados Unidos, lo que explica que las negociaciones solo se hayan realizado con los representantes de Washington.

Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política
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En medio de la grave crisis política en que se encuentra Venezuela y la creciente incertidumbre por el desenlace del Brexit, una importante noticia pasó casi inadvertida: las negociaciones entre representantes de Estados Unidos y la milicia afgana de los talibanes, en Doha (Qatar). Las primeras que se conocen —al menos, oficialmente— y que representan el primer gran paso en busca de poner fin a la guerra más larga que ha librado EE.UU.

Es importante recordar que tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente George W. Bush ordenó invadir Afganistán, con el objetivo de capturar a Osama bin Laden y al resto de la cúpula del grupo terrorista Al Qaeda, a quienes Washington responsabilizó del mega atentado. Los talibanes llevaban gobernando este país desde 1996 y habían permitido que Al Qaeda operara en territorio afgano con total libertad. Por ejemplo, estableciendo campos de entrenamiento para sus militantes y laboratorios para el desarrollo de gases venenosos. Sin embargo, la invasión estadounidense —que se concretó en octubre de 2001— acabó con el régimen de los talibanes e instauró un nuevo gobierno, encabezado por Hamid Karzai, un respetado líder de la etnia pastún.

Desde entonces hasta hoy, todos los gobiernos afganos han sido abiertamente prooccidentales, permitiendo la masiva presencia de tropas estadounidenses y diferentes contingentes de la OTAN en el país. Pero eso no ha sido suficiente para construir una sociedad verdaderamente democrática ni para neutralizar la constante amenaza de los talibanes, que supieron rearticularse tras su derrota inicial. De hecho, según el más reciente informe del Inspector General Especial de EE.UU. para la Reconstrucción de Afganistán, el gobierno del actual presidente Ashraf Ghani, controla de manera efectiva solo el 55% del territorio nacional. Y sin la presencia y el apoyo de las tropas estadounidenses —que hoy suman 14.000 efectivos—, su autoridad sería aún menor.

Este acercamiento ha sido la mejor opción que Washington ha tenido durante todos estos años para cerrar, finalmente, esta difícil etapa de su historia

En este contexto, estas negociaciones terminaron con un principio de acuerdo de paz, aunque aún quedan varios aspectos pendientes. Pero, ¿cuáles son los puntos del acuerdo alcanzados? Básicamente, que EE.UU. acepta retirar sus tropas de Afganistán a cambio de que los talibanes se comprometan a que el país no vuelva a ser un “santuario” para grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico. El punto es que, hasta el momento, no hay manera de garantizar que los talibanes vayan a cumplir su palabra, considerando su afinidad con el grupo terrorista fundado por Osama bin Laden. Y aunque los talibanes han rechazado abiertamente al Estado Islámico y no estarían dispuestos a asociarse con ellos, este grupo yihadista ya ha logrado establecer algunos enclaves en Afganistán, lo que demuestra que tampoco es seguro que los talibanes tengan los medios necesarios para respaldar sus compromisos.

Sin embargo, la principal piedra de tope es que los talibanes se niegan a dialogar con el gobierno del presidente Ashraf Ghani, ya que lo consideran un títere de Estados Unidos, lo que explica que las negociaciones solo se hayan realizado con los representantes de Washington.

Estados Unidos lleva casi 18 años en Afganistán. Y si bien esta guerra quedó opacada tras la invasión estadounidense a Irak (2003), en términos reales se ha transformado en el conflicto de mayor duración que han librado sus tropas. Por eso, las esperanzas están puestas en estas negociaciones que dividen a especialistas y militares. Es que no son pocos los que critican que el gobierno de Donald Trump —que ya ordenó el retiro de sus fuerzas en Siria— haya aceptado sentarse a la mesa de negociaciones con un grupo armado como los talibanes, al tiempo que otros consideran que acabar firmando un acuerdo de paz con esta milicia afgana demostraría que todos estos años de combate “fueron para nada”.

El punto es que este acercamiento ha sido la mejor opción que Washington ha tenido durante todos estos años para cerrar, finalmente, esta difícil etapa de su historia. Y Donald Trump no parece dispuesto a dejarlo pasar.

 

@arojas_inter

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