COLUMNAS DE OPINIÓN

Marcel Oppliger

Decir que Chile no reconocerá el viciado proceso electoral venezolano no es poca cosa, porque implica abandonar una política exterior de hipócrita (pero segura) ambigüedad respecto del régimen chavista —“No es democracia, pero tampoco es dictadura”—, para adoptar otra de crítica asertiva. El tránsito del doble estándar a la honestidad intelectual. Este cambio de actitud no por tardío es menos correcto y necesario.

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