Publicado el 18 de agosto, 2019

Maduro pateó la mesa cuando se discutían condiciones para una elección, en el noveno proceso de diálogo en los últimos 17 años

Autor:

Emily Avendaño

Para los venezolanos no hay duda de que Nicolás Maduro utiliza el diálogo como una estrategia para ganar tiempo. El pasado 7 de agosto suspendió las conversaciones que mantenía con la oposición en Barbados, con el auspicio de Noruega, un día después de que sus voceros habían asegurado que se mantendrían las negociaciones. Por su lado, los representante del Presidente encargado Juan Guaidó insisten en que el chavismo se retiró cuando estaba sobre la mesa “un acuerdo serio y viable”. Analistas opinan que “el gobierno apuesta al desgaste de la oposición”. 

Autor:

Emily Avendaño

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La sexta ronda de negociaciones entre el chavismo y la oposición en Barbados nunca llegó a ocurrir. Estaba fijada para el jueves 8 de agosto y era la cuarta reunión que se iba a hacer en la isla entre los venezolanos, con el auspicio de Noruega. El martes 13 de agosto una delegación de ese país aterrizó en Caracas para tratar de destrabar las conversaciones. La visita fue fugaz. Ya el 15 se habían marchado. Su objetivo fue hablar por separado con las partes en disputa para retomar el diálogo suspendido por la “furia bolivariana”, en palabras de Nicolás Maduro, el 7 de agosto. El argumento utilizado por el chavismo fue que respondían al bloqueo total de los bienes de Venezuela en Estados Unidos, ordenado por el Presidente Donald Trump.

No obstante, Stalin González, vicepresidente de la Asamblea Nacional (el Congreso) y quien encabeza la delegación de la oposición dijo a los medios de comunicación: “Nosotros hicimos una propuesta. Está la pelota en la cancha del régimen”. Mientras en una declaración ofrecida días después señaló: “Ayer (el 14 de agosto) nos reunimos con los noruegos y quienes se levantaron de la mesa corriendo cuando entramos en materia fue la delegación del régimen”. 

Ese mismo día, el canciller venezolano Jorge Arreaza también admitió que los representantes de Maduro tendrían contacto con la misión que visitó Venezuela. Afirmó que el proceso “seguramente” será retomado “con un mecanismo repensado”.

A solicitud de los mediadores noruegos existe mucho hermetismo por parte de unos y otros delegados sobre los puntos en discusión en la mesa de negociación. En principio se habló de una agenda con seis temas. Para la oposición cualquier acuerdo debe incluir la realización de elecciones limpias, transparentes, con garantías y observación internacional. Mientras el régimen de Maduro solicita que se levanten las sanciones económicas que pesan contra altos funcionarios del gobierno. 

Trascendió que cuando Maduro pateó la mesa justamente la propuesta que estaba planteada eran las condiciones para una elección, tema en el que había cierto avance; mientras no se había llegado a un acuerdo con respecto a la salida de Maduro para una eventual realización de esos comicios; pero el chavismo dejó intempestivamente las negociaciones. 

Solo cuando se suspendió el diálogo se supo que fue una decisión de “último momento”. El mismo Maduro en sus declaraciones del 7 de agosto reconoció que sus delegados se encontraban ya en Barbados cuando él tomó la determinación de no seguir.

La vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez y el propio Arreaza -que asiste a las conversaciones- habían dicho que continuarían. “La instrucción del Presidente Nicolás Maduro ha sido mantenernos a toda costa en esta mesa de negociación a favor del diálogo y del encuentro», aseveró Rodríguez en una conferencia rueda de prensa el 6 de agosto. Un día después Maduro cambió de opinión.

“Maduro gana tiempo levantándose de la mesa”

Entre los analistas venezolanos hay coincidencia en que Maduro no tienen ningún ánimo de negociar, aunque no dudan, como ya adelantó Arreaza, que retomarán las conversaciones. 

“El gobierno va a hacer siempre todo lo necesario para ganar tiempo. En esta oportunidad ganan tiempo levantándose de la mesa. No estando en ella. Es decir, esta fue una jugada inteligente del sistema que encabeza el señor Maduro porque a toda costa tienen que tratar de aumentar la cantidad de tiempo que permanecen en el poder”, opina Daniel E. Varnagy, académico de la Universidad Simón Bolívar (USB) y doctor en Ciencia Política. “Si bien yo no creo que de las negociaciones se logre que ellos salgan del poder. No se quieren arriesgar a cambiar absolutamente nada del esquema hegemónico que tienen. Así que buscan una excusa para levantarse de la mesa”, agrega.

En una línea similar se encuentra Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) quien subraya que “lo que hace el régimen después de que EE.UU. declara un bloqueo es reaccionar parándose de la mesa tratando de ver si eso le funciona para que le retiren el bloqueo o le hagan alguna concesión, si esto no sucede, lo predecible es que el régimen va a volver a la mesa porque gana más estando en la mesa que no estando. Gana más porque gana tiempo, porque en el tiempo que pasa en la negociación el gobierno apuesta, con razón o sin ella, al desgaste de la oposición, a que las expectativas de la oposición se reduzcan y Juan Guaidó tenga menos apoyos, y que al final la negociación no llegue a ninguna parte”.

En los últimos 17 años, Venezuela ha experimentado nueve procesos de diálogo. El primero ocurrió entre octubre de 2002 y mayo de 2003, con la participación de César Gaviria, entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del ex Presidente de EE.UU. Jimmy Carter, tiempo que aprovechó Chávez para consolidarse antes del referéndum revocatorio en 2004, pues fue cuando comenzó a implementar las llamadas “misiones sociales” con participación cubana. 

En 2003 se conformó un grupo interpalarmentario con 30 legisladores de Estados Unidos y de Venezuela, conocido como Grupo de Boston. Su accionar terminó en 2005, cuando la oposición se negó a participar en las elecciones legislativas de ese año, asegurando que no estaban dadas las condiciones. En 2012, Chávez llamó al que había sido su oponente en las elecciones presidenciales de octubre de ese año Henrique Capriles. Le propuso un «diálogo genuino» con todos los sectores de oposición. Tampoco sucedió nada. 

En 2013 ocurrió la primera conversación entre el gobierno y la oposición ahora con Maduro sentado en la silla presidencial -fue electo en abril de ese año, tras la muerte de Chávez el 5 de mazo-. Maduro recibió en el Palacio de Miraflores a 68 alcaldes y a dos gobernadores de la oposición. En esa oportunidad hasta abrió un buzón digital para que los alcaldes enviaran sus peticiones. Esto tampoco trascendió. 

En 2014 tras una oleada de manifestaciones hubo tres reuniones entre abril y mayo hasta que finalmente la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática decidió pararse de la mesa en rechazo a la arremetida contra los estudiantes que mantenían campamentos de protesta en el municipio Chacao y que dejó a 243 detenidos en una sola madrugada. Ese año, además, hubo 43 fallecidos durante las protestas. 

Con el impulso de Unasur, hubo nuevas conversaciones en 2015. Llegaron a Caracas los cancilleres de Ecuador, Colombia, Chile, y el actual secretario general de la OEA Luis Almagro. Nada sucedió. Más tarde se une a esta iniciativa el Vaticano. Tampoco hubo resultados en esto que ocurrió en 2016. En esa oportunidad, la oposición cedió y retrocedió en la convocatoria a una marcha que harían hasta el Palacio de Miraflores, pero no obtuvo nada a cambio del gobierno. 

A finales de 2017 se relanzó el diálogo, esta vez en República Dominicana y con la intermediación de Heraldo Muñoz, que era Ministro de Relaciones Exteriores de Chile. Ese año hubo más de 100 muertos y más de cinco mil detenciones en protestas contra Maduro. “Cuesta dialogar con Maduro. Siempre hay buen trato, pero a la hora negociar desconoce los acuerdos logrados incluso con sus propios asesores”, dijo más tarde el ex canciller sobre su participación en ese proceso. 

El último y aún vigente es la conversación en Barbados. 

“Los diálogos no sirven por varias razones. En primer lugar porque el chavismo implantó un sistema hegemónico. El chavismo y el madurismo son sistemas no democráticos, por lo tanto no hay ninguna razón para pensar que van a usar los mecanismos que ellos mismos abolieron para regresar al sistema más democrático y eso ha quedado muy claro en 17 años de negociación”, señala Varnagy.

“Ningún diálogo implica cambio. De hecho, al contrario, diálogo implica continuidad”

Para Alarcón, “el gobierno dice que quiere negociar, pero en el fondo no quiere, porque esta mesa trata sobre la entrega del poder, con elecciones, con renuncia, como sea… El gobierno está tratando de conseguir otras cosas en la mesa: una reducción o una pausa de las sanciones”, argumenta.

Después de las últimas sanciones de EE.UU., Maduro llamó a reunir 13 millones de firmas contra las medidas y amenazó con castigar a los “traidores a la patria” que apoyan este bloqueo financiero, empezando por Juan Guaidó, reconocido como Presidente encargado de Venezuela por más de 50 países.

El viernes, la Asamblea Nacional de Venezuela emitió un nuevo comunicado en el que insisten en que “el régimen no está interesado en encontrar una solución que le ponga fin al sufrimiento de los venezolanos”. Recalcan: “Colocamos una propuesta sobre la mesa, un acuerdo serio y viable. Nos mantenemos dispuestos a defender a nuestra gente en el terreno que nos toque”. 

El director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB afirma que si la oposición no tiene otras estrategias no le queda más que hacer que mantenerse en la mesa. “La oposición también puede estar tratando de ganar tiempo para poder hacer otras cosas. O puede estar en la mesa porque está convencido de que va a poder hacer presión suficiente para llegar a un acuerdo… Si la oposición mañana se para de la mesa con las manos vacías y además no tiene nada más qué hacer después de levantarse. evidentemente habrá pagado un costo muy alto por haberse quedado sin ningún resultado. ¿Cuál sería ese costo? La gente se va a poner crítica. Otros van a decir ‘nosotros lo dijimos, sabíamos que no iban a llegar a ningún lado’ y evidentemente todo eso tiene un costo, al menos político, importante para la oposición”.

Además, plantea que en este momento las “alternativas distintas” no dependen de la oposición, sino de terceros, por ejemplo, la acción militar o las mismas sanciones.

En este punto, para Varnagy, “da exactamente igual” si la oposición retoma o no el diálogo “de cara al venezolano de a pie, al que no tiene dinero para comprar comida, que no tiene dinero para comprar medicinas, para la sociedad civil el efecto pragmático de esa negociación es nulo. No tiene importancia si hay o no diálogo porque ningún diálogo implica cambio. De hecho, al contrario, diálogo implica continuidad”.

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