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Publicado el 22 julio, 2021

A 27 años del atentado a la AMIA

Presidente Comunidad Judía de Chile Gerardo Gorodischer

En el contexto de efervescencia mundial actual, todos somos potenciales mártires del terrorismo, acto que no distingue edad, género o condición social.

Gerardo Gorodischer Presidente Comunidad Judía de Chile
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Era un lunes que no debía ser diferente de otros, pero lo fue. Hace 27 años, un 18 de julio de 1994, a las 9:53 AM, un coche bomba cargado con 275 kilos de explosivos se estrelló contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, destruyendo el edificio en su totalidad y convirtiendo este hecho en el ataque terrorista más brutal del que se tenga recuerdo en Latinoamérica. 85 personas fueron asesinadas y 300 resultaron heridas, un saldo de destrucción y muerte que dejan una herida que no cicatriza, más aún cuando los culpables siguen impunes.

Muchos se preguntarán cómo se vive sin justicia. Todos los años, aunque sea doloroso, recordamos este cruel ataque, no olvidamos a las víctimas, a los heridos y sus familiares, quienes dejaron proyectos, amores y sueños inconclusos. Nos negamos a borrarlo de nuestra memoria y con fuerza exigimos respuestas claras.

Este año en especial, queremos recordar a nuestra Susy Kreiman (Z.L.) (Julia Susana Wolynski de Kreiman), quien durante 20 años vivió en Chile junto a sus tres hijas Marianella, Claudia y Marcela y a su marido el Rabino Angel Kreiman (Z.L.). Ella fue la última víctima que se encontró tras 7 días de ocurrida la tragedia. Una mujer luchadora, que se destacó siempre por estar a la cabeza de diversas iniciativas de acción social, como el Programa Social de Asistencia Israelita (PASI). Fue una defensora de los derechos humanos, dio refugio a perseguidos políticos en su casa y organizó encuentros entre representantes de distintas religiones. El día lunes del atentado, una larga lista de personas la esperaban en la Bolsa de Trabajo de AMIA, ninguno salió con vida.

Ese día no solo fallecieron argentinos. También hubo un electricista chileno que trabajaba en AMIA, Carlos Avendaño, de 61 años, y según cuenta su familia era alegre, siempre tenía una palabra de aliento para sus amigos y, como fanático hincha de Maradona, lo iba a alentar al estadio cuando jugaba por Boca Juniors.

En el contexto de efervescencia mundial actual, todos somos potenciales mártires del terrorismo, acto que no distingue edad, género o condición social. La AMIA fue el primer ataque en Latinoamérica contra un blanco judío, instalando con ello la presencia terrorista en el continente, un macabro hecho que sigue sumando víctimas, como el fiscal Alberto Nisman, quien llevaba la causa. La víctima 85+1 que en enero del 2015 fue encontrado muerto en el baño de su departamento en extrañas circunstancias y hasta hoy su caso tampoco ha sido aclarado.

Desde el comienzo, el caso AMIA fue encubierto por fuerzas políticas que generaron un manto de impunidad. Ni para la AMIA ni en el caso Nisman hay una explicación oficial detallada, aunque existe certeza de que detrás está Irán y la agrupación terrorista Hezbollah, que se hicieron presentes por primera vez, y de manera sanguinaria, en nuestro continente.

Las imágenes de aquella mañana se han repetido cada vez con mayor frecuencia en el mundo entero. En los últimos años, las víctimas del terrorismo fundamentalista son difíciles de contar, sin importar raza, credo, religión o nacionalidad. Diferentes minorías son perseguidas y asesinadas a plena luz del día y el respeto por la diversidad está amenazada por los portadores de ideas supremacistas y totalitarias.

Por eso, valoramos la resolución adoptada hace solo un par de semanas en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, que condena el terrorismo contra judíos, el uso de civiles como escudos humanos y la utilización de internet como herramienta para reclutar terroristas. Una resolución que, por primera vez, condena el terrorismo antisemita en su Estrategia Global contra el Terrorismo (GCTS, por sus siglas en inglés), aprobada en 2006 y que se revisa cada dos años.

Hoy debemos levantar la voz ante la creciente ola de antisemitismo que se expresa a nivel mundial, y también en Chile, a través de expresiones de odio en las redes sociales, la expulsión de judíos de espacios públicos como restaurantes, mall o cánticos en marchas, hay un antisemitismo de fondo escondido tras lo que hoy denominan “antisionismo” o la crítica hacia el Estado de Israel. Tal como indicó el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, Sr. Luis Almagro, “la lucha eficaz contra el antisemitismo significa la lucha por la democracia, los derechos humanos, el fortalecimiento de las instituciones y una cultura de respeto”.

Más de un cuarto de siglo después, seguimos esperando justicia para los mártires de la AMIA. La comunidad judía de Chile acompaña y recuerda en el dolor a los inocentes y a sus deudos que hoy están de luto. Nos comprometemos a seguir trabajando juntos por la aclaración de los hechos ocurridos y el castigo a los responsables, así como por la construcción de sociedades respetuosas de las minorías y de todos los pueblos.

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