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Publicado el 19 de noviembre, 2019

Izikson (Cadem): «Hay que entender el cambio constitucional como una cuestión simbólica»

Autor:

Magdalena Olea

El gerente de Asuntos Públicos y Estudios Cuantitativos de Cadem plantea que «la calle» ha bajado tras el acuerdo constitucional -aunque se mantienen focos más selectivos de violencia-,  pero no descarta su resurgimiento. Señala que «hay una generación nueva que va a polarizar Chile, quizás de forma más profunda que el eje izquierda-derecha».

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Magdalena Olea

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«Hay que entender la idea del cambio constitucional no como una cuestión concreta, sino como una cuestión simbólica», señala Roberto Izikson.  El gerente de Asuntos Públicos y Estudios Cuantitativos de Cadem abordó, en La Mirada Líbero en Agricultura, la última encuesta que publicaron y las proyecciones de la crisis.

Según el especialista, hoy la ciudadanía comienza a «visibilizar los efectos negativos que tienen las movilizaciones y la violencia en a economía», de ahí que haya bajado el apoyo a estas (de 71% a 54%). Pero advierte que el gobierno debe ser claro en el paquete de medidas que implementará para «inyectar recursos suficientes para enfrentar el desempleo, la alta inflación, la falta de inversión». De no ser así, las masivas movilizaciones podrían resurgir cerca del plebiscito de abril para una nueva Constitución.

-El lunes se publicó la última encuesta Plaza Pública Cadem, que mostró que un 67% evalúa de forma positiva el acuerdo entre el oficialismo y la oposición. También arrojó otros datos, por ejemplo, que el 60% prefiere que la Constitución sea cambiada solo por ciudadanos electos y que un 35% prefiere que sea por Convención Mixta Constitucional. ¿Qué significa todo esto, a un mes y un día desde el estallido social y anti social del 18 de octubre pasado?

Lo importante de esta encuesta es que muestra dos cosas que me gustaría resaltar. El nivel de acuerdo con una nueva Constitución en esta semana fue de un 82% que no es muy distinto a la primera vez que lo habíamos medido, en marzo de 2015, que era más o menos de un 77%. Lo primero es que el nivel de acuerdo con la necesidad de una nueva Constitución ha estado siempre presente de forma muy transversal y mayoritaria en la opinión pública en general, para la derecha y para la izquierda. Lo que cambió, que también lo muestra esta encuesta, es la prioridad de una nueva Constitución. Cuando tu preguntas cuáles son los temas a los que debería dedicar mayor esfuerzo el gobierno, nueva Constitución o reforma constitucional aparece como la primera prioridad en primera mención. En mayo de 2019, cuando el CEP lo preguntaba, era la prioridad número 15. Lo que nos dice eso es que cuando en 2016 el programa de gobierno de Bachelet trató de impulsar una nueva Constitución, que tenía un alto acuerdo, más de 77%, bajó desde la élite hacia abajo y no encontró espacio en la opinión pública, que consideraba que había otras prioridades más relevantes como educación, salud. (…). Hoy los ciudadanos leen que para poder combatir las desigualdades y el costo de la vida y para poder recuperar la confianza en el poder, el camino es este nuevo pacto social que se llama nueva Constitución. Y ese cambio de prioridades, que lo llevó de la prioridad 15 a la número uno, o tres, es lo que llevó a este acuerdo que vimos en la madrugada del viernes.

Una Constitución no va a resolver problemas del costo de la vida, ni en principio, problemas de desigualdad. Hay otras herramientas que tienen que ver con las políticas públicas, el rol del Estado, la Agenda Social, que van a ayudar a reducir desigualdades y generar oportunidades».

-Se ha dicho que una nueva Constitución no va a corregir necesariamente los problemas sociales ni las demandas de la gente. ¿Entonces por qué se ha convertido en una prioridad actual, cómo se explica eso?

-Hay que entender la idea del cambio constitucional no como una cuestión concreta, si no como una cuestión simbólica. Es un símbolo para iniciar un nuevo proceso, la gente lo que te dice es que necesitan un nuevo pacto social y Constitución para un nuevo Chile mejor… Ahora, hay que tener cuidado, los próximos gobiernos, y es un rol de la política desde el día de hoy, en cuidar la expectativas. Porque esta crisis es producto de expectativas, de las expectativas que teníamos de ser un país desarrollado, y que si efectivamente vivías en Renca y Maipú y educabas y te endeudabas para llevar a tus hijos a la educación superior, ibas a poder ser de clase media alta. Esa era la expectativa que había y que se derrumbó… Y por lo tanto, hay que cuidar las expectativas que vamos a crear con la nueva Constitución, porque efectivamente sabemos que no va a resolver problemas del costo de la vida, ni en principio, problemas de desigualdad. Hay otras herramientas que tienen que ver con las políticas públicas, el rol del Estado, la Agenda Social, que van a ayudar a reducir desigualdades y generar oportunidades.

La calle, después del acuerdo constitucional, ha bajado mucho, y lo que tenemos más bien son focos limitados de movilización y también focos más selectivos de violencia».

-¿Cómo ha evolucionado, en general, la opinión pública durante este mes de protestas y violencia en Chile? ¿La gente que aprueba los destrozos, las quemas como método de protesta?

-Lo que pasaba las primeras tres semanas era muy complejo para el gobierno, de alguna manera las personas se habían dualizado, estaban en contra de la violencia, pero a favor de las evasiones masivas; en contra de la violencia pero al mismo tiempo en contra de que carabineros pudieran usar lacrimógenas o balines. De alguna manera la violencia terminaba legitimándose para poder conseguir cambios, y eso pasaba mucho en la generación más joven, que se preguntaban que cuándo se había hecho cambios sin violencia… De alguna manera la violencia se legitimaba y al gobierno le costaba mucho separar orden público de descontento social. Lo que ocurrió el lunes o martes de la semana pasada cuando vuelve a explotar la violencia, generó un antes y un después, que de hecho, llevó a que el nivel de acuerdo con que continúen las movilizaciones cayera de un 71% a un 54%, casi 15 puntos menos, y alcanzara el desacuerdo de forma muy significativa. Lo que termina pasando es que se empiezan a visibilizar los efectos negativos que tienen las movilizaciones y la violencia en a economía. (…) La calle, después del acuerdo constitucional, ha bajado mucho, y lo que tenemos más bien son focos limitados de movilización y también focos más selectivos de violencia.

-¿Cree que esto irá descendiendo cada día más a lo largo del tiempo, o podría haber un repunte, que por ejemplo, las consecuencias económicas, la pérdida de trabajos y de negocios termine desencadenando un nuevo descontento social?

-Creo que no podemos descartar ese escenario, porque lo que acaba de ocurrir es una desactivación de la movilización, producto del acuerdo constitucional y producto del impacto económico, sobre todo en la clase media y baja que ha visto cómo saquearon sus locales y se vieron afectados por esto. Luego, desde comienzos de diciembre hasta marzo se va a empezar a visibilizar y comunicar con mucha mayor claridad los efectos que tuvo la crisis sobre la economía, por lo que no es descartable pensar que en marzo, en abril podríamos tener un rebrote de movilizaciones masivas, producto de los efectos económicos, salvo que el gobierno esté preparando ahora un plan claro para poder financiar la agenda social, que permita inyectar a la economía recursos suficientes para enfrentar el desempleo, la alta inflación, la falta de inversión.. y ese plan no está nada de claro, porque el gobierno se quedó en la Agenda Social, que costaba mil 200 millones de dólares y que no dejó satisfecho a nadie.

Acá hay una generación nueva que tiene una forma y estructura de pensar y ver la política completamente diferente a las personas mayores de 35, que va a empezar a polarizar a Chile, quizás de forma más profunda y significativa de lo que polariza el eje izquierda derecha».

-Sobre los mecanismo para modificar la Constitución, un 60% prefiere la fórmula mediante el 100% de ciudadanos electos, 67% prefiero que sea sobre una hoja en blanco, es decir, cambiar totalmente la actual Constitución y redactar una nueva, versus tomar como base la Constitución actual. Un 83% está de acuerdo con el plebiscito de entrada y un 57% con el quórum de dos tercios. ¿Qué le parece eso?

-Es la pregunta más importante, es la que va a marcar de alguna manera la polarización de la política de aquí hasta abril al menos. Un 60% está por la asamblea constituyente, digamos las cosas como son, 100% de ciudadanos electos. Un 35% está con el mix, pero lo más interesante de esa pregunta no es el resultado global, si no qué es lo que pasa por grupo. Siete de cada 10 jóvenes, entre 18 y 34 años, está de acuerdo con la asamblea constituyente, y en los mayores de 55 años incluso supera el mix 50/50 a la asamblea constituyente.

-O sea es muy fuerte el factor generacional…

-Eso es lo que quiero marcar, las diferencias políticas de quienes se identifican con la derecha o izquierda son evidentes, y ya conocidas. Pero lo que está pasando o los efectos de esta movilización es que aquí hay una polarización generacional que queda de manifiesto en el mecanismo, pero ya había quedado de manifiesto con haber declarado estado de emergencia, o con la legitimación de la evasión masiva. Acá hay una generación nueva que tiene una forma y estructura de pensar y ver la política completamente diferente a las personas mayores de 35, que va a empezar a polarizar a Chile, quizás de forma más profunda y significativa de lo que polariza el eje izquierda derecha.

-Respecto de lo que viene para adelante. ¿Considera que este pacto por la paz social y una nueva Constitución tiene la capacidad de cambiar el clima de la opinión pública y de volver hacia, por ejemplo, una normalización de la vida cotidiana?

-Tiene el potencial, en la medida en que veamos señales concretas, y de nuevo, que la política no se empiece a enredar y hacer trampa con los dos tercios, la carta blanca, que eso no lo entiende nadie. Hay que tratar de mantener el espíritu de unidad, llegar a acuerdo lo más rápido posible y que esté claro el procedimiento, pero luego también hay que cuidar el proceso del otro factor que decíamos, del económico, porque de alguna manera lo que puede terminar ocurriendo es que pasemos hacia un proceso de nueva Constitución, con un plebiscito en abril, pero que esté completamente contaminado por los efectos económicos de corto plazo que va a tener esta crisis, y que el gobierno va a tener que saber contener y encauzar porque, o si no, podemos tener un rebrote de movilizaciones días previos, por ejemplo, al plebiscito.

 

Versión adaptada de entrevista radial

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