En enero del 2019, el candidato Boric recibe de regalo una polera con el rostro de Jaime Guzmán desfigurado. Su respuesta fue ampliamente criticada cuando se supo a través de los medios como había reaccionado. También viaja a Paris a visitar al autor confeso del asesinato de Jaime Guzmán… Ese mismo año, para ser precisa en octubre, la Comunidad Judía de Chile (y no el estado de Israel) les hace un presente simbólico a los diputados, un frasco de miel que representa los buenos deseos para el próximo año. En Twitter publica su respuesta aludiendo al “tarro” de miel, criticando al gobierno de Israel y defendiendo al pueblo Palestino.

Ante todas estas situaciones el candidato Boric ha manifestado su error y ha pedido disculpas. Errar es humano y pedir perdón es de valientes. Eso dicen. A mí me recuerda más bien la respuesta de un niño cuando comete reiteradamente una equivocación y pide disculpas. El dilema surge cuando el pedir perdón se transforma en una conducta repetitiva. Se pierde credibilidad. La tendencia es a no creer que estas son por casualidades de la vida, si no mas bien a un descuido, a una falta de compromiso con la palabra empeñada.

Lo mismo ocurre cuando se borra algo que ya estaba escrito y que fue de dominio público. Aquí es donde el dicho “no se puede borrar con el codo lo que se escribe con la mano” toma vigencia.