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Publicado el 18 de noviembre, 2019

Alberto López-Hermida: Piñera: si baila, pasa

Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD Alberto López-Hermida

El Presidente mantiene firme las manos al volante, pero aún le falta ese músculo comunicacional del que sus adversarios hacen gala y que resulta clave para concretar los aún pendientes acuerdos por la Paz y la Justicia.

Alberto López-Hermida Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD
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A un mes de iniciado el estallido social y ya decantado el polvo levantado por los millones de personas que han salido a las calles en todo el país, se puede decir con certeza que el corazón de una movilización pacífica, que exige con derecho lo que le ha sido esquivo en las últimas décadas, ha sido traspasado por el descontrol violentista de una minoría organizada. Es precisamente ese grupo el que, atentando contra el Metro, incendiando y saqueando grandes y pequeños negocios, edificios, monumentos e iglesias, y encendiendo barricadas en las grandes arterias, ha logrado detener el automóvil en el que se desplazaba, sin mayores contratiempos, la institucionalidad política de nuestro país. Y ahora, con el poder de la violencia desatada en sus manos, exigen a los políticos que desciendan y bailen a un ritmo impuesto, si es que quieren continuar camino.

Algunos políticos –comunistas y frenteamplistas concretamente– han descendido al instante y se han puesto a danzar como se les ha ordenado, pasando a ser parte –y por lo tanto, cómplices– de la masa enajenada. Se han ido por el camino fácil, repleto de slogans efectistas. Otros, dentro del auto detenido, parecen congelados. Dicen un día una cosa y luego otra. Quizás el ejemplo paradigmático sean algunos miembros de la UDI, quienes aseguraron que mientras hubiera violencia no negociaría y en menos de 24 horas firmaban un documento que violenta buena parte de su historia.

Mientras tanto, Sebastián Piñera, al volante de este automóvil detenido hace ya más de 30 días, se muestra indeciso. Sin embargo, quizás haya que distinguir, una vez más, lo comunicacional de lo político del Presidente. En lo político, pese a lo que digan los trending topics, Piñera, con todos sus defectos, ha tenido al menos dos aciertos que, en su minuto, fueron criticados, pero de los que hemos visto frutos al pasar los días. El primero de ellos fue el ajuste ministerial que realizó a los pocos días del inicio de la crisis. Si se evalúa con perspectiva, la llegada de Gonzalo Blumel al Interior y la entrada de Ignacio Briones y Karla Rubilar fueron algunos de los aciertos que han permitido la negociación, la cercanía y el diálogo del que carecían sus antecesores. Otro tino de Piñera en estas últimas semanas fue el discurso pronunciado la noche del martes 12 de noviembre, ese en el que, según el oráculo de Twitter, #NoDijoNada. En esa alocución el Mandatario no llamó a los militares –cosa que muchos daban por hecho– y, en cambio, invitó a tres grandes acuerdos, uno de los cuales se materializó en tiempo récord y fuera de todo pronóstico.

Pese a lo anterior, en lo comunicacional sus asesores vuelven a demostrar inoperancia. Si en los tiempos mejores estos daban consejos torpes, ñoños y muchas veces bajo el mandato de las redes sociales, en tiempos de crisis han mostrado una deficiencia absoluta, con ausencia de pautas discursivas y acciones comunicacionales desconectadas con la realidad. A modo de ejemplo, La Moneda ha perdido una vez más el discurso simbólico, ahora a manos de un encapuchado con un signo PARE de escudo –“Pareman”– y un quiltro con un nombre violentista como es “Matapacos”. En esta área en concreto, los asesores de Palacio confunden una crisis puntual, concreta y que golpea sólo una vez como es un terremoto o el rescate de 33 mineros, con una crisis permanente, gelatinosa y que cada día trae nuevos golpes como es este estallido social.

En fin, el Presidente mantiene firme las manos al volante. Seguro no se bajará a ser humillado bailando lo que los violentistas le exigen, pero aún le sigue faltando ese músculo comunicacional del que sus adversarios hacen gala y que resulta clave para concretar los aún pendientes acuerdos por la Paz y la Justicia.

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