El pasado 4 de diciembre el Colegio de Periodistas de Chile emitió una declaración pública en apoyo unánime de parte de su Consejo Nacional a la candidatura de Gabriel Boric, aduciendo a que su programa de gobierno responde a las demandas históricas que dicho gremio ha sostenido durante sus 65 años de existencia.

Lo cierto es que desde hace ya un buen tiempo que ese cuerpo colegiado de profesionales de la comunicación se ha visto irónicamente seducido por aquello que se nos enseña a evitar a todos quienes hemos estudiado periodismo. Y esta declaración confirma dicho diagnóstico.

Al menos se pueden decir tres cosas sobre el anuncio público del gremio.

En primer lugar, claudica de manera tajante a la imparcialidad, la mirada templada y a la reflexión crítica que se le debe exigir a un comunicador. Sabemos desde hace muchas décadas que el periodista no debe –de hecho, no puede– caer en la caricatura de ser alguien que sencillamente no interviene en la realidad y mira el acontecer desde un lente pulcro y libre de deliberación. Esa falsa objetividad que resulta imposible cuando es precisamente un sujeto el que se aproxima a los hechos.

Sin embargo, tan peligroso como lo anterior es abrazar el otro extremo y dejarse seducir sin peros por esos cristales que más brillan y que por lo general no son más que frases hechas y slogans que exponen una realidad parcelada y, finalmente, ideologizada… En ese sentido, la declaración del Colegio de Periodistas no sorprende, sino más bien confirma una vieja postura ideológica, partidista, explícita y excluyente.

En segundo lugar y de la mano de lo anterior, sorprende que la declaración no mencione en absoluto la propuesta programática de José Antonio Kast, ni para bien ni para mal. No se justifica la decisión tomada poniendo todas las cartas sobre la mesa.

Se señala en el texto que los comunicadores cumplen “un rol fundamental a la hora de informar adecuadamente a la ciudadanía para la toma de buenas decisiones”, pero en esas mismas líneas constriñen a que los colegas, en especial aquellos más jóvenes e incluso aquellos que recién se están formando, sólo conozcan una cara de la moneda.

Si ya se ha claudicado respecto a la imparcialidad informativa, al menos se esperaría que se expongan las razones profundas que llevan a apoyar un proyecto y aquellas por las que se decide no aplaudir el otro. La realidad electoral que enfrenta Chile, el Colegio de Periodistas decide verla con un cristal arbitrario y elegido a conveniencia. Un último detalle a este respecto es que la declaración termina con un enlace directo al programa de Boric. Y nada más.

Es un hecho, por cierto, que la candidatura de Kast ha hablado poco y nada del asunto, lo que desde luego es muy preocupante, pero, colegas, ¿y si nos levantamos del cómodo escritorio de dirigente gremial y preguntamos, hurgueteamos, contraponemos y exponemos razones justificadamente? Es a lo que normalmente se le llama “reportear”.

En tercer y último lugar, llama la atención que la apuesta del gremio profesional abrace sin condiciones ni advertencias -¡al menos una nota al pie de página!– un programa de gobierno que se presenta tarde y que cambia de forma y fondo constantemente.

Tan es así, que hasta hace pocos meses el mismo Gabriel Boric aún coqueteaba con las ideas programáticas de Daniel Jadue en esta materia, lo que incluía la “democratización” –eufemismo para la expropiación– de medios de comunicación y la conformación de una Defensoría de Audiencias y Públicos que pusiera un ojo censor al ejercicio libre del periodismo. El mismo ex candidato comunista y ahora estrecho colaborador del postulante de Apruebo Dignidad, señaló en un foro universitario que “si los medios los subordinas a la estructura de propiedad que proviene del mercado, mataste la libertad de expresión”.

Es cierto que Gabriel Boric finalmente tomó distancia de dicha postura, aunque de manera tardía e imprecisa, pero lo realmente llamativo es que el Colegio de Periodistas borre todo este intenso debate que se suscitó en la opinión pública y particularmente en variados espacios de reflexión de profesionales de la comunicación, como si sencillamente no hubiese existido. Un coqueteo con el negacionismo que hoy tanto se condena.

En conclusión, es verdad que resulta muy atractivo y fuertemente deseable la idea de avanzar hacia un sistema de medios donde confluyan tanto las iniciativas públicas, comunitarias y privadas, donde lo local sea enérgicamente fomentado, al igual que la atención a minorías largamente invisibilizadas y la apuesta activa de un ejercicio que colabore con fuerza en la eliminación de toda violencia, en especial contra la mujer.

Sin embargo, esta declaración y tantas otras del Colegio de Periodistas evidencian que todo se condiciona a una mirada parcial y arbitraria de la sociedad y de la realidad del ejercicio de la profesión.

Con todo, deja un mal sabor de boca el que, en el Chile de hoy, tal como el Colegio de Profesores se niega a volver a clases, el Colegio de Periodistas muestre solo parte de la realidad y se deje conquistar una vez más por una apuesta ideológica.

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