No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Ha llegado el momento, tal vez el más importante de nuestra historia política reciente. Mañana todos quienes estemos habilitados para votar debemos ir a las urnas para elegir si rechazamos o aprobamos el texto propuesto por la Convención Constitucional. 

Se ha dicho de todo, pero poco se ha mencionado sobre el tema de fondo: debemos decidir si aprobar o rechazar una norma que permitirá organizar el Estado. Algunos le llaman la casa de todos, pero parece ser que no todos entramos a esa casa. ¡Estamos jugándonos el futuro de Chile! De ese país que comienza con la primera junta de gobierno el 18 de septiembre de 1810 y que estamos próximos a celebrar su 212 aniversario, uno que cuenta con héroes como Arturo Prat o Bernardo O´Higgins y que nace de las interacciones entre quienes llegaron y quienes ya estaban en este territorio. Una larga y angosta faja de tierra al sur de América, más conectada con el mundo que nunca y cuyos ojos se encuentran puestos en esta importante elección. 

Nuestro voto de mañana marcará un nuevo rumbo para el país. Hemos progresado muchísimo durante los últimos 30 años. Que los extranjeros lleguen a Chile buscando mejores opciones de desarrollo no es mera coincidencia, es porque esos 30 años nos permitieron avanzar como nunca. Crecer duele, dicen algunos, pero que ese dolor no nuble nuestro objetivo: seguir desarrollándonos. 

Somos un país unitario cuya unión nace de las diferencias. Nuestros símbolos patrios lo reflejan, y la “casa de todos” también debería hacerlo, pero no. La polarización del ambiente es señal de ello y llevar la discusión a la izquierda o la derecha no es el camino. Es una elección demasiado importante como para ubicarla en el péndulo de la ideología política. ¡Nos jugamos el futuro! Uno que debe estar marcado por un entorno de paz y estabilidad, donde no haya cabida para la violencia de ningún tipo. No hay que salir a la calle a defender los votos si el resultado es estrecho como dijo Guilllermo Tellier; llamados como ese sólo empañan uno de los momentos más relevantes para el país. 

Sólo la unidad que brota de las diferencias nos permitirá avanzar hacia un proceso donde podamos de verdad construir “la casa de todos”, esa donde todas nuestras opiniones tengan cabida, donde pese a las diferencias se pueda avanzar en materias fundamentales, donde los acuerdos superen al conflicto y donde podamos realmente pensar el Chile del futuro. Pero pensarlo porque estamos orgullosos de nuestro pasado, de ese que nos ha permitido llegar a donde estamos hoy y sobre el cual queremos seguir construyendo Estado, uno fuerte que busque seguridad, desarrollo y bienestar para sus ciudadanos, que sea un ejemplo para el mundo y al cual donde todos quieran llegar a cumplir sus sueños. 

Ni borrando el pasado podremos escribir el futuro, ni pensando en intereses específicos fortaleceremos la unidad, ni atrincherándonos en nuestros sectores escribiremos la casa de todos. Sólo poniendo a CHILE al centro fortaleceremos esa casa y escribiremos un futuro sólido. 

*Pilar Lizana, Athena Lab. Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

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