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Publicado el 07 de enero, 2019

Alberto López-Hermida: No al piscinazo

Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD Alberto López-Hermida

El pasado 2018 fue un buen año para las mujeres en Chile, al menos en el discurso público. Y aunque se llegó a extremos francamente majaderos como aquel del mal llamado lenguaje inclusivo, sí se tomó conciencia de fenómenos injustos que estaban arraigados en nuestra sociedad.

Alberto López-Hermida Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD
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Estamos a pocos días de una nueva edición del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y es bueno adelantarse a las posibles polémicas antes de rozar la hipocresía.

El pasado 2018 fue un buen año para las mujeres en Chile, al menos en el discurso público. Estalló el movimiento feminista y se instaló en la opinión pública la necesidad de ser cuidadosos con cualquier asomo de injusticia, maltrato y cosificación. Y aunque se llegó a extremos francamente majaderos como aquel del mal llamado lenguaje inclusivo, sí se tomó conciencia de fenómenos injustos que estaban arraigados en nuestra sociedad.

Fue así como a comienzos del año pasado se suspendió el tradicional concurso de Miss Reef, aquel que premiaba al trasero de mujer más aplaudido por una horda de hombres no pocas veces descontrolados. “El mundo cambia y tenemos que adaptarnos a las nuevas necesidades de la sociedad”, dijeron los organizadores. Asimismo, a finales de año, los organizadores de la cruzada solidaria de la Teletón decidieron reemplazar la Vedetón –renombrada el año anterior como “Triángulos de Fuego”– por un espacio de talentos y humor. El propio don Francisco indicó que “todo se tiene que adaptar a los tiempos que corren”, mientras el animador Eduardo Fuentes agregó que “estamos en una campaña donde se busca descosificar a la mujer y quizás la Teletón estaba quedando extemporánea hace tiempo”.

En la misma línea sería necesario que quienes organizan este 2019 el Festival de Viña del Mar enterraran la tradición del piscinazo por respeto a las mujeres. Y es que año a año una piscina de la Quinta Región se ve atiborrada de periodistas y curiosos a la espera de que quien fue elegida reina de la cita festivalera sea un poco más osada que su predecesora en lo que a mostrar piel se refiere.

De poco sirve que el año pasado Betsy Camino haya salido acompañada de Matías Vega en un intento barato de nivelar la cancha. Un rápido análisis a la prensa del día siguiente refleja que los lentes y comentarios apuntaron exclusivamente a la conductora cubana la que fue “decepcionantemente recatada”.

Desde luego, lo anterior no apunta a suspender la elección de una miss del certamen musical, ni a caer en extremos como en Miss América, en donde se suspendió el desfile en traje de baño, sino a ser cuidadosos y respetuosos a la hora de exhibir el verdadero sentido de belleza.

El problema radica en que desde hace ya unos cuantos años ser elegida reina de Viña del Mar es una invitación troglodita a ser lo más osada posible frente al lente público y eso es confundir el objetivo de un verdadero concurso de belleza. No debemos seguir confundiendo una mal entendida audacia con la belleza.

La belleza hay que celebrarla, pero es urgente recuperar el cómo saber hacerlo.

 

FOTO:CRISTIAN OPAZO/AGENCIAUNO

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