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Publicado el 28 de septiembre, 2018

Issa Kort: Chile y Bolivia… ¿La Haya será el puente o el río?

Autor:

Issa Kort

¿Tendrá Evo Morales la responsabilidad de asumir y reconocer la derrota a sus pretensiones soberanas? ¿Estará Evo Morales dispuesto a reconstruir relaciones diplomáticas formales con Chile? ¿Dejará de mentir sobre Chile y sus autoridades?

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Issa Kort

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Chile es un país que por su ubicación geográfica tiene una condición insular que se convierte en un desafío para nuestros Gobiernos de integración con el resto del mundo.

 

Luego del proceso de Independencia, vino una etapa de ajustes de nuestros límites que terminó con el uso de las fuerzas cuando no cabía la razón o el diálogo. Por nuestra frontera nortina no hubo, justamente, acuerdo de palabras y se llegó, en 1879, a desatar la Guerra del Pacífico entre Bolivia, Perú y Chile. El año 1883 fue el término del conflicto bélico, sin embargo, fue recién en 1904 donde se llegó a la firma de un Tratado de Paz con Bolivia que definió los límites, fronteras y condiciones que ambos países debían cumplir. Este tratado fue aprobado además por los respectivos Congresos Nacionales.

 

Sin lugar a dudas, a partir del año 2006 (22 de enero) con la llegada del líder cocalero Evo Morales a la Presidencia de la República, se inicia una creciente arremetida verbal y comunicacional en contra de Chile».

 

Chile comparte frontera solo con tres países: Argentina, Perú y Bolivia. Junto con compartir límites, coincidimos en cultura, idioma e historia común. Esa cercanía nos hace ser pueblos hermanos, por lo que, como en toda familia, hay severas diferencias que nos deben llevar a construir relaciones fraternales y no fratricidas. El día de hoy, Chile tiene relaciones diplomáticas formales solo con dos de estos tres países: Argentina y Perú.

 

Cada gobernante empezó a comprobar que ante situaciones de crisis políticas internas, el usar argumentos anti-chilenos daba frutos en un pueblo que se unía en contra de un adversario común».

 

La relación bilateral con Bolivia merece un punto aparte. El tratado de 1904 logró definir fronteras y obligaciones, pero no consiguió generar la cicatriz para una herida abierta y profunda que deja toda guerra. Bolivia renunció perpetuamente a su salida soberana al Océano Pacífico. A cambio de eso, Chile debía asegurar acceso a los puertos establecidos para la salida de productos bolivianos.

 

Los distintos gobiernos altiplánicos fueron culpando progresivamente a su condición mediterránea la falta de progreso y desarrollo. Por lo tanto, y de manera indirecta, responsabilizaban a Chile de su condición. Cada gobernante empezó a comprobar que ante situaciones de crisis políticas internas, el usar argumentos anti-chilenos daba frutos en un pueblo que se unía en contra de un adversario común. A mediados del siglo XX, entre 1947 y 1950, se iniciaron las primeras conversaciones entre ambos gobiernos, las cuales resultaron infructuosas.

 

Durante la segunda mitad del siglo XX, y al estar ad portas de conmemorar el centenario de la Guerra del Pacífico, se produjo uno de los puntos de encuentro más cercanos entre ambos países: el Abrazo de Charaña, del 8 de febrero de 1975, entre los Generales Hugo Bánzer y Augusto Pinochet. Este acuerdo buscaba producir un intercambio territorial. Sin embargo, los resultados concretos son que no hubo acuerdo y se mantuvo en estricta ejecución y vigencia el Tratado de 1904. Luego de este encuentro se han mantenido inclinaciones y disposición al diálogo por parte de los distintos gobiernos democráticos que sucedieron al Régimen Militar chileno, sin embargo nunca más se mostró la opción de modificar la soberanía territorial de Chile.

 

Morales reconoce que el tema le rinde frutos políticos internos y son el salvavidas a su paupérrima gestión en resultados concretos».

 

La primera década del siglo XX ha sido la más álgida en presiones por parte de Bolivia. Sin lugar a dudas, a partir del año 2006 (22 de enero) con la llegada del líder cocalero Evo Morales a la Presidencia de la República, se inicia una creciente arremetida verbal y comunicacional en contra de Chile. Se hacen acusaciones injustificadas y el clima fraternal que podría construirse entre ambos gobiernos se descarta de plano. Morales reconoce que el tema le rinde frutos políticos internos y son el salvavidas a su paupérrima gestión en resultados concretos. No solo se hacen ataques transversales a políticos chilenos, sino que se construye una campaña internacional de desprestigio en contra de Chile en organismos internacionales multilaterales y con Jefes de otros Estados en distintos continentes.

 

El Punto de No Retorno

El 13 de junio de 2013 se inicia “el punto de no retorno”. Evo Morales lleva a Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya pidiendo expresamente “una salida soberana al Mar” para Bolivia. Sin embargo, el 15 de julio de 2014, Chile presentó una “objeción preliminar” lo que significa un cuestionamiento a la competencia de la CIJ. Este recurso fue resuelto por la propia Corte el 24 de septiembre de 2015, en cuyo fallo se establece, con claridad, que el juicio continúa específicamente para resolver la “obligación de Chile a negociar de buena fe”, pero descartando de plano cualquier aspecto de soberanía por estar resuelto en el Tratado de 1904, con anticipación a la creación de la misma Corte y el Pacto de Bogotá que entrega competencia ante estos tribunales para ambos países.

 

Durante los alegatos finales de los agentes y abogados representantes de Bolivia, se refirieron a Chile como “el carcelero” de Bolivia».

 

Es así, como continuó el juicio de manera mucho más acotado que las expectativas de Bolivia y fijando su competencia en la forma y no en el fondo. Han sido 5 años en donde Evo Morales ha demostrado su ambición política e irresponsabilidad diplomática en las relaciones bilaterales con Chile. De manera inédita, y muy cuestionable, ha ocupado el Tribunal de La Haya como una plataforma multilateral con un solo objetivo: capitalizar políticamente en su persona un conflicto del siglo XIX y la falta de oportunidades para un pueblo empobrecido en el siglo XXI. Durante los alegatos finales de los agentes y abogados representantes de Bolivia, se refirieron a Chile como “el carcelero” de Bolivia…

 

Evo Morales ha construido un gran “Castillo de Arena” para el pueblo boliviano. Convirtió su ambición en una obsesión. Transformó una imagen en una quimera. Prometió soberanía en la costa chilena para Bolivia y no la tendrá.

 

De manera inédita, y muy cuestionable, ha ocupado el Tribunal de La Haya como una plataforma multilateral con un solo objetivo: capitalizar políticamente en su persona un conflicto del siglo XIX y la falta de oportunidades para un pueblo empobrecido en el siglo XXI».

 

Los posibles escenarios son tres: 1) Acoger la demanda de Bolivia. 2) Rechazar la demanda de Bolivia. 3) Planteamiento intermedio propuesto por la CIJ.

 

El punto 3 puede ser el más probable. Si se nos mandata a “Negociar de buena fe, sin obligación de resultado” sería un escenario bastante realista y confirmaría la actitud que ha tenido Chile desde la segunda mitad del siglo pasado. Todos los gobiernos chilenos han tenido la inclinación a dialogar con Bolivia. Todos han querido generar mejores relaciones bilaterales. Todos los gobiernos han actuado con la responsabilidad de representar los intereses y objetivos comunes de un país que no mira como enemigo a un pueblo hermano, pero que tampoco puede aceptar las ofensas y mentiras de un Gobernante.

 

Todos los gobiernos chilenos han tenido la inclinación a dialogar con Bolivia. Todos han querido generar mejores relaciones bilaterales».

 

El próximo lunes, a las 10:00 (hora chilena), se iniciará la lectura de un fallo histórico con implicancias de futuro. ¿Tendrá Evo Morales la responsabilidad de asumir y reconocer la derrota a sus pretensiones soberanas? ¿Estará Evo Morales dispuesto a reconstruir relaciones diplomáticas formales con Chile? ¿Dejará de mentir sobre Chile y sus autoridades?… Eso no lo podemos responder ahora.

 

Lo que sí podemos ver con claridad y orgullo es que Chile tiene un sentido de Estado que se vio reflejado en el Palacio de La Moneda ante la convocatoria del Presidente Sebastián Piñera a todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria. Somos capaces de dejar de lado nuestras legítimas diferencias y estar unidos ante una postura clara y defendiendo nuestra soberanía e integridad territorial.

 

El próximo lunes 1 de octubre de 2018 sabremos si La Haya será «el puente» o «el río» entre dos países destinados a ser hermanos y vecinos por siempre…

 

*Issa Kort, diputado. Miembro la comisión de Relaciones Exteriores

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