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Publicado el 21 de noviembre, 2018

Alberto Mayol: Clasificar a la derecha chilena

Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago Alberto Mayol

Como a veces dar la señal es una necesidad apremiante -mientras la verdad procesal requiere a veces de una dilación imprescindible-, los conservadores optan por el presente y sus requerimientos. El orden debe vencer a la verdad.

Alberto Mayol Sociólogo, académico de la Universidad de Santiago
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El caso de Camilo Catrillanca está en proceso investigativo. Sus consecuencias políticas serán relevantes en el territorio más intensamente mapuche (entre la octava y la décima regiones), pues no solo se unirá la oposición en este tema, sino además ocurrirá lo propio con las organizaciones mapuche, donde la derecha tiene relevancia y apoyo, pero que en un escenario como el visto la tendencia será a un distanciamiento con el gobierno y el crecimiento de una perspectiva monolítica desde las reivindicaciones de este pueblo. Podríamos apresurarnos a comprender estas consecuencias, pero hay observaciones que en algún sentido son previas y que podemos hacer en esta coyuntura.

 

Este caso vuelve a recordarnos que la derecha, en temas de seguridad, parte de una impronta conservadora, donde la reacción en favor del sostén del orden social es más importante que la verdad procesal y, por cierto, que de algún ideal de justicia. Como a veces dar la señal es una necesidad apremiante, mientras la verdad procesal requiere a veces de una dilación imprescindible, los conservadores optan por el presente y sus requerimientos. El orden debe vencer a la verdad. El caso Catrillanca demuestra que esta perspectiva no está superada ni probablemente pretenda serlo.

 

Por otro lado, la visión desde la derecha del disidente político o del diferente social sigue siendo un problema sin solución para el sector o, mejor dicho, una solución que solo incrementa el problema: desde la expulsión de haitianos con ostentación hasta el menosprecio con el pueblo mapuche, la derecha quiere hablarle a la ‘sombra’ psicoanalítica de los chilenos, al autoritarismo, la arbitrariedad, incluso la propia minusvaloración. El mismo debate sobre Neruda, donde la derecha busca el apoyo de los grupos feministas, tiene como sentido una revancha política de décadas y nada más. Neruda está indudablemente subvalorado en Chile y es evidente la ausencia de los homenajes mínimos, pero la derecha considera que dejar pasar un acto reivindicativo de ese orden sería sencillamente un espanto para su política.

 

Continuemos con el ejercicio realizado. ¿Es la derecha chilena liberal en lo moral? Es evidente que para nada; más bien administran los cambios que la moral colectiva propone a través del tiempo, solo cediendo en escenarios de crisis propia. Hasta acá vemos que la enorme relevancia del problema del ‘orden’, la denostación al ‘otro’ y el conservadurismo moral, señalan con claridad que la derecha chilena en estos tres aspectos es estrictamente conservadora. ¿Pero qué pasa con su liberalismo?

 

Por supuesto, la perspectiva del liberalismo económico de la derecha chilena es muy distinta al ideario conservador. En tanto tal, Chile tiene una derecha ultraliberal, lo que se expresa fundamentalmente en las reducidas estructuras arancelarias que proponen, en la reivindicación del lucro y la propiedad privada; y en una creencia abismante en la capacidad que tiene el intercambio de bienes para producir bienestar y, en el largo plazo, justicia. No es tan claro el discurso liberal respecto a los oligopolios, el rol de los bancos, las estructuras dominantes en el mercado que generan las AFP y otros elementos, que en Chile tienen ostensibles prebendas legales y, sobre todo, enorme influencia fuera de lo legal. Se daría el caso de lo que Trump llama el ‘capitalismo de amigotes’, lo que evidentemente no es muy liberal. Es el capitalismo, el de ‘amigotes’, donde sus actores principales suelen vivir de beneficiosas estructuras de distribución de poder que les permiten eliminar costos de transacción y hasta eventualmente presionar los costos de producción.

 

La derecha chilena tiene un predominio conservador, un edulcorante autoritario y un liberalismo económico que tiene más relación con la visión operacional de la economía que con sus fundamentos. En esa estructura su repertorio político para resolver problemas de alta intensidad es escaso. Y cuando las crisis políticas acechan, como en 2011 o ahora con el caso Catrillanca, sencillamente la derecha se torna inerme.

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

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