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Por la boca muere el pez

Publicado el 06 de enero, 2019

Señor Director:

“Los derechos humanos deben ser respetados universalmente y su violación debe ser condenada sin matices, independiente de quienes sean las víctimas y los victimarios”, dijo el diputado Gabriel Boric en 2018.

¿Qué le sucedería a usted si recibiera de regalo una polera con la cara de una persona cualquiera, con un balazo plantado en su rostro? ¿Usted cree que la encontraría “bacán” o diría «bueeeenaaa»? Yo me hice la misma pregunta: ¿Qué haría si recibo de regalo una polera de esas características? Bueno, para empezar, me provocaría rechazo. A mí no me gustan las poleras con rostros desfigurados por un balazo. Sea de quien sea el rostro. Ni las poleras, o los dibujos o las pinturas, nada. Porque es una imagen desagradable que me repele más que atraerme.

Las reglas de la buena educación probablemente hacen que uno, de manera instantánea agradezca un regalo, sin embargo, si yo fuese diputado de la república elegido democráticamente, tendría mucho cuidado con mis palabras, las elegiría con especial cuidado, sobre todo por el significado implícito que trae consigo un presente.

Fíjese que Gabriel Boric recibe de atención del programa El Disco, una polera, cortesía de Del Mal Serigrafía (tienda auspiciadora del programa El Disco al cual fue invitado). Aparece en pantalla el diputado abriendo el tan mentado regalo. Una vez que lo abre, llama poderosamente la atención que ningún gesto suyo, nada de su lenguaje no verbal, denota desagrado ante una imagen tan grotesca, es más, por un segundo la mira y en un tono que no logro definir si es sarcasmo o no, dice “don Jaime” ….

En pedir disculpas no hay engaño, reza el dicho, y no dudo que el diputado esté genuinamente arrepentido de haber reaccionado de la forma en que lo hizo, pero resulta una mala cosa si lo sumamos a la desafortunada visita en París a Ricardo Palma Salamanca, autor confeso del asesinato de Jaime Guzmán.

No es el primer guiño de Boric al FPMR. Durante un discurso en apoyo al ex frentista MauricioHernández Norambuena,en enero del 2018, esgrimió una frase que sonó fuerte: “los que creen que la dictadura se acabó solo con un lápiz y un papel, le están vendiendo una gran mentira a Chile”.

Si esta última frase es premonitora de los acontecimientos que han estado sucediendo el último tiempo en el escenario político nacional e internacional, y que ponen a punto de sonar las sirenas de los partidos de izquierda acerca del resurgimiento del pinochetismo (“recargado” por personajes como José Antonio Kast, Bolsonaro y Trump), pasará a ser una incógnita para el Sr. Boric, porque creo que no estará presente en dicha discusión. Es probable que se encuentre muy ocupado resolviendo cómo explica su viaje a París, cómo se deshace de la polera y qué hace con las comprometedoras palabras de su discurso en contra del gobierno de Nicaragua, en donde proclama con vehemencia: “los derechos humanos deben ser respetados universalmente y su violación debe ser condenada sin matices, independiente de quienes sean las víctimas y los victimarios”.

 

 

 

 

 

De: Jacqueline Deutsch, psicóloga
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