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Publicado el 12 de marzo, 2019

Alberto Mayol: Superintendencia de Pensiones: El lado del mesón

Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago Alberto Mayol

La Superintendencia de Pensiones debiera contemplar que, al trabajar las AFP con nuestras pensiones y con comisiones obligatorias recaudadas mediante leyes de la República, todo el ejercicio de ellas debe ser considerado público para efectos del conocimiento ciudadano y su escrutinio.

Alberto Mayol Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago
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A fines de 2018 la Superintendencia de Pensiones sufrió un duro revés cuando la Corte de Apelaciones, en un fallo, sentenció que las AFP debían transparentar cualquiera de sus movimientos ante el requerimiento de un ciudadano. ¿Por qué la Superintendencia sufrió un revés, si las que salieron perjudicadas en el fallo son las AFP? Porque irónicamente la causa fue abierta por la Superintendencia, que, en lugar de fiscalizar a las administradoras de pensiones en este acto, participó en calidad de organismo defensor para evitar que los requerimientos de transparencia fuesen posibles. ¿El mundo al revés? No. El mundo como suele ser.

La Superintendencia no está haciendo su trabajo o, mejor dicho, se dedica a ritos de exigencia a las AFP en todos los ámbitos donde sabe que no encontrará nada. Se obsesiona por saber el destino día tras día de cada peso, aun cuando, en realidad, de haber irregularidades en las AFP, es improbable que se encuentren en ese aspecto. Sería como pensar que una mafia que controla un torneo de fútbol pretenda ahorrarse problemas y eliminar los partidos, limitándose a publicar en prensa los resultados de los partidos inexistentes, para mayor gloria de sus apuestas. Por supuesto, este tipo de irregularidades groseras no debieran ser el foco.

¿Por qué la rentabilidad de las AFP no se calcula a partir de todo lo que los cotizantes aportan, sino solo a partir de lo que va al fondo?

Desde hace un tiempo venimos trabajando en varias aristas de esta problemática. Un equipo de ex y actuales funcionarios y ejecutivos de las AFP se ha organizado secretamente (no se atreven a más, porque conocen la influencia de las administradoras) y han estado entregando información valiosa para comenzar procesos de indagación o reflexión. Por ejemplo, ¿por qué la rentabilidad de las AFP no se calcula a partir de todo lo que los cotizantes aportan, sino solo a partir de lo que va al fondo? Esto usualmente cuesta entenderlo. Lo explicamos en un video de hace poco más de un año. Imaginemos que en una reunión de directorio de una gran compañía, el gerente general informa que la rentabilidad del año 2018 fue 15% y uno de los miembros del directorio le dice, mirando la presentación, que no ve dónde están los gastos. El gerente responde: “Este cálculo de la rentabilidad no incluye los gastos, se basa en el crecimiento de nuestro fondo de inversiones”. El miembro del directorio estallaría en ira o generaría una risa socarrona, porque evidentemente la rentabilidad se calcula considerando los gastos e inversiones. Busco en cualquier página que recomienda cómo calcular la rentabilidad de una inversión y se dice: “lo correcto al momento de evaluar la rentabilidad de una empresa es evaluar la relación que existe entre sus utilidades o beneficios, y la inversión o los recursos que ha utilizado para obtenerlos”. Pero claro, las AFP no explican que, en su creativo mecanismo de cálculo, el dinero que todos los meses forzosamente nos cobran por administrar el dinero que tenemos ahorrado, no es considerado para nada en la ecuación. La AFP no nos dice, en ninguna parte, que se puede calcular aquello, es decir, que podemos saber cuánto dinero hemos pagado en total a la AFP (monto que va a nuestra cuenta + comisiones) y el monto que tenemos hoy (monto que hemos pagado + utilidades obtenidas por las inversiones) y que, de ese modo, podríamos saber cuánto realmente hemos ganado con la AFP o cuánto podríamos haber ganado si hubiésemos puesto nuestro dinero (lo que enviamos al fondo de pensiones + el pago de comisiones) en un banco desde el momento que comenzamos la aventura de cotizar. Pero claro, la Superintendencia no se preocupa de ello.

Hay importantes gastos que sencillamente se realizan con el dinero de los cotizantes sin control alguno.

¿Cuánto del dinero que pagamos en comisiones va a mejorar nuestra inversión? Es decir, ¿cuánto dinero de aquel va a contratar informes de economistas y tener un estudio detallado de las posibles inversiones? ¿Qué porcentaje se gasta en otras cosas? Mostramos hace dos años, en el famoso caso del ejecutivo Vildósola en Cancún, cómo hay importantes gastos que sencillamente se realizan con el dinero de los cotizantes sin control alguno. La Superintendencia pidió todos esos gastos luego de nuestra denuncia. ¿Pasó algo más? ¿Hubo sanciones? ¿O solo quería saber cómo se estaba abusando?

Un punto sirva de ejemplo. Uno de los mayores gastos de las AFP es su fuerza de venta. ¿Con qué dinero se paga esa fuerza de venta? Obviamente con el dinero que se cobra por administrar a los cotizantes. ¿De qué le sirve al cotizante ese gasto? De nada. Porque ese dinero sirve para hacer más competitiva a la propia AFP respecto a sus competidoras. La Superintendencia podría preocuparse que un porcentaje elevado pudiera dedicarse a mejorar las pensiones, es lo más sensato. Pero no. Prefirió cuestionar el derecho a la transparencia que un cotizante hizo, defendiendo en el camino a las AFP.

¿Por qué no tiene derecho la Contraloría a fiscalizar las AFP? Sería una excelente posibilidad de mejorar el desempeño de sus decisiones.

¿Ha pensado usted que tiene un ahorro forzoso y que además debe pagar una comisión de alrededor del 1% de su salario obligatoriamente a un privado? Sí, ese 1% es un impuesto que va obligatoriamente a un privado, como en el feudalismo. Es un impuesto porque está definido y garantizado por ley y está orientado a un gasto necesario para administrar una política social. Pero nos señalan que no debe ser tratado como un organismo público. ¿Por qué no tiene derecho la Contraloría a fiscalizar las AFP? Sería una excelente posibilidad de mejorar el desempeño de sus decisiones. ¿Nadie tiene que saber cuánto ganan los ejecutivos que viven de nuestras pensiones? ¿Nadie tiene que poder analizar cada movimiento realizado?

Es importante entender que miramos las AFP con ingenuidad. Cada AFP en Chile maneja, en promedio, una cantidad de dinero equivalente a un tercio o más del presupuesto entero del país. Es un poder enorme. Un ejecutivo podría, con su propio dinero, comprar acciones en una compañía X a sabiendas que es probable que la AFP donde él trabaja va a comprar acciones en la misma compañía dentro de los siguientes meses. Eso se llama información privilegiada y es un delito. Pero para saber si ocurre es necesario saber dónde están las inversiones de los ejecutivos de las AFP. ¿Sabe esto la Superintendencia? No. No lo revisa. ¿Sabe si se han organizado ejecutivos para armar fondos de inversión y salir a especular al mundo con sociedades en el extranjero? No lo sabemos. La Superintendencia no lo fiscaliza. Por ley en Chile un inversionista que trabaja con dinero ajeno debe invertir el propio en los mismos instrumentos en los que ha decidido invertir en su trabajo, pues debe resguardar el interés ajeno con igual celo que el propio. Pero no sabemos si es así porque la Superintendencia no busca información para saber si eso está ocurriendo o no.

Es importante que la Superintendencia de Pensiones sea un organismo fiscalizador de gran experticia técnica y donde se reúnan grandes volúmenes de información.

Hace unos meses mostramos en una columna que el mismo ejecutivo de AFP Capital que denunciamos hace más de un año por el viaje a Cancún (el señor Vildósola) aparecía con frecuentes viajes de alrededor de 24 horas de duración a paraísos fiscales. ¿No es algo que deba indagar la Superintendencia? ¿Y no deberíamos tener un informe patrimonial de los ejecutivos? Se piden informes de patrimonio hasta a los profesores de universidades públicas, ¿pero a los ejecutivos de las AFP no? Si mañana nos enteramos que hay ejecutivos que tienen US$15 millones o más, ¿no habremos sido negligentes al no poner atención a lo que estaban haciendo esos ejecutivos con sus propias inversiones?

Es importante que la Superintendencia de Pensiones sea un organismo fiscalizador de gran experticia técnica y donde se reúnan grandes volúmenes de información. Las AFP tienen una Asociación para defenderse (Asociación que debiéramos saber si se financia con las utilidades de las AFP o con los gastos administrativos) y no necesita que hayan más organismos, menos pagados con plata de todos, orientados a defenderlas.

La Superintendencia de Pensiones debe saber quién paga su operación y de qué lado del mesón está. El fallo en contra que recibió el año pasado debiera hacerla tomar debida nota de ello y, además, de la necesidad de mejorar la información que maneja. Y debiera contemplar que, al trabajar las AFP con nuestras pensiones y con comisiones obligatorias recaudadas mediante leyes de la República, todo el ejercicio de las AFP debe ser considerado público para efectos del conocimiento ciudadano y su escrutinio.

FOTO: HANS SCOTT/ AGENCIAUNO

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