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Publicado el 06 de octubre, 2019

Pérez Yoma: «Mal haría el gobierno en creer que hay un segundo tiempo: nada ha cambiado»

Autor:

Mariela Herrera

El ex ministro y líder emblemático de la Democracia Cristiana es lapidario en su análisis post acusación. «El gobierno debe deponer su actitud triunfalista», señala. Advierte que «hoy la centroizquierda no existe» y que la «unidad por la unidad sin siquiera un esbozo de un programa común» es un incentivo muy débil. Pero separa alianzas políticas de estrategias para las elecciones de 2020: «Si no hay acuerdo electoral en la oposición, el oficialismo puede tener un triunfo arrollador».

 

 

Autor:

Mariela Herrera

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No se anda con matices, como un DC podría decir. El ex ministro y dirigente histórico de la Democracia Cristiana, Edmundo Pérez Yoma es lapidario en sus definiciones. Con el huracán de la acusación constitucional quedando ya en el pasado, el ex titular de Interior conversa con El Líbero para analizar qué se viene para el gobierno y para la oposición en los próximos meses.  Y explica cuál es su lectura de lo ocurrido en las últimas semanas. «No es un triunfo del gobierno y es una derrota de la oposición», señala de entrada despejando cualquier cuenta alegre que algún sector pueda estar sacando.

Sobre la unidad que se busca en la oposición es tajante: «No existe la centroizquierda hoy. Aquí hay un grupo de partidos de izquierda y unos partidos de centro. No se ha formado una coalición de centroizquierda porque no tenemos ningún propósito común».

Además, como ex embajador en Argentina y ex cónsul en Bolivia, analiza los desafíos presidenciales que se vienen en ambas naciones. Sobre el futuro representante en Buenos Aires, opina: «No puede ser un funcionario de carrera. Los argentinos aprecian que se les mande alguien políticamente probado».

-La oposición, en particular Guillermo Teillier planteó que la acusación constitucional era la “prueba de fuego” para el sector. Finalmente, no pasaron esa prueba. ¿Se marca un antes y un después?

-No creo que el resultado de la acusación constitucional sea un parteaguas en la oposición. Esta acusación fue impulsada por el Partido Socialista y desde un principio tuvo una acogida débil en los demás partidos. Hay una verdadera batalla ideológica en torno a la educación y es donde se expresa con mayor nitidez las diferencias entre la centro izquierda y la derecha. Eso fue así en el gobierno pasado y ahora lo es en este. Pretender resolverlo a través de un mecanismo como la acusación constitucional no era el camino. Haber cambiado la ministra no hubiera resuelto nada. Era un problema político y debió haberse resuelto como tal. Acá fue un fracaso sobre todo de la bancada socialista, que impulsó contra viento y marea esta acusación. No es ni un triunfo del gobierno y es una derrota de la oposición.

-En el gobierno se habla de comenzar “el segundo tiempo” ¿De qué manera cree que deberá enfrentar los desafíos que se vienen con las reformas previsional y tributaria?

-Mal haría el gobierno en creer que hay un segundo tiempo. A mi juicio nada ha cambiado. El gobierno no tuvo un triunfo porque no se puede llamar triunfo el haber mantenido una ministra. Fue derrota de quienes trataron de sacarla, pero de ahí sacar conclusiones como que ahora van a poder gobernar más tranquilamente porque tienen gente que se les unió a ellos, eso no es así, para nada. La acusación para muchos fue algo que no debió hacerse. El gobierno debe deponer esta actitud triunfalista y a veces belicosa que no lo lleva a ninguna parte. La única manera de sacar adelante sus proyectos es persuadir y tranzar. No tiene mayoría y por consiguiente no puede imponer el cien por ciento de sus ideas.

Si se quiere tener verdaderamente una aspiración de llegar al poder tienes que hacer necesariamente una coalición con el centro. Solo las coaliciones de centroizquierda pueden aspirar a ser competitivas y llegar al poder».

-¿Y la unidad que se buscaba en la oposición?

-La unidad siempre ha sido una vieja aspiración de las izquierdas en todas las partes del mundo. Esa unidad, algunas veces, ha logrado llegar al poder. Pero pocas veces. Si se quiere tener verdaderamente una aspiración de llegar al poder tienes que hacer necesariamente una coalición con el centro. Solo las coaliciones de centroizquierda pueden aspirar a ser competitivas y llegar al poder. Para poder lograr eso hay que estar dispuestos a ceder, a lograr acuerdos y tener, sobre todo, respeto por el otro, buscar terreno común. Eso se logra con actores mucho más sofisticados que lo que tenemos hoy día. Por ahora la unión de la oposición está igual que antes de la acusación. La idea de la unidad por la unidad, en la cual no hay no hay ni siquiera un esbozo de un programa común, de una idea fuerza que motive a todos, es un incentivo muy débil. El llamado de Teillier a que esto era una prueba de fuego resulta intrascendente en este contexto.

-¿Se constató que la centroizquierda ya “no puede pasar máquina”, que no es un bloque monolítico?

-Es que no existe la centroizquierda hoy. Aquí hay un grupo de partidos de izquierda y unos partidos de centro. No se ha formado una coalición de centroizquierda porque no tenemos ningún propósito común. Está el Partido Comunista, el Frente Amplio, el Partido Socialista y el PPD. Ese es un bloque que busca unidad, dicen que quieren unidad y hablan de la unidad por la unidad. Pero hay otros partidos de centro como el Partido Radical, la Democracia Cristiana en que a veces están por las posiciones de izquierda y a veces no. Lo que sucedió en la Concertación, que es lo que ronda en el imaginario pero que no existe hoy, es que se logró verdaderamente hacer una coalición centroizquierda en que había objetivos y estrategias comunes, y un deseo de hacer las cosas en conjunto. Con complicidades, cediendo unos y otros. Resultado: los mejores 20 años que Chile ha tenido en la historia reciente. Eso ya no existe, se acabó con el segundo gobierno de la ex Presidenta Bachelet y no se ha recompuesto y no se ve que se logre a corto plazo. Acá el problema fundamental lo tiene el Partido Socialista, que tiene que busca la unidad de todas esas izquierdas.

En el tema electoral sí que hay incentivos para actuar unidos para enfrentar una derecha que sí parece unida en este tema. Si no hay unidad de propósitos, el triunfo de Chile Vamos puede ser grande».

-¿Por qué el PS? ¿Por su tamaño y su historia? 

-Por el tamaño que tiene en la izquierda y por su peso histórico. Pero es bien difícil que se pongan de acuerdo, porque el Frente Amplio quiere comerse al Partido Socialista. Entonces, que no nos vengan a nosotros con el cuento de la unidad cuando el problema está allá. Si realmente queremos llegar a algún tipo de coalición lo primero que tenemos que ver es que las izquierdas tengan una aspiración común definida y después deberán buscar acuerdos con los partidos de centro.

-Todo esto está relacionado con políticas de alianzas y pactos electorales. ¿De qué manera la oposición debiera enfrentarse esta etapa?

-Las alianzas y pactos electorales corren por otro camino. Ahí hay una razón poderosísima para buscar acuerdos electorales, pero es una unidad para tener resultados electorales. De esa unidad que se logre, puede resultar el nacimiento de una nueva posibilidad de una coalición de centroizquierda. Ahora, si algunos partidos caen en la tentación de tratar de ser más dominantes, y que ojalá la DC desapareciera… lo que van a tener es nuevamente varios partidos de izquierda. Y la posibilidad de una coalición para poder llegar al poder va a seguir siendo lejana. En el tema electoral sí que hay incentivos para actuar unidos para enfrentar una derecha que sí parece unida en este tema. Si no hay unidad de propósitos, el triunfo de Chile Vamos puede ser grande. El ejemplo más claro es el de la elección de gobernadores, donde si no hay acuerdo en la oposición el oficialismo puede tener un triunfo arrollador.

 -Pero a la DC no se le va a “cobrar” el sentarse  a negociar con el PC, con el FA después de haber sido insistentes en marcar su “camino propio”?

-Es que es otro terreno. Y hay elecciones distintas, de concejales y gobernadores. La de concejales es una elección política local y es donde se mide la fuerza de los partidos. Ahí cada uno puede que quiera ir separado para medirse. No sería tan grave en concejales, pero si no se llega a acuerdo en gobernadores, eso sería fatal. Nos enfrentaríamos, la izquierda y el centro a una derecha unida y lo más probable es que todos los gobernadores pasen a ser de derecha.

-En el caso de los gobernadores, por ejemplo, ¿cómo el militante DC va a entender que en una región su partido se omita a favor, por ejemplo, del FA o del PS?

-Primero, los militantes son poquísimo y claro que cada uno querrá tener sus candidatos, pero están también los simpatizantes. Y espero que los partidos sean lo suficientemente inteligentes para explicarles que la unidad es necesaria para que la derecha no gane gobernadores. Es un incentivo demasiado poderoso.

La Democracia Cristiana desde un primer momento ha dicho que los proyectos del gobierno los analizará cada uno por separado en un espíritu de oposición constructiva».

-¿Cómo evalúa el rol de la Democracia Cristiana en esto? ¿Cree que mantuvo su perfil de camino propio, de identidad más de centro? ¿O no?

-La Democracia Cristiana desde un primer momento ha dicho que los proyectos del gobierno los analizará cada uno por separado en un espíritu de oposición constructiva. No hay acuerdo para hacer una oposición arrolladora en contra de todos los proyectos. Esta posición no ha tenido la comprensión de los demás partidos opositores, pero sí de algunos diputados del Partido Radical y de los independientes.

-¿Y ve auspicioso el futuro de la colectividad en lo electoral y en lo político con esta estrategia?

-Eso lo vamos a ver en las elecciones, es muy difícil predecirlo ahora. Lo que sí es claro es que cuando nosotros aceptamos y nos metimos irreflexivamente en la Nueva Mayoría -se ha reconocido que no se leyó bien el programa y la una justificación era que se pensaba que la NM podía ser una Concertación II- resultó ser fatal para la DC en términos electorales. En la Democracia Cristiana nunca va a haber unanimidad, se tienen mínimos comunes pero con miradas distintas ante un mismo problema. No se puede pretender que sea un partido monolítico. Me parece que la conducción de Fuad Chahin ha sido acertada, es un hombre joven, que no tiene miedo, bien parado. Pero la DC está conflictuada internamente, hay gente que si bien son súper democratacristianos, tienen ideas distintas.

-¿Se refiere a figuras como Francisco Huenchumilla, Yasna Provoste?

-Chahin empezó con el apoyo de dos o 3 diputados y hoy tiene el apoyo casi siempre de 12. Eso significa que sus ideas han hecho carne en los diputados. En los senadores no lo sé, lo vamos a ver en los proyectos que se deben analizar en la Cámara Alta, como la reforma tributaria y la previsional. Puede haber sorpresas porque todos los senadores democratacristianos han desarrollado personalidad muy fuerte cada uno. El resultado es incierto, no sé qué influencia pueda tener la mesa en ellos.

Embajador en Argentina: «No puede ser un funcionario de carrera. Los argentinos aprecian que se les mande alguien políticamente probado»

-Usted fue embajador en Argentina y conoce mucho la realidad política de allá. Alberto Fernández corre con ventaja, ayer se reunió con los máximos dirigentes empresariales. ¿Cuál es el escenario político ve en el país trasandino?

-Macri despertó una esperanza en Argentina increíble, hubo un alivio sobre todo en la clase media muy grande. Querían un gobierno sano, que enfrentara la corrupción, el ordenamiento de la economía. Lo visitaron muchos presidentes; recibió ayuda internacional. En general, el mundo entero se esperanzó con el gobierno de Macri. Tenía todo a su favor, pero no supo qué hacer con eso. Gobernó mal, tiene una inflación altísima, un índice de pobreza muy alto y con un defualt técnico. La gestión económica del gobierno de Macri no puede haber sido peor, a pesar que hoy se ven ciertos índices macro buenos. Puso los precios de algunas cosas más razonables, porque antes el agua prácticamente la regalaban. Pero no hubo gestión. 

Es una realidad muy distinta a Chile, es un país federal donde los gobernadores son muy poderosos. Los sindicatos están muy organizados, también son muy poderosos y tienen muchísima plata y con líderes corruptos. Y tienen gremios de empresarios muy poderosos, pero el empresariado argentino le gusta convivir con el gobierno, sea quien sea. Siempre buscan aranceles y subsidios especiales. Y en el caso de la corrupción que tuvo el gobierno de Cristina, mucha de la plata se originó a través de la empresa privada.

-¿Y qué cree que debiese pasar el 27 de octubre?

-Macri está tratando que haya un balotaje, o sea, que Alberto Fernández no le gane por más d 15 puntos. Si lo logra, eso de verdad es una nueva elección. No tengo predicciones, es muy difícil.  Y si triunfa Fernández habrá que ver cuánta será la influencia de Cristina en su gobierno.

-¿Cuál debiese ser el perfil del futuro embajador de Chile en Argentina?

-Claramente no puede ser un funcionario de carrera. Los argentinos aprecian que se les mande alguien políticamente probado, importante en Chile. Y tiene que ir para establecer relaciones con el gobierno y si es Fernández, tiene que ir dispuesto a establecer las mejores posibles relaciones con ese gobierno. Por consiguiente, no puede manda a alguien de la UDI, supongo yo. El ideal es que desde un comienzo José Antonio Viera Gallo hubiera aceptado quedarse, pero ya es muy difícil.

-También usted conoce la realidad boliviana. Fue cónsul en ese país. Evo Morales busca su cuarta reelección tras un plebiscito que fue criticado. ¿Cómo Chile debe mirar esas elecciones?

-Bajo el gobierno de Morales han pasado muchas cosas. Primero, sin ser un dictador ha estado muchos años en el poder; segundo, el crecimiento económico ha sido muy bueno. Pero ha usado artimañas para quedarse en el poder, hizo un plebiscito y le dijeron que se fuera y decidió quedarse… son cosas que a uno le preocupan que tarde o temprano empiece a tener ambiciones totalitarias, pero el resultado hoy es bueno. Y sus contrincantes no tienen la estatura política que él. Morales es un dirigente sindical muy vivo, entiende cómo funcionan las cosas, se ha entendido con todos. 

-¿Y sobre el tema marítimo? ¿Cambia el escenario?

-Eso va a seguir siempre.  Es parte parte del paisaje. Lo que sí consiguió Morales es algo que no había conseguido ningún otro presidente boliviano, que fue lograr que los chilenos que estaban por darle salida al mar a Bolivia cambiaran de opinión, hoy un 80% dice que no. Logró que los chilenos se aburrieran de él, de la demanda.

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