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Publicado el 26 de octubre, 2018

Alberto Mayol: ¿Divina ignorancia?

Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago Alberto Mayol

La izquierda ha decidido ser irracionalista, considerar verdad revelada el espontaneísmo, pararse sobre las firmes piernas de la identidad; y con ello no han hecho otra cosa que configurar un escenario de legitimidad de la multiplicidad de visiones.

Alberto Mayol Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago
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Han pasado años desde que Alain Sokal denunció al mundo las imposturas intelectuales del posmodernismo y de la izquierda asociada a él. El bueno de Sokal construyó un Caballo de Troya y mandó a ser evaluado un artículo absurdo, pero digerible para el alma posmoderna. Le parecía imposible que lograse pasar el corte, pero no solo lo pasó, quedó seleccionado para la edición principal del año. Sokal, luego de ser publicado, denunció que su propio artículo era un fraude y que con él debía caer toda la ciencia desarrollada por los Derrida, Lacan y Baudrillard, entre otros casi siempre franceses.

 

En su segunda obra sobre la temática (“Más allá de las imposturas intelectuales”) se extiende en ejemplos y denuncia la claudicación de parte de la izquierda a las visiones antiilustradas y antiirracionalistas del movimiento postmoderno. Este punto es central. Una herramienta fundamental de las revoluciones de izquierda ha sido el trabajo intelectual. Lo fue la República de las Letras en la Francia prerrevolucionaria, lo fue el movimiento fariseo y la filosofía griega para la irrupción de Cristo. La izquierda, lo que entendemos por ello, que es la lucha por la igualdad principalmente, asume que la defensa de ese valor no estimula adecuadamente las dimensiones afectivas del alma humana. La defensa del interés propio, en cambio, diferenciador por excelencia, es dinamizador e invita al alma a un movimiento perpetuo incluso hasta el agobio, que se torna tolerable solo por la inercia. La defensa del interés propio no es racional, nunca es muy cierto que nos merecemos mucho más que el resto, solo lo deseamos. La igualdad es un ejercicio de prudencia y racionalidad. Solo en espacios de gran desarrollo de la facultad intelectiva es posible la izquierda. Pero de pronto la izquierda renunció a la razón y con ello renunció a sí misma.

 

La izquierda ha hecho el camino de Hollywood. El cine policial comenzó culpando de los crímenes narrados a los mayordomos y otros personajes de clases bajas, esto es, comenzó culpando a los pobres de los males producidos. Sin embargo, en los últimos años, los criminales son personas extraordinariamente cultas, sensibles, detallistas, artistas, pletóricos de lenguaje y talento. La intelectualidad es una perversión. El mismo flujo ha recorrido la izquierda, con exactitud: primero los pobres no tenían conciencia de clase y eran los culpables; luego el problema es que los pobres no tienen conciencia de clase porque los intelectuales hablan en difícil y hay que acercar los argumentos. Para ello han decidido primero cambiar la forma, después el fondo y después cambiar su propia alma, pues el pueblo tendría en su seno una sabiduría esencial que el intelecto no capta y que es su esencia. Es esta visión una variante del pensamiento nacionalista, solo que se reduce a grupos más pequeños, pero se trata de todos modos del substancialismo, importante base del nacionalismo.

 

La izquierda ha decidido ser irracionalista, considerar verdad revelada el espontaneísmo, pararse sobre las firmes piernas de la identidad; y con ello no han hecho otra cosa que configurar un escenario de legitimidad de la multiplicidad de visiones. Y en esa multiplicidad, felices los miembros de la derecha pueden solazarse, pues su propio discurso se ha tornado legítimo y hasta académicamente aceptable. La regresión irracionalista de la izquierda será probablemente el principal desafío del futuro. Y no se ve la aparición de una respuesta racionalista. Más bien, la derecha se da cuenta que la irracionalidad es un éxito total y migran de la tecnificación a la mera manipulación.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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