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Publicado el 27 de septiembre, 2018

Roberto Méndez: «El gobierno está retomando el control de la agenda»

Autor:

Javiera Barrueto

Para el analista y ex presidente de Adimark, este cambio lo ha llevado a cabo «muy personalmente» el Mandatario. «Esa me parece que es la estrategia elegida y es la correcta, un gobierno que va a todos los frentes», subraya. Y sostiene que ante «una oposición muy dividida y no estructurada», La Moneda ve una oportunidad «que está tratando de aprovechar».

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Javiera Barrueto

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Hasta Nueva York viajó la noche del martes el Presidente Sebastán Piñera para asistir a la 73 Asamblea General de la ONU. Y fue tras su llegada que Chile, junto a Argentina, Colombia, Paraguay, Perú y Canadá, presentaron una petición a la Corte Penal Internacional solicitando que investigue los delitos de lesa humanidad en Venezuela.

“Quisiera preguntarle al Presidente Maduro: ¿cómo puede ser tan ambicioso con respecto a retener al poder que está dispuesto a sacrificar y hacer sufrir de forma tan intensa a su propio pueblo?, dijo el Mandatario.

Pocas horas antes de este protagonismo internacional, el Mandatario anunció por cadena nacional el Presupuesto para el año 2019. Y será durante las próximas semanas que el gobierno enfrentará parte importante de los temas que marcarán su agenda: esperar el fallo de La Haya, implementar el Plan Araucanía, liderar la discusión presupuestaria y lograr acuerdos para la modernización tributaria.

En medio de este escenario, el fundador y ex presidente ejecutivo de Adimark, Roberto Méndez, asegura que el Jefe de Estado, con el 45% de aprobación, es uno los mandatarios de la región que cuenta con el porcentaje de aprobación más alta y que el «invierno» para el Ejecutivo ya pasó.

-El Presidente Sebastián Piñera empezó su gestión con un 60% de aprobación y hoy tiene un 45% según las encuestas. Algunos expertos sostienen que la baja se debe al deterioro de las expectativas, los errores no forzados y entre otras cosas, la negociación del salario mínimo. ¿Cuánto de esos factores considera que han influido?

-Un 45% de aprobación es muy bueno, sospecho que Piñera debe estar entre los Presidentes de América Latina mejor evaluados. En definitiva pasó el invierno, y fue duro, especialmente entre los meses de julio y agosto. Sin embargo, el gobierno logró pasarlo bien y el balance probablemente es positivo. Efectivamente pasó un momento malo y, que más allá de los errores en la nominación de ministros, tengo la impresión que el problema fundamental que ha tenido el gobierno, hasta ahora, es de expectativas económicas. A pesar de que la economía en términos macro económicos ha andado bien, la experiencia de las personas todavía no percibe esta mejoría económica.  Eso produce frustración y explica estos meses y últimas semanas en que el Presidente estuvo con más desaprobación que aprobación, pero en la medida que estas condiciones económicas empiecen a llegar a las personas esto va a mejorar.

A pesar de que la economía en términos macro económicos ha andado bien, la experiencia de las personas todavía no percibe esta mejoría económica».

-¿Se aproxima una primavera mejor que el invierno?

-Se aproxima una primavera más benigna. El gobierno sufrió, pero sobrepasó este periodo y en la medida que la economía empiece a llegar a las personas y estos proyectos se desarrollen veo muy buenas perspectivas para el futuro, no solamente en aprobación, sino en el corto plazo en proyecciones más hacia el mediano plazo.

-El Presidente partió con un 60% de aprobación, lo que implica que gente que no votó por él lo estaba respaldando. ¿Se puede volver a capitalizar ese apoyo?

-No, volver al 60% sería impensable, eso es propio de la luna de miel de las primeras semanas. De hecho, pasó con Bachelet en sus primeras semanas y con el mismo Piñera en su gobierno anterior. Eso es irrepetible. En su gobierno anterior, por ejemplo, solo en un momento llegó a esos niveles de aprobación y durante un mes que fue en octubre cuando rescató a los mineros de la mina San José. Eso fue un momento pero fue único e irrepetible. La Presidenta Bachelet lo tuvo al final de su primer gobierno cuando enfrentó la crisis económica financiera de 2008 y 2009, después durante su segundo gobierno solo lo logró durante las primeras semanas. Entonces no es alcanzable, pero eso no significa que el gobierno esté peor. Hoy, un gobierno con 45% de aprobación es realmente muy bueno en términos históricos chilenos y en términos comparativos internacionales también.

El problema fundamental que ha tenido el gobierno, hasta ahora, es de expectativas económicas».

-Sobre las figuras mejor evaluadas, el alcalde Joaquín Lavín aparece como un 73%. ¿Cómo lo explica?

-Él ha hecho una labor muy interesante en la alcaldía. Se están ubicando los competidores para lo que va a ser esta elección en tres años más, pero todavía es temprano. Pero también aparece Manuel José Ossandón y probablemente habrá otras alternativas.

-¿Lavín ya podría estar cimentando sus pasos a La Moneda?

-La posición de Lavín es muy interesante. También ha sido muy interesante lo que ha pasado con la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei y siempre está Andrés Allamand y Felipe Kast. Uno ya puede prever una primaria bastante nutrida y diversa. Y también en el otro lado ya se están posicionando las alternativas.

-Por el otro lado, están quienes tienen el menor porcentaje de aprobación, los senadores Álvaro Elizalde y Jacqueline Van Rysselberghe. Se ha atribuido al timonel socialista como uno de los gestores de la oposición «dura».

-También se asocia a un gran rechazo que hay por la política y por los partidos. Tanto Álvaro Elizalde como Jacqueline Van Rysselberghe son presidentes de partido y, hoy por hoy, eso es políticamente costoso. A la gente no le gustan los partidos, entonces los presidentes están afectados.

El Presidente necesita unos niveles de aprobación para darle forma a un gobierno en la cual enfrenta una minoría en el Congreso».

«Sería absolutamente absurdo pensar que la meta es volver a tener el 60%»

-El Mandatario volvió a subir en las encuestas, ¿significa que está retomando el control de la agenda pública?

-Naturalmente que una golondrina no hace verano, todavía está por verse cuán estable es esta aprobación que se está produciendo. Creo que se va a mantener e incluso va a mejorar en las próximas semanas, pero es algo que lo vamos a ver. Evidentemente, el Presidente necesita unos niveles de aprobación para darle forma a un gobierno que enfrenta una minoría en el Congreso. Porque si no tiene mayoría en el Congreso y tampoco tiene apoyo de opinión pública, entonces se le va a hacer muy difícil sacar su programa adelante. Es muy importante mantenerse en niveles de aprobación como el actual, es irreal y sería absolutamente absurdo pensar que la meta es volver a tener el 60%.

-En estos días se ha visto la actualidad marcada por temas de La Monedacomo el Plan Araucanía, la gira presidencial en Estados Unidos, la presentación de la Ley de Presupuestos, la reforma previsional y el fallo de La Haya. ¿Cuánto podría ser el impacto de estas iniciativas?

-Claramente esta primavera le marca una segunda etapa al gobierno que está marcada por estos desafíos. Son tremendas oportunidades. Si se plantean todos estos proyectos en forma atractiva podemos ver un gobierno muy fortalecido de aquí hasta finales del año. Incluso, la forma en cómo se presentó el proyecto por La Araucanía fue muy impresionante. La oposición no tiene una respuesta, no tiene una reacción, no es claro cómo podrían oponerse a algo sobre lo cual tampoco tienen ninguna propuesta alternativa.

Aprovechando la coyuntura de una oposición muy dividida y no estructurada, el gobierno ve una oportunidad que está tratando de aprovechar».

-¿Cómo debería abordarse para que finalmente termine siendo una ventaja?

-La estrategia elegida parece ser la de ir a todos los frentes: Araucanía, reforma tributaria, reforma a las pensiones, el presupuesto, que va a ser otro gran desafío para el gobierno. Tengo la impresión que eso significa tomar el control absoluto de la iniciativa parlamentaria, pero sobre todo, iniciativa política. El gobierno está retomando el control de la agenda que en algún momento se había perdido cuando hubo los conflictos con los ministros. Tengo la impresión de que el Presidente ha retomado ese control y lo ha hecho muy personalmente. Esa me parece que es la estrategia elegida y es la correcta, un gobierno que va a todos los frentes y que toma la iniciativa.

-¿Se puede tomar el control con un Congreso donde se es minoría?

Él tiene que hacerlo de manera tal que para la oposición sea muy caro bloquear todo. El Presidente está apostando a eso. ¿Por qué podría la oposición bloquear, por ejemplo, el proyecto de La Araucanía? Si lo hicieran probablemente sería muy costoso. En esa arremetida, y aprovechando también la coyuntura de una oposición muy dividida y no estructurada. el gobierno ve una oportunidad que está tratando de aprovechar.

Demanda de Bolivia: «Lo que suceda en La Haya va a ayudar a producir adhesión en torno al Presidente»

-Uno de los hitos que se viene es el fallo de La Haya este lunes. ¿Cuánto podría influir en el apoyo al gobierno?

-Históricamente lo que hemos visto es que estos conflictos internacionales tienden a producir unidad en torno a los presidentes, eso le pasó a Lagos, a Piñera y Bachelet. Se ha instalado una idea en la población chilena, que está avalada por la encuesta Bicentenario, de que somos víctimas de una especie de agresión de Bolivia y del Presidente Morales. No sabemos el fallo de La Haya, pero tengo la impresión que casi independiente de qué forma tenga, incluso en el evento de que se lea como poco favorable a Chile, eso produce adhesión en la figura del Presidente por esta «agresión». Se ha tratado como un tema de Estado y en general el efecto es positivo. Lo que suceda en La Haya va a ayudar a producir adhesión en torno al Presidente.

Incluso en el evento de que sea lea como poco favorable a Chile, el resultado definitivo, es que eso produce adhesión en la figura del Presidente por esta ‘agresión'».

Plan Araucanía y Alfredo Moreno: «Sería un capital político tremendo si este proyecto funciona»

-El lunes se presentó el Plan Araucanía. Se ha dicho que hay que extremar la prudencia para no despertar expectativas. ¿Ha habido un buen manejo?

Siempre el exceso de expectativas es una cosa peligrosa y el Presidente Piñera conoce bien eso. Fue un problema tanto en su primer gobierno como en el de ahora, el que las expectativas empiezan a jugarle en contra porque los plazos no son los que la gente espera. Hay que tener prudencia, pero no me pareció que lo que se anunció en el Plan Araucanía creara demasiadas expectativas. De hecho, no se promete nada muy concreto ni plazos muy definidos  No me parece que haya un exceso de exitismo en la forma cómo se anunció el proyecto, más bien una cierta prudencia que es un poco el estilo del ministro Alfredo Moreno, que es el que ha manejado y dirigido todo eso.

Si Alfredo Moreno logra crear un camino en el cual se avance y se logre disminuir la violencia y se integre un proceso, sería un logro político extraordinario».

-¿Podría este Plan, para el  ministro Moreno, ser una «prueba de fuego» o está en juego su posicionamiento político?

-El ministro Moreno se ha jugado por esto de una manera, hasta ahora bastante silenciosa, pero muy efectiva. Su presencia ha sido permanente en la zona, casi toda la semana y hoy día esto está dando frutos. Da la impresión de que este es su gran proyecto y probablemente su futuro político va a estar muy ligado al destino de esto, dado que es uno de los grandes conflictos del país. Si Alfredo Moreno logra, no solucionarlo porque eso sería exagerado, pero por lo menos crear un camino en el cual se avance y se logre disminuir la violencia y se integre un proceso, realmente sería un logro político extraordinario.

-¿Podría ser uno de sus primeros pasos pensando de aquí a cuatro años más?

-Desde luego. Si yo tuviera que hacer una lista de los posibles candidatos del sector, probablemente Moreno estaría en esa lista, no solo, pero sin lugar a dudas que sí. Sería un capital político tremendo si este proyecto funciona. 

«Una política de confrontación con la oposición probablemente habría sido más costosa para el gobierno»

-La oposición ha hecho sentir su mayoría en el Congreso. ¿Le ha faltado al Ejecutivo mayor capacidad para desenvolverse adecuadamente en las Cámaras?

-La relación con el Congreso ha estado bastante marcada por el estilo del ministro Blumel. Es un estilo dialogante, de buscar acuerdos, de insistir, no de presionar a través de los medios sino en el diálogo. Dentro de eso ha funcionado bastante bien. Una política de confrontación con la oposición probablemente habría sido más costosa para el gobierno que esta otra. Nunca va a ser fácil enfrentarse a un Congreso con mayoría opositora, pero ese estilo más dialogante aun con los conflictos que ha tenido, está siendo exitoso. Por ejemplo, con la aprobación que se logró con la Ley de Identidad de Género el gobierno ganó capital político dentro del Congreso, que lo va a usar ahora cuando tenga que aprobar sus propios proyectos.

La relación con el Congreso ha estado bastante marcada por el estilo del ministro Blumel. Es un estilo de buscar acuerdos, de insistir, no de presionar a través de los medios sino en el diálogo».

-¿Cuánto podría repercutir ahora que se viene la Ley de Presupuesto, la Reforma Tributaria? ¿Se podría reflejar ese «camino dialogante»?

-Creo que sí. Hay un diálogo que naturalmente favorece las expectativas del gobierno en lo que viene ahora y creo que esta estrategia de presentar esta batería, esta cantidad de cosas que vamos a ver en los próximos tres meses como el Presupuesto, Araucanía, las pensiones, creo que casi obliga a la oposición a negociar porque no puede transformarse en un muro que rechace todo. Sería un suicidio político para la oposición rechazar absolutamente todo y que el gobierno terminara el año sin haber logrado aprobar ningún proyecto.

La aprobación que se logró con la ley de identidad de género el gobierno ganó capital político dentro del Congreso».

-Se ha dicho que hay tres oposiciones, la DC, el Frente Amplio y, el PPD con el PS. ¿Cómo se podría rearmar esta oposición?

El gran problema de la centroizquierda y la izquierda chilena es justamente esta absoluta incapacidad que han tenido de institucionalizarse, de coordinarse, de tener una visión común y no lo han logrado prácticamente en nada, excepto cuando aparecen estos errores del gobierno como el caso del ex ministro Rojas que duró tan poco. El tema de los derechos humanos reaparece y eso logra juntarlos, pero es una cosa muy temporal, muy coyuntural. Como propuesta hacia el futuro la verdad es que no han estado de acuerdo en nada, ni en temas económicos ni en temas valóricos. No hay una oposición. La DC y el PR tampoco podríamos decir que es una unidad, coyunturalmente han votado juntos en algunos proyectos, pero no son una unidad. El PS y el PPD para qué decir. El PC es como una isla solitaria que no se sabe muy bien dónde está, si en lo que era la Nueva Mayoría o está más bien cerca del Frente Amplio. Es un verdadero archipiélago en el cual, el gobierno, si tuviera que hacer una mesa de negociación tendría que tener muchas sillas porque no hay una ni dos ni tres, sino que probablemente son siete u ocho oposiciones distintas. Esa es una cuestión que hace difícil la negociación, pero por otra parte evidentemente que le da una oportunidad tremenda al gobierno que la está aprovechando muy bien.

Sería un suicidio político para la oposición rechazar absolutamente todo y que el gobierno terminara el año sin haber logrado aprobar ningún proyecto».

-¿Eso mismo le ha costado una alta desaprobación? En la Cadem del 7 de septiembre, la ex Nueva Mayoría tuvo una aprobación del 19% y 62% de desaprobación.

-Les ha costado mucho a la oposición lograr una sintonía con la opinión pública, aparece como una acción muy orientada a la política, a sus propios intereses. Se están redefiniendo los liderazgos y ese es un proceso que toma un tiempo. Jackson, Boric, están ahí muy establecidos, pero también mirando las encuestas veo lo que está pasando con Heraldo Muñoz. Es interesante en ese sector lo que ha hecho Máximo Pacheco, que empieza también a formarse como una alternativa, pero son como movimientos que está como por fuera de los partidos. Esos liderazgos van a empezar a adquirir poder muy luego.

El tema de los derechos humanos reaparece y eso logra juntarlos (oposición), pero es una cosa muy temporal. Como propuesta hacia el futuro la verdad es que no han estado de acuerdo en nada».

-¿Pero en el caso de Muñoz puede ser que venga arrastrando una aprobación desde el gobierno anterior cuando era canciller?

-Heraldo Muñoz ha tenido un estilo, no sé si llamarlo dialogante, pero no ha aparecido como un factor extremo o agresivo. Él ha tratado de mantenerse cerca de su imagen de ex canciller y preocupado de los temas de Estado y eso lo ha salvado de este problema de los partidos. De hecho, no ha aparecido mucho en la discusión de los temas políticos que son los que la gente rechaza. Es una figura políticamente interesante para ese sector de la centroizquierda hacia el futuro. Si tuviera que poner un nombre ahí, sería probablemente él y Pacheco.

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