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Publicado el 12 de octubre, 2019

Alberto Rojas: EE.UU. y el abandono de los kurdos en Siria

Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política Alberto Rojas

La actual ofensiva turca compromete el futuro de las milicias kurdas en medio de la guerra civil siria y abre un escenario propicio para el regreso del Estado Islámico. Pero también instala una oscura sombra sobre la imagen de EE.UU. y su relación actual (y futura) con sus aliados.

Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales, U. Finis Terrae, Master en Ciencia Política
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“No nos ayudaron en la Segunda Guerra Mundial. No nos ayudaron en Normandía”. Esta fue la respuesta del Presidente Donald Trump frente a las críticas por ordenar el retiro de los últimos efectivos estadounidenses en Siria, lo que permitió a Turquía iniciar una demoledora ofensiva militar en contra de las Unidades de Protección Popular (YPG), milicias kurdas que a su vez son el principal pilar de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), opositoras al gobierno de Bashar al Assad. En todo caso, vale la pena recordar que los kurdos han sido durante siglos una nación sin Estado, actualmente repartida entre cuatro países: Irán, Irak, Siria y Turquía. Y que en 1944, cuando se produjo aquel histórico desembarco en las costas francesas, ciertamente no tenían ninguna posibilidad de haber apoyado a los Aliados.

La decisión de Trump –y sobre todo sus consecuencias- no han dejado indiferente a la comunidad internacional ni al propio Partido Republicano. Y en varias críticas, incluso se habló de traición. Es que en el contexto de la guerra civil siria, las milicias kurdas jugaron un papel clave en la lucha contra el Estado Islámico (EI), muchas veces en combates cuerpo a cuerpo. Un trabajo que permitió que EE.UU. y otras potencias occidentales no tuvieran que desplegar sus tropas en terreno para combatir a este grupo yihadista. Se calcula que los kurdos perdieron cerca de 11.000 efectivos en su lucha contra el EI y que, además, se hicieron cargo de miles de prisioneros cuyo destino hoy es incierto. En efecto, el Estado Islámico perdió su autoproclamado califato (enclavado entre 2014 y 2018 en el norte de Irak y Siria), pero aún está lejos de haber sido completamente desmantelado, ya que cerca de 18.000 de sus combatientes habrían pasado a la clandestinidad en Siria, Irak y otros países de la región.

De esta forma, la actual ofensiva turca compromete el futuro de las milicias kurdas en medio de la guerra civil siria y abre un escenario propicio para el regreso del Estado Islámico. Pero también instala una oscura sombra sobre la imagen de EE.UU. y su relación actual (y futura) con sus aliados. Ciertamente los kurdos, para Washington, parecen haber sido solo una etnia en busca de la construcción de un país, que resultó funcional a las necesidades de Washington. Aunque ellos, en realidad, han estado presentes en varias de las incursiones estadounidenses en Medio Oriente.

Por ejemplo, durante la Primera Guerra del Golfo (1990-1991), tras poner fin a la invasión iraquí de Kuwait, Saddam Hussein pareció débil e incapaz de mantenerse en el poder. Y tanto los chiitas como los kurdos –grupos reprimidos durante décadas por su régimen- iniciaron levantamientos en su contra. EE.UU. y la comunidad internacional de esos años vieron con interés estos acontecimientos, ya que el mandato de la ONU había sido muy acotado, autorizando el uso de la fuerza militar solo para liberar Kuwait, pero no para intentar el derrocamiento de Hussein. Sin embargo, la Guardia Republicana iraquí acabó aplastando los levantamientos. Kurdos y chiitas iniciaron, entonces, un doloroso éxodo hacia los países vecinos, intentando escapar de una muerte segura. Y como una manera de aplacar en algo la crisis humanitaria en desarrollo, los gobiernos occidentales apoyaron la creación de “cielos seguros”, es decir, zonas donde no pudieran incursionar aviones de combate o helicópteros artillados iraquíes.

Luego, durante la invasión estadounidense a Irak (2003) –también conocida como la Segunda Guerra del Golfo-, los kurdos ayudaron en la estabilización y reconstrucción del país, ganando una importante cuota de autonomía en las provincias del norte de Irak, donde además se hicieron del control de campos petroleros.

Esto, sumado al desempeño de las milicias kurdas en Siria, probablemente avivó la esperanza de que la comunidad internacional –en algún momento- se abriera a la idea del nacimiento de un pequeño Kurdistán. Pero ese tema, al parecer, nunca estuvo sobre la mesa. Y todo indica que la posición de los kurdos en Siria quedará gravemente debilitada.

Al final, pesó más el fantasma de que Turquía –miembro de la OTAN y de indesmentible importancia geoestratégica- iniciara un acercamiento con Rusia, que a inicios de este año ya le vendió unidades de misiles S400.

En ese sentido, Trump se equivocó. Porque haberle dado la espalda a los kurdos sembró la desconfianza de potenciales aliados en el contexto de futuros conflictos. Y una superpotencia como Estados Unidos, en un mundo complejo e impredecible como el actual, no está en condiciones de darse ese lujo.

@arojas_inter

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