Libre Expresión

Escribe una carta al director

Enviar

Sobre la banalización del hambre

Publicado el 21 de mayo, 2020

Señor Director:

El 18 de mayo, justo 7 meses después de la explosión social en Chile, personas en la comuna de El Bosque salieron a protestar en medio de la cuarentena impuesta como medida de prevención sanitaria ante la pandemia actual. Mucha gente lo está pasando mal por la falta de recursos e incluso hay quienes están pasando hambre estos días. Varios en el extremo político opositor han panfleteado el motivo de esta protesta como “la gente está muriendo de hambre”, lo cual es un maximalismo y reduccionismo a la vez, y en estricto rigor no es cierto. Los motivos de esta protesta bien pueden ser la informalidad y sus implicancias, que precariamente permiten a estas personas vivir día a día, los atrasos en la entrega efectiva de la ayuda necesaria (pecuniaria y no pecuniaria), y las preferencias individuales de consumo. Estas 3 potenciales causas tienen cualidades sistémicas y también particulares. Si bien la precariedad se debe en su mayoría a las partes que constituyen la demanda laboral, i.e. los empleadores, la informalidad involucra en mayor medida que la precariedad, causas que provienen de la oferta laboral, i.e., de las preferencias individuales de los trabajadores.

Tanto la precariedad como la informalidad laboral son mayormente productos de los precarios balances de las fuerzas que componen este ámbito. Por su lado, la baja productividad de los trabajadores en condiciones de precariedad y/o informalidad laboral es el resultado de la baja calidad en la educación y de la insuficiente capacitación ofrecida por las empresas y por el estado. La falta de voluntad de muchos empleadores (en su mayoría de grandes empresas que subcontratan servicios) y de muchos en la elite política no permite mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. La inexistencia de sindicatos efectivamente representativos, y la ideologización de los existentes, también hacen lo propio, esto es, generar sindicatos atomizados y pobremente preparados incapaces de presionar por expandir y mejorar las condiciones laborales. Y por su parte, las preferencias individuales de los trabajadores se revelan, hasta cierto punto, en el grado de presión ejercida por generar sindicatos representativos, así como también se ven reflejadas en aquellos casos en que la informalidad es, “por angas o por mangas”, voluntaria, e.g. personas que prefieren la condición de informalidad para obtener beneficios sociales.

Los atrasos en la entrega efectiva de la ayuda necesaria son producto del exceso de burocracia propia de las instituciones que hemos sido capaces de establecer, del atraso en la transformación digital de las mismas, y de la ideología y paternalismo de parte importante de la elite gobernante. Estos elementos denotan falta de voluntad política de los gobiernos de turno, pero también falta de voluntad cívica por parte de una ciudadanía que no ha sido responsable de presionar en dicha dirección. Las preferencias de consumo individual obedecen en primer lugar a la libertad de elegir respecto de nuestras propias vidas. Esto también se extiende al fenómeno visto respecto de personas de vacaciones en el exterior exigiendo más derechos y olvidando deberes. ¿Podemos demandar a nuestros gobiernos más recursos y gasto más eficiente si como individuos preferimos gastar todo nuestro presupuesto en vacaciones, pero apenas nos golpea un shock externo nuestro débil presupuesto queda al descubierto? ¿Podemos demandar una mejor priorización si nosotros mismos no la practicamos? De la misma manera ¿pueden nuestros gobiernos exigir a los ciudadanos una mejor priorización en sus propios presupuestos sin brindarles una educación apropiada que les permita priorizar más adecuadamente?

Los hechos presentan evidencia de que efectivamente los ciudadanos chilenos pueden exigir y hacer efectivas demandas que fueron causadas por preferencias individuales. Hábilmente la colaboración público-privada fue capaz de gestionar y hacer posible que estos ciudadanos varados en el extranjero pudiesen volver al país, aunque varios de ellos se dieron el lujo de exigir y obtener de otros lo que no se exigen a sí mismos. Ahora bien, es incorrecto banalizar el hambre. Hay quienes que, por preferencia, optan por ayunar, pero la gran mayoría que pasa hambre lo hace involuntariamente. Es muy distinto tener hambre por voluntad que hacerlo por no tener qué comer. Si bien aquellos que hoy no tienen qué comer en Chile probablemente no mueran de hambre, como varios han banalizado en eslóganes superficiales, los pone en una situación indigna que no se debe permitir. Afortunadamente la ayuda está llegando y más va en camino, no obstante, a costa de populismos preocupantes.

De: Julia Andrea Medina Ojeda
Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más