Sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país, no seríamos lo que somos. Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas.

Octavio Paz

Este 12 de octubre se cumplen 530 años del día en que Cristóbal Colón pisó por primera vez tierra americana. Luego de visitar la primera isla a la que arribó, Guanahani, hoy Bahamas, la expedición fue a Cuba y luego a La Española, donde construyó un fuerte y dejó a un grupo de sus hombres para que tomaran posesión del territorio. Durante este periplo, Colón estaba convencido que había descubierto una nueva ruta a la India, por lo que llamó a los habitantes de estas tierras “indios”. En sus otros tres viajes (1493, 1498 y 1502-1504), recaló en distintas islas del Caribe y América Central, y también tierra continental, en lo que hoy es Venezuela. De acuerdo con los registros disponibles, hasta el final siguió convencido que estaba explorando nuevas rutas hacia la India. Fue el navegante italiano Américo Vespucio quien en su segundo viaje hacia la región se dio cuenta que lo que veía no era parte de la India, sino que un continente completamente desconocido para los europeos. En 1507, el geógrafo alemán Waldseemüller, escribió: «No veo razón alguna por la que se pudiera objetar a llamar a nuestro continente ‘América’, pues Américo fue su verdadero descubridor, un hombre de gran habilidad». 

Un mirada moderna a esta historia, cuestiona que este 12 de octubre se considere como el «Día del descubrimiento de América” (América ya estaba poblada y en estricto rigor Colón nunca supo que arribó a un nuevo continente) ni tampoco el “Día de la Raza” (puesto que el mismo concepto de “raza” es controversial). La ley 3810, de 1921, declaró feriado el 12 de octubre, en conmemoración del “aniversario del Descubrimiento de América”, y, ad portas de los 500 años, se proclamó el año 1992 como el «Año Interamericano del Quinto Centenario del Descubrimiento de América: Encuentro de Dos Mundos» (Decreto 960 de dic 1990). El actual feriado precisamente hace referencia al Encuentro entre dos Mundos.

Vale la pena detenerse a reflexionar en qué consistió este encuentro y, muy especialmente, quiénes eran los habitantes que poblaron esta tierra milenios antes de la llegada de los españoles. Estudios genéticos sugieren que el primer poblamiento americano habría ocurrido entre 35.000 a 25.000 años antes del presente, desde Asia y Siberia, cruzando a través de Beringia (Bianchi y Martínez. Aporte de la genética y antropología molecular a los derechos de los indígenas argentinos por la posesión de tierras). Estos reales “descubridores” de estas tierras la fueron poblando de norte a sur, dejando sus huellas en ricas pinturas rupestres, en petroglifos y en grandes obras arquitectónicas; sepultaron a sus muertos (con momias más antiguas que las egipcias), desarrollaron interesantes sistemas de cultivo, cerámica, y tejidos ornamentales sorprendentes por la riqueza de su colorido y también ejercieron el arte de la medicina. 

Tal como lo describió Francisco Encina, luego de la llegada de Diego de Almagro, el mestizaje en Chile fue rápido, puesto que el soldado español “se ayuntaba con cuanta india picunche, huilliche o mapuche encontraba a mano«; pero a su vez los aborígenes también solicitaban a la mujer española o mestiza, con quienes engendraban en ellas “cuantos hijos podían”. En el siglo XVIII, el jesuita Olivares calculaba que la “cuarta parte de la población de Arauco era mestiza de español” (Chile, país de mestizos, 2011, en Biblioteca Nacional). 

Cabe señalar que Bernardo O’Higgins, en 1818, envió una orden a todas las parroquias solicitando que no se registraran las castas en las partidas de bautismos, y que se declarara a todos como chilenos, en lo que se conoce como “el decreto de la chilenidad”. El análisis genético de los chilenos confirma la diversidad de componentes étnicos entre los habitantes de este país. En efecto, un estudio publicado el 2015 en Nature Communications (Eyheramendy et al) demostró que el 44,74% de nuestra ancestría es nativa americana, un 52,25% es europea y un 3% es de origen africano. En síntesis, Chile es un país mestizo, lo que es transversal entre los distintos grupos socioeconómicos (el grupo ABC1 posee un promedio de 40% genes amerindios, el C2 un 44% y el C3 un 48%). De este mestizaje se gesta una sociedad pluriétnica y multicultural, la cual ha sido enriquecida con migraciones posteriores.

Para algunos, esta fecha no tiene nada de celebración, sino más bien es un recuerdo de atrocidades que ocurrieron en contra de la población aborigen. No me parece que sea posible juzgar hechos del pasado como si estuviesen ocurriendo hoy. En este sentido, me quedo con lo escrito por Octavio Paz en 1995, en relación a la conquista de México (Vislumbres de la India, pág. 116, Barcelona, Seix Barral): “No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Si las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas. Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos ―quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país― no seríamos lo que somos. Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas”.

Por lo tanto, sí tenemos mucho que celebrar en este Encuentro de Dos Mundos.

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