Actualidad Informativa es presentado por:
Publicado el 26 de septiembre, 2018

Jaime Ravinet y La Haya: «Tiene una extraordinaria creatividad, aun a riesgo de generar verdaderos mamarrachos jurídicos»

Autor:

Jaime Ravinet

Chile jamás debió haber aceptado concurrir el 2013 a ese tribunal. Porque en el caso de Perú, obviamente su fallo no fue jurídico.  En el juicio con Bolivia, cualquiera sea la elucubración que se haga, la consecuencia es que busca modificar el tratado de 1904.

Autor:

Jaime Ravinet

Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

La Corte fue creada por las Naciones Unidas y por mandato de su estatuto, ese tribunal debe promover la paz y la seguridad internacional. De allí, que no sea un tribunal que falla en estricto derecho -que en lo internacional es de por sí, discutible, cambiante y evolutivo- sino que su tarea es buscar satisfacer a las partes y asegurar la paz regional y mundial, como primera prioridad.

 

Por tanto, no es equivalente a un tribunal penal en Chile, o civil, o de Policía Local que falla con un código en la mano. La Haya es un tribunal arbitral que busca dejar a las partes lo suficientemente contentas o no tan descontentas, de modo que el fallo sea digerible para ambas partes y así no escalar a una guerra o a conflictos armados que alteren la paz y la seguridad internacional.

 

Eso hace que la Corte de La Haya tenga una extraordinaria creatividad, aun a riesgo de generar verdaderos mamarrachos jurídicos como el que hicieron en el caso de Nicaragua versus Colombia. Allí estaban en cuestión las islas de San Andrés, donde Colombia ha ejercido soberanía por siglos. Sin embargo, el fallo de La Haya determinó que las islas son de Colombia y el mar que las rodea de Nicaragua. ¡Fantástico!, se puede acceder solo mediante helicóptero.

 

En el fallo del Perú, valida en forma tácita los tratados del 52 y del 54, pero por arte de birlibirloque, dice que el paralelo llega solo hasta las ochenta millas. ¿Por qué las ochenta millas? Porque así dejaba contento al Perú, y las doscientas millas le permiten además integrar ese famoso triángulo internacional que reclamaba.

 

La Haya es un tribunal arbitral que busca dejar a las partes lo suficientemente contentas o no tan descontentas, de modo que el fallo sea digerible para ambas partes y así no escalar a una guerra o a conflictos armados que alteren la paz».

 

Chile jamás debió haber aceptado concurrir el 2013 a ese tribunal. Porque en el caso de Perú, obviamente su fallo no fue jurídico.  En el juicio con Bolivia, cualquiera sea la elucubración que se haga, la consecuencia es que busca modificar el tratado de 1904. Y en virtud del Pacto de Bogotá, firmado por veintidós países en 1948 en esa ciudad, decidieron que la Corte de La Haya sería competente solo para conocer los conflictos a partir de esa fecha. De los veintidós países que suscribieron dicho Tratado, ya quedan catorce. Incluso Colombia, el país anfitrión, se retiró.

 

La observación de incompetencia

En el caso de Bolivia, presentamos la observación previa y fracasamos. Pero ¡oh sorpresa! Chile la celebró inicialmente con gran alegría, y de manera transversal en política, lo que no deja de ser curioso. De la derecha a la izquierda, todos contentos, porque el fallo quedaba acotado a que la negociación que nos podía obligar la Corte era sin resultado preestablecido (numeral 33 del fallo). ¡Qué gran victoria! Pero, para quienes hemos leído y estudiado el fallo, fue Bolivia la que reculó, porque se dio cuenta que si buscaba modificar el tratado de 1904, podía triunfar la tesis chilena. De esta manera, en sus alegatos, contradiciendo la memoria y sus primeros escritos, Bolivia enmendó su posición inicial y, en vez de to reach, es decir, alcanzar un acuerdo, lo cambió por: to negociate, esto es, negociar.

 

Es decir, lo que se celebró como gran triunfo chileno, no fue otra cosa que una retirada estratégica de Bolivia, que fue validada por la Corte. En su fallo, en el numeral 34 es clarísima: la litis quedó fijada en la siguiente oración: “Si Chile tiene o no la obligación de negociar de buena fe una solución soberana al mar Pacífico para Bolivia”. Al respecto, nada nos hace predecir que la Corte pueda cambiar los términos  del objeto de la litis, pero podría, porque no tiene ninguna restricción para ello.

 

Lo que se celebró como gran triunfo chileno, no fue otra cosa que una retirada estratégica de Bolivia, que fue validada por la Corte».

 

¿Qué hacer, ahora, en vísperas del fallo? Lo que es obvio: esperar y evaluar sus alcances una vez conocido. Chile ha sido claro en  reiterar que ninguna resolución de la CIJ lo puede obligar a una cesión soberana de territorio.

 

Sin hacerme ninguna ilusión y sosteniendo la incompetencia de la CIJ para pronunciarse directa o indirectamente sobre el tratado de 1904, para mí, el fallo ideal, sería un llamado a ambos países a restablecer negociaciones directas y bilaterales para resolver así sus diferencias, lo que difícilmente pondrá fin a las tensiones con Bolivia, ya que por mandato de su Constitución vigente, los obliga a buscar una salida soberana al Pacífico.

 

*Jaime Ravinet, ex ministro de Defensa

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: