Publicado el 21 de enero, 2020

Sergio Muñoz Riveros y su nuevo libro sobre la crisis: «No hay duda que esto exigió planificación, coordinación y recursos»

Autor:

Magdalena Olea

El profesor de literatura y columnista explica la tesis detrás del libro «La democracia necesita defensores. Chile después del 18 de octubre» (Ediciones El Líbero), donde reflexiona sobre lo acontecido en el país. El autor explica por qué está convencido de que Chile fue agredido, mediante un ataque organizado y directo en contra, en las bases de la convivencia democrática. Y hace una crítica a los líderes políticos y de opinión pública. «Ha habido muchos acomodos y oportunismo».

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Este jueves 23 de enero el abogado y ex ministro de Justicia Isidro Solís, junto al ex ministro de Educación y actual rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, Harald Beyer, presentarán «La democracia necesita defensores. Chile después del 18 de octubre» (Ediciones El Líbero) escrito por el profesor de literatura y analista político Sergio Muñoz Riveros, quien militó en el Partido Comunista hasta mediados de los 80, fue prisionero político y exiliado en Holanda.

En el texto, el también columnista de El Líbero y de La Tercera, reflexiona sobre la crisis desatada a partir de la ofensiva de violencia y destrucción que estalló en octubre de 2019, y hace un llamado a proteger y reforzar la institucionalidad del país, asegurando que la democracia nunca se encuentra completamente a salvo.

En La Mirada Líbero en Agricultura, el académico explica por qué decidió escribir este ensayo, y dice estar convencido que Chile fue agredido, mediante un ataque organizado y directo en contra de las bases de la convivencia democrática. Además, hace una crítica a los sectores del mundo de la izquierda, a los líderes políticos, académicos, comentaristas de la televisión y figuras del espectáculo, que a su parecer, validaron esta agresión.

-Este jueves es el lanzamiento de su último libro “La democracia necesita defensores”. ¿Cómo fue su experiencia escribiendo este texto y de qué manera surge la idea de redactarlo?

-Empezó a nacer la misma noche del 18 de octubre, esa noche terrible que los chilenos no vamos a olvidar. Me puse a escribir ansiosamente, y era también un esfuerzo por comprender lo que estaba ocurriendo. El resultado de la jornada de escritura fue un texto que apareció en El Mercurio dos días después titulado «Cuando se juega con fuego» y una semana después apareció una columna en «El Mercurio» que polémicamente se llamó «Hubo un plan antidemocrático».

-¿Cual es la interpretación que hace de la crisis del 18 de octubre?

-Lo que escribí fue polémico, porque la interpretación que predominaba en aquellos días era que había habido una eclosión de sentimientos, de frustraciones por la injusticia, la desigualdad, etc. Mi interpretación es que el elemento dominante no es ese, es otro. Es crudamente político. Aquí hubo una agresión a la democracia chilena, que es lo que intento explicar en el libro. Hay un epígrafe en el libro de un gran pensador francés de la política, Raymond Aron, que dice: «No busquemos en las nubes las virtudes sublimes de la democracia, sino en la realidad: la esencia de la democracia es la aceptación de la competencia pacífica». La competencia pacífica por el poder, eso es lo primero de lo primero. Si se recurre a la violencia como método político, eso significa romper la regla básica del funcionamiento de la democracia. Eso, desgraciadamente, ha sido relativizado por quienes dijeron que tal vez este «estallido social», como lo llama la prensa y casi todos los periodistas, y la verdad es que fue bastante «anti social» esto que pasó…

Los violentos no atacaron el Metro con un cartel que pedía mejores pensiones».

-¿Hay que hacer una distinción entre el «estallido social», como las demandas de las personas, del «anti social», que incluye violencia, quemas y saqueos?

-Partieron los violentos, los violentos no atacaron el Metro con un cartel que pedía mejores pensiones, tampoco los saqueadores de los supermercados dijeron «mayor justicia social», saquearon simplemente. En este periodo han sido atacados miles de comercios, de pequeños, medianos comercios, supermercados, 15 mil pymes se fueron al suelo en este periodo, más de 170 mil personas perdieron su empleo, ¿qué tiene de social todo eso?. Estuvo la manifestación aquella en la que la prensa y los periodistas empezaron a repetir «del millón dos», que después tuvo repercusión internacional, y algunos amigos que fueron a mirar esa manifestación tenían dudas que fuera un millón, pero ponerlo en duda en ese momento hubiera sido una herejía. Era una manifestación multiforme, heterogénea, cada uno proclamaba lo suyo, miles de consignas como «no coma carne», o «abajo los pacos», o contra el estado patriarcal, en fin.. Un magma. Ahí no estaban las demandas de mejores pensiones en primer lugar. Existía el problema de las pensiones, y tenemos problemas sociales serios que hay que abordar, y que se estaban abordando antes del 18 de octubre. La violencia creó otra situación y llevó al país a una crisis que no teníamos y que ahora costará más recuperar.

La democracia la recuperamos costosamente hace 30 años, después de casi 17 años de dictadura, no podemos volver a perder la democracia, no puede volver a surgir una dictadura, cualquiera sea su signo».

-Usted dice que el país fue agredido y que fue una planificación coordinada, ¿coordinada por quién?

-No lo sabemos, a mí me gustaría que a estas alturas, ya han transcurrido tres meses, los profesionales de la seguridad, de la inteligencia, la seguridad del Estado, pudieran informarle al país acerca de las investigaciones que han realizado, pero no hay duda que lo ocurrido el 18 de octubre y de ahí en adelante exigió planificación, coordinación y recursos. Para incendiar las estaciones de Metro se necesitaban sustancias químicas especiales. Aquí ha habido ingenuidad de alguna parte, esta interpretación que hizo muy rápidamente el propia Presidente «he escuchado la voz del pueblo, la voz de los ciudadanos», y varias medidas sociales que no le dijeron nada a los encapuchados, a quienes les daba lo mismo cualquier agenda social, siguieron entusiastas por un tiempo largo. Todavía los viernes son terribles, sobre todo para la gente que vive en Plaza Baquedano, que se llama Plaza Baquedano y mantendrá ese nombre.

-Dos días después del estallido de la crisis, el día 20 de octubre, usted escribió la carta a El Mercurio llamada “Cuando se juega con fuego”, en la que asegura estar convencido que Chile fue agredido, y dice que ha sido “obscenamente visible” la simpatía de los sectores del mundo de la izquierda. ¿Qué lo motivó a escribir y enviar esa carta?

-Fue muy visible, muy ostensible que los partidos opositores, particularmente los partidos de la antigua izquierda y también el Frente Amplio vieron aquí una posibilidad de debilitar al gobierno, de golpearlo duramente. No digo que estos partidos estuvieran detrás de los saqueos o los incendios, pero intentaron capitalizar los efectos desestabilizadores, un aprovechamiento político. Después se hizo todavía más evidente esto. El jefe del PC pidió tempranamente, la primera semana, la renuncia del Presidente, e incluso después de la firma del 15 de noviembre del Acuerdo por la Paz y la nueva Constitución viene una acusación constitucional contra el Presidente, que obtuvo 73 votos a favor en la Cámara de Diputados, a penas hubo una diferencia de 6 votos. ¿En qué mundo estaríamos si esa acusación hubiera prosperado y se hubiera iniciado un proceso para destituir al Presidente?

-¿Cual es la tesis principal que sostiene en su libro?

-Es el análisis de la crisis, está dedicado a pensar la crisis, hasta donde era posible. Era un reto difícil, porque estuve escribiendo con el país temblando, y era un esfuerzo por tratar de entender y visualizar aquellos valores que teníamos que defender a toda costa. La democracia la recuperamos costosamente hace 30 años, después de casi 17 años de dictadura, no podemos volver a perder la democracia, no puede volver a surgir una dictadura, cualquiera sea su signo. Las dictaduras se parecen mucho, lo más parecido a una dictadura de derecha es una dictadura de izquierda… Lo que importa es que el gran consenso nacional sea defender la democracia, que no es un régimen perfecto, es perfectible, tenemos que mejorarla, fortalecer sus instituciones, vamos a ver qué pasa con el proceso constituyente, que es una gran incógnita en este momento, el plebiscito de abril, que todavía no se ve nítido su desarrollo…

-En su libro usted hace una crítica a los líderes políticos, académicos, comentaristas de la televisión y figuras del espectáculo, que validaron, dice usted, que esta explosión de irracionalidad tenía un sello de justicia social, o la creencia de que el fin justifica los medios…

-Ha habido muchas imposturas en todo este tiempo, muchos acomodos, en el mundo político mucho oportunismo. Es una especie de inconsciencia respecto de lo que estaba en juego, ni más ni menos que nuestra convivencia democrática. De los periodistas se podría hablar largo, muchos periodistas, porque no se puede generalizar, pero que intentaron sintonizar con la calle, esa nueva diosa, la calle que escribe con mayúscula y que se supone que anuncia el futuro. No anuncia ningún futuro la calle, la calle puede cambiar de rostro, e intentar seguir eso, dar en el gusto a la calle no es una demostración de responsabilidad cívica. Un comentarista de otra radio terminó su mensaje de año nuevo diciendo «Chile necesita paz, pero con justicia social», lo grave ahí era el pero, necesitamos la paz absolutamente.

El lanzamiento de su libro es este jueves. ¿Quiere hacer una invitación?

-Lo va a presentar el ex ministro de Justicia Isidro Solís y el ex ministro de Educación y rector de la Universidad Adolfo Ibáñez Harald Beyer. Me da mucho gusto que esté un ex ministro de centroizquierda y uno de centroderecha. Hay que unir a este país respecto de asuntos fundamentales.
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