Mientras algunos hitos se celebran como tradición, otros se quedan en el olvido o, convenientemente, son descartados por una memoria algo arbitraria. Quizás por eso, pocos han notado que en 2022 se cumplieron 400 años de la fundación de la primera universidad chilena: la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.

Esto no quiere decir que antes no existiera ninguna forma para cultivar la formación y el desarrollo del conocimiento entre los habitantes de Chile. De una u otra manera, las sociedades humanas siempre han facilitado la transmisión de las tradiciones y la preparación de los individuos para la vida en sociedad. Aún en el Chile prehispánico, la historia cuenta que el cacique Michimalonco estudió en Cuzco, la metropolis incaica. Quizás por eso, su relación con Pedro de Valdivia e Inés de Suárez fue tan ambivalente. 

Obra de los dominicos, la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino fue fundada en Santiago, el 18 de agosto de 1622. Su nombre hace referencia al principal héroe intelectual de la orden y se inscribe dentro de su proyecto global, orientado al desarrollo de instituciones de formación superior en todas las capitales virreinales en América y Asia. En el contexto del Siglo de Oro español, cada universidad debía cultivar las principales áreas del conocimiento disponible en distintas facultades especializadas. Sin embargo, la incipiente universidad nunca pudo consolidarse en el medio chileno. 

En la práctica, la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino se configuró más como un seminario teológico que como una institución académica. Mientras al sur, un segundo proyecto universitario emergió en Concepción, aunque fue abandonado al poco tiempo. 

Persistentes en su determinación, los ciudadanos de Santiago insistieron en la necesidad de contar con una universidad que pudiera compararse con las existentes en los grandes centros urbanos del imperio. La creación de la Real Universidad de San Felipe —que se extiende entre 1727 y 1758— refleja su tenacidad. Ella se concentró en la formación profesional dentro de un amplio abanico de disciplinas.

En el crepúsculo del dominio español, emerge la esencial pero olvidada Real Academia de San Luis (1797), enfocada en el cultivo de las industrias prácticas. Su quehacer se proyectó hacia las nuevas instituciones republicanas como el Instituto Nacional (1813). También fue clave para la creación de la Escuela de Artes y Oficios (1849) que cien años más tarde mutó en la Universidad Técnica del Estado (hoy, Universidad de Santiago de Chile). En paralelo, la Universidad de Chile (1942) se convirtió en la universidad nacional que reemplazó a la Real Universidad de San Felipe, aunque proyectó la orientación profesional de su formación. 

Ese escenario no ha variado mucho hasta nuestros días. Hoy, mientras las universidades tradicionales buscan conectar con la versión chilena de la tradición occidental, las privadas nacidas después de la gran reforma de 1980 aspiran a articular modernidad e innovación. Pero todas ellas están firmemente ancladas en nuestra tradición poscolonial asociada a la formación profesional.

Peter Scott —el gurú de la educación superior inglesa— sugirió que la universidad europea ha permanecido por tanto tiempo, porque ha cambiado mucho en el interín. Vale la pena reflexionar, entonces, sobre los cuatro siglos de tradición de la universidad chilena. ¿Qué la define, en un sentido más permanente? ¿Qué ha cambiado en ella, a propósito del paso del tiempo y de la proliferación de instituciones universitarias en el país? Tal como ayer, la sociedad chilena parece insistir en la centralidad de la universidad dentro de su proyecto nacional, aunque quizás en función de diferentes prioridades. 

*Pete Leihy es investigador de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y José M. Salazar es investigador de la Universidad de Valparaíso.

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1 comentario

  1. Qué lindo ver la columna… Hay un pequeño error; la Universidad de Chile se estableció en 1842 (y no 1942), bajo la mano dura de Presidente Manuel Bulnes, igual que la Escuela de Artes y Oficios en 1849 (las dos instituciones gozando ascendencia desde las tradiciones iniciadas tantas en las fundaciones tanto de la Real Universidad de San Felipe como del Real Academia de San Luis). Es interesante que hoy en día la USACH destaca su conexión con Bulnes y la Chile observa casi un culto del genio caraqueño y su primer rector Andrés Bello.

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