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Publicado el 03 de marzo, 2019

La caída del Muro de Berlín y las grietas de Maduro, las semejanzas políticas y sociales de ambos procesos

Autor:

Emily Avendaño

Venezuela está cercada. No por un muro físico como el de 155 kilómetros de extensión que separó a alemanes orientales y occidentales durante 28 años. Sin embargo, el pasado 23 de enero el mundo evidenció cómo Maduro cerró sus fronteras, con Colombia y con Brasil, para no permitir el ingreso de la ayuda humanitaria: 300 heridos y 4 fallecidos –todos de la etnia Pemón– fue el saldo de víctimas de ese día. El país petrolero experimenta un deterioro de la calidad de vida de sus habitantes como el que experimentaron quienes vivían en la Alemania comunista. Allí el éxodo fue anterior a la construcción del Muro de Berlín, mientras que 10% de la población venezolana ha emigrado en los últimos años de su nación.

Autor:

Emily Avendaño

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El Muro de Berlín cayó gracias a una gran movilización popular. El 9 de noviembre de 1989 miles de berlineses orientales se agolparon en los pasos fronterizos a lo largo de la pared, en cuestión de minutos. Acababan de escuchar al secretario de Información y Propaganda, Günter Schabowski, decir que las restricciones migratorias iban a terminar “con efecto inmediato”. Este año se cumplen 30 años de ese hito de la historia. Una épica que en Venezuela intentaron emular, sin éxito, el fin de semana del 23 de febrero.

La muralla venezolana era más metafórica que literal, pero se materializó en la forma de un camión y dos contenedores soldados a la estructura del Puente Binacional de Tienditas, ubicado en la frontera entre Colombia y Venezuela. Alambres y barreras de metal impedían físicamente el paso entre las dos naciones. También en la presencia de funcionarios de seguridad del Estado parados detrás de escudos y dispuestos a disparar bombas lacrimógenas para evitar el paso de la ayuda humanitaria; y en los grupos de civiles armados que amedrentaron a cualquiera que se atreviera a manifestar en los pueblos fronterizos de Venezuela el pasado fin de semana. La diputada venezolana en el exilio, Gaby Arellano, denunció que las viviendas de dirigentes opositores están siendo marcadas “con signos de amenazas” por grupos irregulares en el estado Táchira.

Según reportó la agencia internacional de noticias EFE, después de que Colombia reabriera el Puente Internacional Simón Bolívar –principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela–, continuó el bloqueo por el lado de Venezuela. La orden de Nicolás Maduro fue que su cierre era por tiempo indefinido. El miércoles amaneció con dos contenedores de carga, uno azul y otro naranja, que obstruyen el tránsito por el centro de la estructura que comunica la ciudad colombiana de Cúcuta con la venezolana de San Antonio.

El Muro de Berlín, que en sí mismo era un obstáculo, estaba plagado de amenazas para quienes intentaran traspasarlo. Era de hormigón armado y medía 3,75 metros de altura. Estaba protegido por alarmas, alambres de púas, campos minados, trincheras para evitar el paso de vehículos y más de 300 torres de vigilancia. Sus 155 kilómetros de extensión eran prácticamente infranqueables. Perecieron entre 136 y 206 personas en el intento de cruzarlo. 5.000 lograron su objetivo y unos 3.000 resultaron detenidos.

Comparar el Muro de Berlín con el caso venezolano amerita guardar las distancias, sobre todo históricas. Sin embargo, hay elementos que llevaron a la caída del muro que se podrían equiparar con algunos de los hechos que atraviesa ahora el país petrolero. Comenzando por el éxodo.

La construcción del muro fue una respuesta poco ortodoxa a la fuga de cerebros que experimentó la República Democrática Alemana (RDA). Tras el final de la II Guerra Mundial, Alemania resultó dividida. Por un lado, estaban las antiguas potencias aliadas: Estados Unidos, Francia y el Reino Unido (República Federal Alemana, RFA). Por el otro, la URSS (RDA). De acuerdo con la revista National Geographic, “se calcula que durante las 2 décadas posteriores a la división, más de 3 millones de personas cruzaron hacia el oeste en busca de prosperidad”. En muchos casos se trataba de personal calificado que se trasladaban al Berlín Occidental buscando mejor calidad de vida. La respuesta de la Alemania comunista fue erigir, sin previo aviso, la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, la pared o, como le denominó la RDA, “el Muro de Protección Antifascista”.

De vuelta al presente, la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur, reportó el 19 de febrero que la suma de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo venezolanos asciende a 3.377.252 personas hasta enero de 2019 (el 10% del total de la población venezolana). Algunos expertos califican este movimiento de masas como “el mayor de Latinoamérica en los últimos 50 años”. Un estudio presentado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), adscrito a la ONU, en octubre de 2018 reveló que la población venezolana entrevistada para el sondeo a su ingreso a Chile se caracteriza por tener una alta calificación académica, con un 63% de profesionales.

“Entre 2017 y 2019 el volumen de muertes infantiles a causa de la crisis alcanzará 20.000 fallecimientos en menores de un año”

Alejandro San Francisco, profesor de la Universidad Católica y la U. San Sebastián y director de Formación del Instituto Res Pública, explica que “el elemento fundamental de unidad entre ambos procesos es que representan una revolución socialista o marxista. Tanto Alemania Oriental, como la Venezuela de Chávez y de Maduro y en ese sentido son equivalentes”.

Subraya que la gran diferencia está en el tiempo histórico. “En los ochenta había una gran división a nivel mundial entre los partidarios de los socialismos reales o el comunismo; y los partidarios de las democracias occidentales. Hoy no se advierte eso y prácticamente todo el mundo, o la comunidad internacional en general, está en contra de la dictadura de Nicolás Maduro y son muy pocos los países que se alinean detrás de él. Detrás del Muro de Berlín no solo estaba Alemania Oriental, sino también Hungría, Polonia, la Unión Soviética con todos sus satélites, Checoslovaquia, etc. Había un ambiente que era radicalmente distinto”.

Venezuela también perdió 3,5 años en la esperanza de vida al nacer, algo asociado a las condiciones de desarrollo y bienestar de la población. Solamente los países de la Federación Rusa durante la crisis de disolución de la Unión Soviética o Camboya luego de la guerra tuvieron una situación similar, lo que indica cuán grave es la situación”, afirmó Anitza Freitez, directora del  Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello

Desde el punto de vista social, las poblaciones de ambas naciones vieron mermar su calidad de vida. La URSS se enzarzó en una carrera armamentista con Estados Unidos para ganar la llamada “Guerra de las Galaxias” o Iniciativa de Defensa Estratégica impulsada por Ronald Reagan, el programa presentado en 1983 estudiaba la tecnología necesaria para establecer un escudo que permitiera anular cualquier ataque soviético. Rusia destinaba 40% de sus recursos a gastos militares y bajó la inversión en agricultura. Comenzaron a escasear los alimentos y el gas tan necesario para el invierno.

“Lo que uno puede leer en la historia y la literatura alemana denota que hay una calidad de vida que efectivamente es peor y eso se nota especialmente cuando cae el Muro de Berlín y Alemania se unifica. Hay prácticamente dos Alemanias en un mismo país. Una mucho más pobre que la otra y con menos condiciones de vida en materia de gas, de acceso a los alimentos. Por otro lado, Alemania destinaba muchos recursos al espionaje, a la policía, estaba la famosa Stasi. Tenía muchos recursos invertidos o gastados en el aparato burocrático del partido”, explica San Francisco.

Detrás del Muro de Berlín no solo estaba Alemania Oriental, sino también Hungría, Polonia, la Unión Soviética con todos sus satélites, Checoslovaquia, etc. Había un ambiente que era radicalmente distinto”, dice Alejandro San Francisco, director de Formación del Instituto Res Pública.

Aquí hay otro paralelismo con Venezuela. En el país gobernado por Maduro incluso se redujo 3,5 años la expectativa de vida. “Nuestros estudios estiman que entre 2017 y 2019 el volumen de muertes infantiles a causa de la crisis alcanzará 20.000 fallecimientos en menores de un año. Venezuela también perdió 3,5 años en la esperanza de vida al nacer, algo asociado a las condiciones de desarrollo y bienestar de la población. Solamente los países de la Federación Rusa durante la crisis de disolución de la Unión Soviética  o Camboya luego de la guerra tuvieron una situación similar, lo que indica cuan grave es la situación”, afirmó Anitza Freitez, directora del  Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, durante la presentación el miércoles de la encuesta de condiciones de vida ENCOVI.

El estudio además reveló que en los últimos tres años la pobreza multidimensional alcanzó a la mitad de los hogares venezolanos (51%), mientras 80% de las familias está en riesgo de inseguridad alimentaria, debido a que 90% de la población no tiene ingresos suficientes para comprar alimentos.

“Si cayó el Muro en Berlín también finalizará el período chavista-madurista”

Gorbachov desmontó el comunismo desde adentro. En 1987, de espaldas a la Puerta de Brandenburgo, Reagan lo increpó: “Secretario General Gorbachov: si usted busca la paz, la prosperidad para la Unión Soviética y para la Europa del Este, si persigue la liberalización, venga a esta puerta. Señor Gorbachov, derribe este Muro”.

Pero el líder norteamericano no era el único en esta cruzada, el Papa Juan Pablo II y el Movimiento Solidaridad en Polonia, fundado por Lech Wałęsa también desempeñaron un rol crucial.

Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela, ha contado con el apoyo de la comunidad internacional en el proceso. Más de 50 naciones democráticas lo reconocen como mandatario interino –incluida Chile–, además de la Organización de Estados Americanos.

No obstante, para San Francisco el punto de unidad entre ambos procesos en la movilización popular: “En el caso de Venezuela ha sido bastante grande en los últimos tiempos, en el caso alemán fue creciente en el último año (1989); una diferencia sustancial es que en Alemania no tenemos elementos de medición de oposición y partidarios de la dictadura. En Venezuela sí lo tenemos, que es la última elección de 2015 de la Asamblea Nacional o Poder Legislativo, donde la oposición obtuvo casi el 60% de los votos superando ampliamente a los partidarios del socialismo del siglo XXI”.

La pared o el “muro de la vergüenza” en este caso recae en las fuerzas armadas. “Esto en Venezuela permanece abierto. Muchos dicen que se le acerca la hora de la caída a Nicolás Maduro, pero la verdad es que eso es imposible de saberlo. Maduro tiene dos cosas que juegan a su favor: uno es que tiene el poder real y la voluntad de conservarlo, en eso no ha cedido ni un minuto y lo segundo es que tiene el apoyo de las fuerzas armadas y esa doble situación le lleva a conservar el poder a pesar de su falta evidente de legitimidad política y también de la falta de apoyo ciudadano”, dice San Francisco.

Agrega que hay que tener paciencia pues es difícil avizorar salidas a corto plazo: “En el caso de Alemania Oriental y también de Polonia y otras sociedades, el año 89 se produjo una gran movilización popular pacífica que, en la práctica, logró doblarle la mano al poder y se produjo una especie de caída de los sables o los fusiles que no fueron capaces de reprimir la voluntad popular que se sublevaba. Era muy difícil parar la voz de un pueblo que se levanta. Es probable que en ese proceso haya alguna enseñanza para la situación que vive Venezuela hoy”.

Una periodista venezolana en el exilio escribe un grupo de WhatsApp, un medio por el que se informan los venezolanos ante la censura: “En el Parque Berlín de Madrid están estos restos del Muro de Berlín, como un recordatorio de lo que no debería volver a suceder. Si cayó el Muro en Berlín también finalizará el período chavista-madurista. No se desanimen. Tengamos fe”.

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