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Publicado el 20 de marzo, 2015

7 razones para decir no al aborto

¿Por qué debe reconocerse a la libertad y derechos de quien se sostiene sobre sus pies, un estatus superior al de quien se prepara para comenzar a respirar?
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En 25 años de reiterados debates en Chile, los defensores del aborto han ido instalando sus argumentos con disciplina y persistencia.

1. Aborto por la libertad y los derechos de la mujer.

El argumento central que sostiene el aborto es el derecho de la mujer a decidir libremente sobre su cuerpo, aun cuando en Chile se admita más reservada que públicamente.

Una de las máximas injusticias que amparan las leyes de aborto en el mundo, es degradar a una segunda categoría la existencia de un individuo de la especie humana por el solo hecho de que su supervivencia depende de la madre. Ella es, efectivamente, dueña de su cuerpo, pero su propiedad no se extiende al territorio corporal de otra persona.

La libertad de hombres y mujeres a decidir sobre su vida sexual y reproductiva no está en cuestión, sino hasta el momento en que su ejercicio anula la libertad y la dignidad de otro. ¿Por qué debe reconocerse a la libertad y los derechos de quien puede sostenerse sobre sus pies, un estatus superior al de quien se prepara silenciosamente para comenzar a respirar con sus propios pulmones?

2. Quien no ha nacido, no es persona.

Los defensores del aborto han resuelto una forma simple y categórica de desconocer la vida y los derechos de un ser humano en gestación: negar su condición de persona.

Más allá de las miles de páginas que han escrito científicos, filósofos y juristas para demostrar el inicio biológico, constitucional y social de la persona, me permito tan solo plantear una pregunta: ¿Ud. o algún conocido suyo, tuvo la posibilidad de llegar hasta este momento de su vida sin haber pasado por el útero de su madre? ¿Conocemos a algún ser humano que se haya saltado la etapa de gestación?

3. El aborto para salvar la vida de la madre.

La prohibición del aborto en Chile no ha impedido ni antes ni ahora que los médicos practiquen, de manera legal y abierta, las terapias necesarias para salvar la vida de la madre. El aborto está definido como una acción que busca impedir que un embrión o feto continúe con su desarrollo intrauterino, categoría en la que no caben los tratamientos que, practicados con otro objetivo, pueden generar la interrupción de un embarazo.

Todos los médicos a quienes he consultado sobre este punto han sido categóricos: a ninguna mujer con riesgo de muerte se le niega en nuestro país el tratamiento adecuado para salvar su vida, aun cuando si por causa de su aplicación se interrumpa un embarazo.

4. Chile es uno de los cuatro países del mundo en donde no hay aborto.

Chile es una de las excepciones en el mundo, tal como lo fue en el siglo XIX frente a la esclavitud. El 24 de julio de 1823 Chile se convirtió en el primer país americano, y en el segundo a nivel mundial, en decretar la libertad absoluta de los esclavos.

En vez de avergonzarnos, deberíamos sentirnos orgullosos de que nuestro país, tal como antes frente a la esclavitud, marque hoy una diferencia significativa ni más ni menos que respecto a la vida y la dignidad del que está por nacer.

5. Los ricos se hacen abortos seguros.

El argumento que le costó el cargo a la ex ministra Molina es de una pobreza que no se condice con la profundidad del origen y reconocimiento de la vida humana. Con plata también puede accederse a numerosos otros “bienes” como la prostitución infantil, la compra de la virginidad de adolescentes asiáticas y los crímenes por encargo. ¿Les parece a los defensores del aborto como expresión de “igualdad” que, para emparejar la cancha, también se legalicen?

Un Estado de Derecho debiera, más bien, hacer cumplir la ley y castigar a quienes la transgredan; y los gobiernos aplicar todas las políticas sanitarias y sociales para que quienes no tienen recursos, cuenten con asesoría y tratamientos de anticoncepción efectivos (lo que, de hecho, se hace en todos los consultorios del país).

6. Aborto para compensar una violación.

Nadie es indiferente ante un delito que atropella de la manera más brutal la intimidad de una mujer ni ante la repulsión que nos genera imaginar la violación de una hija. Con la misma delicadeza que reconocemos en esa niña o mujer a una víctima que necesita apoyo muy especial, me pregunto, por qué un delito deleznable debe justificar la interrupción de una vida; y por qué tan a menudo nos quedamos con la sensación de que para el gobierno de la Presidenta Bachelet es más urgente legalizar el aborto por violación, que la persecución penal sin tregua contra el violador.

7. El rechazo al aborto es un tema religioso.

Hace pocos días Juan de Dios Vial Larraín explicó de manera extraordinaria y respetuosa, lo equivocado de este argumento, en una carta publicada en El Mercurio. Que la Iglesia, a título de supuesta poseedora de una verdad absoluta, pretendiera forjar un dogma acerca del aborto, y tratara de imponerlo autoritariamente a quienes no reconocen su soberanía, ni creen en la verdad que profesa -como se oye decir- es un modo de pensar demasiado tosco o más bien odioso. Es montar una ideología y atribuírsela a otro para sustentar la propia, nada más como contraria. Una ideología a caballo de otra, que la primera fabrica a su gusto, resulta un espectáculo carnavalesco.

Muchos quisiéramos confiar en la palabra de la Presidenta Bachelet, quien se comprometió a garantizar un debate serio y respetuoso respecto del proyecto de aborto que ya inició su tramitación en el Congreso. Se han dado demasiadas señales, sin embargo, que por sobre las razones, las evidencias y los datos puros y duros, se va a imponer la carga ideológica y el simbolismo que un sector de la Nueva Mayoría le atribuye al aborto, con o sin el chivo expiatorio de las “tres condiciones”.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTOS:JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO

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