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Publicado el 19 de abril, 2019

Justo Pastor Mellado sobre incendio de Notre Dame: “No hay accidentes”

Autor:

Bastián Garcés

El agregado cultural de Chile en Francia plantea que tras lo ocurrido en la catedral parisina “tenemos la certeza de que lo que considerábamos más seguro y estable se quebró, y que la vida es así de frágil”. Sobre el proceso que viene, señala que “tiene que ver con las políticas de restauro, con los memoriales, con el trato que tenemos de las ruinas. En definitiva, con la memoria histórica, que es así como se va construyendo”.

Autor:

Bastián Garcés

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“Nadie lo podía creer, porque son cosas increíbles”, relata el agregado cultural de Chile en Francia, Justo Pastor Mellado, sobre el incendio que el lunes afectó a la catedral de Notre Dame en París, siniestro que significó que la aguja más característica del edificio se derrumbara producto de las llamas, además de una cuantiosa pérdida patrimonial.

En conversación con El Líbero, el también curador de arte, comenta que el incendio generará una política de respuesta por parte de la autoridad francesa, que deberá enfocarse en la “arquitectura, la gestión de donaciones, las relaciones entre lo privado y lo público y en los criterios de intervención”.

Si bien descarta la hipótesis de un atentado -pese a que algunos medios en Europa han informado de una serie de ataques que han sufrido iglesias en Francia en los últimos días-, Mellado plantea que el incendio no fue un accidente. Señala que como la construcción estaba siendo restaurada “queda en una situación de desprotección pese a que se tomen todas las decisiones que los protocolos señalan para estos efectos”.

-¿Cómo vivió el incendio de la catedral de Notre Dame?

-Estaba en mi oficina y recibí llamados de amigos que viven en el entorno y que me contaron horrorizados que acababan de percibir una llama naciente en la base de la aguja, a la media hora eso estaba convertido en un incendio feroz. Nadie lo podía creer, porque son cosas increíbles. Eso tiene que ver con el acongojamiento, ¿por qué el asunto es tan inconcebible? Porque es un asunto político-filosófico. El miércoles, el diario Libération sacó una editorial en el que se menciona un párrafo de Hannah Arendt sobre la arquitectura en el que dice que “la realidad y la solidez del mundo humano descansa sobre todo en el hecho de que vivimos rodeados de cosas que son más durables que la acción que las ha producido, más durables en potencia que la vida de sus propios autores”. Cuando consideramos que el símbolo de lo durable se desploma, hay una gran catástrofe a nivel simbólico porque tiene que ver con una arquitectura durable. ¿Qué es lo que pide un filósofo-político respecto del Estado? Que dure, la estabilidad, la solidez, la consistencia. Notre Dame representa la consistencia rica y contradictoria de la historia de Francia durante 800 años.

-No solamente eso, usted ha mencionado que la catedral está relacionada también con la historia de Occidente.

-Si uno piensa en la historia política directa e historia de Occidente y la cristiandad. La catedral es un enunciado teológico de piedra, lo que fundamenta las rosetas, los vitrales, una teoría de la luz divina, en donde el edificio pasa a ser un mediador, un modular de un mensaje divino y evangélico.

-Usted dice que hay un duelo en París que no se nota pero se siente, ¿por qué?

-La cantidad de gente que se va a agolpar al Boulevard Saint-Michel, cerraron el acceso al metro que está al frente de Notre Dame, está todo el mundo mirando. Algunos se ponían a cantar mientras miraban el incendio, era muy conmovedor ver eso, la gente mientras veía lloraba y cantaba. No es una cuestión de morbo sino que es una gran consternación. Tenemos la certeza de que lo que considerábamos más seguro y estable se quebró, y que la vida es así de frágil. Este incendio de la catedral te habla de esa fragilidad, y ese sentimiento de fragilidad es un sentimiento colectivo.

La catedral es un enunciado teológico de piedra, lo que fundamenta las rosetas, los vitrales, una teoría de la luz divina en donde el edificio pasa a ser un mediador, un modular de un mensaje divino y evangélico”.

-¿Por qué cuando hay un proceso de restauración una obra está en su estado más frágil?

-Es un asunto más técnico porque el edificio queda en una situación de desprotección pese a que tomes todas las decisiones que los protocolos te señalan para estos efectos. A lo que apunto yo es que acá no hay accidentes, ni suscribo a la hipótesis -que nadie lo ha dicho- de que esto sea un atentado, simplemente digo que no hay un accidente, eso quiere decir que en algún lugar es probable que no se haya cumplido ciertos protocolos mínimos, pero tampoco podría acusar a nadie si recién se está iniciando la investigación sobre las causas del siniestro. No se ha dicho nada y no se sabe, lo que te digo es lo que técnicamente uno presume. Paradojalmente por restaurar una cosa para mejor, se pone en riesgo lo que se va a conservar, hay una cierta merma. El otro lado del asunto, es el sentido histórico que tiene, entre las cuestiones netamente patrimoniales y las históricas.

-¿Por qué realiza esta división?

-La histórica es muy interesante porque todo gran edificio de esta envergadura, con esta carga de pasado, tiene una historia “histórica”, valga la redundancia. La fachada no es de 1300, es muy posterior, se fue construyendo y agregando cosas, hubo cambio de materialidades en algunos momentos. Un edificio o catedral de estas características no es un montón de piedra inerte, es una piedra cargada de historia, con suciedad, con grasa, con hollín y ahora con el efecto de la lluvia ácida. Todo eso que la amenaza significa que uno va tomando decisiones de protección, que históricamente en un edificio así, implica hacer algunos cambios. Tiene cosas del siglo XIX, más del siglo XVI, XVIII y la aguja es de mediados del XIX, pero esta fue tomada de una que había sido destruida para la Revolución Francesa, pero aquí viene el problema patrimonial que es que la gente diría que esto tiene que volver a ser tal cual como era y eso no existe. ¿Idéntico a qué? ¿A la catedral del siglo cuánto? ¿Idéntico a ahora? En ese caso, tienes que aceptar que hay una pérdida patrimonial importante y que eso se restituye. Hay dos casos ejemplares. La catedral de Orleans que se destruyó en la Primera Guerra Mundial y para su reconstrucción se utilizó cemento, y está la catedral de Chartres en 1836 y su armazón fue reconstruido en fierro.

Lo extraordinario es que efectivamente hay un duelo, en relación a algo que no es una catedral sino que es un elemento aglutinante del elemento francés, ni siquiera en términos identitarios sino que hay un imaginario”.

-La aguja es del siglo XIX y se plantea la posibilidad de su reconstrucción, pero el material obviamente no será el mismo. ¿Cómo influye ese factor?

-Hay que tomar decisiones de política cultural, esto abre un gran debate en el seno de la comunidad patrimonialista. Hay gente que está de acuerdo con una hipótesis y otras, con otra. También está la carta de Venecia que implica respetar la mayor semejanza posible, pero ¿quién define estos niveles? Hay situaciones que combinan el sentido común, la historia y una decisión política, y que también apuntan a asegurar condiciones de durabilidad de la pieza. Es un debate con elementos que la autoridad francesa va a tener resolver y así lo están planteando, como un debate. Lo que más podemos seguir es cómo se está haciendo el debate.

-En su columna usted dice que hay que estar atentos para “seguir la consistencia de una política de respuesta”…

-Es una respuesta en el terreno de la arquitectura, en la gestión de donaciones, de las relaciones entre lo privado y lo público, a los criterios de intervención y todo eso se está tomando en consideración en vivo, mientras los bomberos se aseguran que no haya rebrotes y que el edificio esté en condiciones de protección. Por lo que se dice en los periódicos y lo que he escuchado en entrevistas, hay una gran preocupación profesional, política y financiera.

Paradojalmente por restaurar una cosa para mejor, se pone en riesgo lo que se va a conservar, hay una cierta merma”.

-¿Cómo este hecho tiene una dimensión política?

Lo que pasa es que nosotros tratamos de vivir falsamente en un limbo, toda decisión cultural es, finalmente, un decisión de política y en el mejor sentido. Cuando Hannah Arendt habla de arquitectura en esos términos está hablando de política y cultura.

-¿Qué puede aprender Chile de este debate que se está generando?

-Creo que la más interesada y la que está más apegada a esto es la Ministra de Cultura, no solamente está apenada y acongojada por la noticia, sino que también está preocupada de seguir al paso el desarrollo del debate.

-¿Sirve como una lección para el país?

-De todas maneras porque tiene que ver con las políticas de restauro, con los memoriales, con el trato que tenemos de las ruinas. En definitiva, con la memoria histórica, que es así como se va construyendo. Lo extraordinario es que efectivamente hay un duelo, en relación a algo que no es una catedral sino que es un elemento aglutinante del elemento francés, ni siquiera en términos identitarios sino que hay un imaginario. Se dispararon las ventas de la novela de Victor Hugo “Nuestra Señora de París”, eso quiere decir que el paisaje urbano está modulado también por el arte, por la literatura. Vivimos en una sociedad que se llama artializada, convertimos en paisaje aquello que el arte nos permite convertir en paisaje o nos obliga a convertirlo, es un paisaje cultural-simbólico.

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