Publicado el 22 de diciembre, 2019

Isidro Solís, figura emblemática del PR: «La convivencia democrática se está rompiendo de una manera grave»

Autor:

Mariela Herrera

El ex ministro de Justicia considera que los valores de «tolerancia y democracia» hoy no existen en el Partido Radical. Un hecho que se demostró con la renuncia de dos diputados de la colectividad tras ser reprochados por no apoyar la acusación constitucional contra el Presidente Piñera. «En la política chilena se está viviendo un fenómeno que es muy parecido al de las barras bravas», sentencia.

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«El país está a la deriva porque su clase política ha fallado», dice Isidro Solis, ex ministro de Justicia del primer gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet; ex subsecretario de la administración de Ricardo Lagos, y figura emblemática del Partido Radical, donde ha ocupado diversos cargos.

Dedicado a su estudio jurídico, Solís mira «con dolor» la renuncia que presentaron a la colectividad los diputados Fernando Meza y Carlos Abel Jarpa, otros históricos de la tienda. La decisión la tomaron luego de recibir el reproche del PR por no haber apoyado la acusación constitucional contra el Presidente Sebastián Piñera, libelo impulsado por el Partido Comunista y una parta del Frente Amplio. A esto se suma que el partido también condenó el actuar del diputado Pepe Auth que votó de la misma forma que los ahora ex radicales Meza y Jarpa.

En conversación con El Líbero, Isidro Solís realiza un descarnado análisis de la situación de la colectividad en donde ha militado por 50 años y advierte sobre el polarizado ambiente que se vive hoy en la política. «Provengo de una generación que ya vio una ruptura de toda la amistad cívica (…). Ahora es volver a ver cómo resurgen estos elementos de intolerancia, de agresión, de falta de deseo de seguir siendo parte de la misma comunidad».

-Dos diputados emblemáticos del Partido Radical, Fernando Meza y Carlos Abel Jarpa, decidieron renunciar al partido luego de que su colectividad les reprochara no haber apoyado la acusación constitucional contra el Presidente Piñera. ¿Qué opina de esta situación?

-Es una sensación de pena, yo tengo prácticamente 50 años de militancia en el partido. Jamás me fui habiendo sido mayoría a veces, minoría en otras ocasiones, dirigente o simple militante. Nunca sentí la necesidad de dejar el partido básicamente porque siempre tuvo, en su esencia, el valor de la tolerancia para discutir, y de la democracia para resolver las diferencias. Y ver una situación hoy en que dos autoridades importantes, dos diputados que renuncian al partido porque no sienten que haya adentro un clima en el cual se pueda seguir conviviendo, es una situación muy dolorosa.

-¿Y cree que esos valores de tolerancia y de democracia ya no existen en el PR y más bien hay un bullying por quien vota distinto a lo que opina el otro? Además en el caso de la acusación ni siquiera había una decisión oficial del partido sobre cómo enfrentarla.

-En general hoy en la política chilena se está viviendo un fenómeno que es muy parecido al de las barras bravas. En que la política no se hace en torno a ideas, y por lo tanto, no se hace en torno a discusiones y consensos sino que se hace en torno a alineaciones automáticas de sectores que se definen a sí mismos no por lo que piensan sino por lo que piensan sus contrarios. Y creo que eso también está pasando con el Partido Radical. Es difícil entender que un partido se sienta con la libertad de sancionar a parlamentarios por el voto emitido cuando ese mismo partido no tuvo la preocupación de fijar una política sobre el punto, y de darles instrucciones precisas a sus parlamentarios respecto de lo que debían hacer, como un elemento que, a lo menos, a esos diputados los hubiera obligado a ponerse en contra de una posición definida por el partido. Pero cuando no se dan el trabajo de definir una política, sino que reaccionan después, solo para calificar lo que no les gusta, es una mala forma de hacer política.

Provengo de una generación que ya vio una ruptura de toda la amistad cívica (…). Ahora es volver a ver cómo resurgen estos elementos de intolerancia, de agresión, de falta de deseo de seguir siendo parte de la misma comunidad».

-¿Ve a un Partido Radical o a una centroizquierda presionada, «tironeada» por las fuerzas que están más a la izquierda?

-No sé quién tironea a quién. Pero hay una reflexión que me gustaría hacer. En general, los partidos sobreviven con dos condiciones: la primera, es que deben tener una vitalidad social, es decir, representar los intereses de algún sector específico de la sociedad; y en segundo lugar, deben tener una mínima densidad cultural que les permita elaborar proyectos y propuestas que sirvan como un marco de construcción del país que quieren. Cuando uno no es capaz de identificarse claramente frente al país, con esos dos elementos, lo que normalmente pasa, es que desaparece.

-¿Y su partido hoy no tienen esos elementos, vitalidad social y densidad cultural?

-Yo estoy mirando desde fuera porque me negué a asumir en el comité ejecutivo nacional en la última elección producto de los vicios que había visto en el proceso electoral. Por eso es que en este tiempo he mirado al partido desde la galería y tengo la impresión de que el PR lleva mucho tiempo en silencio y no es capaz de plantear frente al país cosas distintas a consignas bastante vacías, genéricas, y tampoco son capaces de darle conducción al país hacia algún lugar.

-Cuando la semana pasada se votó en el Senado la reforma constitucional, solo hubo tres votos en contra, uno de ellos del ex candidato presidencial de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier. ¿Cómo explica eso? Además el PR fue el primero en apoyar su candidatura…            

-Hoy en la política uno ve una actividad con un escaso nivel de reflexión, con liderazgos que no son capaces de captar realmente lo que el país quiere; no es extraño que estemos viviendo un fenómeno de una potencia impresionante que logró sacar a millones de personas a las calles y que nadie sea capaz de representar. El país está a la deriva porque su clase política ha fallado. Tengo la impresión que hoy el  Congreso trata de ponerse al día reaccionando de una manera encomiable -pero después de que el país prácticamente se paralizó- tratando de construir un camino. Y en ese camino uno ve avances, retrocesos, pequeñeces. Pero claramente la clase política chilena no ha dado el tono para poder conducir al país.

La gente que se sentía representada por el Partido Radical lo más probable es que busque otro lugar donde expresarse».

-Hace unos días el ex senador, ex ministro y ex presidente del PR, José Antonio Gómez, planteó que había que llevar al Presidente Piñera a tribunales internacionales. ¿Es eso parte de la esencia del PR?

-En política todas las opiniones son legítimas, eso no quiere decir que tengan la razón. Que una persona exprese su opinión está bien, por muy equivocado que sea. El Partido Radical siempre ha tratado de ser un partido de la moderación y eso está o estaba muy presente… a estas alturas ya no sé el tiempo verbal que debo usar. Esa naturaleza del PR le permitía representar a un tipo de ciudadanía, lo que se denomina las capas medias, los sectores mesocráticos de esta sociedad que siempre trataron de ampliar los círculos de democracia y libertad. Y cuando uno pierde los valores que representa, lo que termina perdiendo es la representación popular que tenía.

-Al ver el reproche que le hizo el Partido Radical al diputado Pepe Auth, el sacarlo de la comisión de Hacienda; la renuncia de los dos diputados, ¿cree que los valores de tolerancia y de democracia a los que usted se refería no están presentes hoy en el Partido Radical?

-Así es. Y eso va a tener un castigo. Y el castigo va a tener un sentido muy práctico, va a ser que la gente que se sentía representada por el PR lo más probable es que busque otro lugar donde expresarse.

-Hace unos años el PR buscaba tener una alianza con la DC cuando eran dirigidos por Ernesto Velasco y por Ignacio Walker, respectivamente. ¿Hoy se siguen ubicando en el centro o lo ve más polarizado? ¿Y de ser así pierde su electorado?

-Eso lo van a responder las próximas elecciones. Las personas que son constituidas en autoridad, la facultad que tienen es la de decidir. Pero en política casi todas las decisiones son una apuesta. Las actuales autoridades del Partido Radical que dicen que ese es un buen camino están en su derecho, pero si la apuesta es correcta o no, lo sabremos en las elecciones.  Si están equivocados lo más probable es que la base electoral del Partido Radical sufra mucho y el partido termine empequeñeciéndose y volviendo a una situación que, por lo menos la gente de mi generación, creíamos haberla rescatado en los últimos 15 años.

-Lo que ocurre en su partido se suma a las crisis que se viven en otras colectividades, votaciones enmarcadas en medio de agresiones incluso entre los mismos parlamentarios, insultos de asesores, funas… ¿Cómo califica ese marco para un proceso constituyente?

-La política democrática requiere mucho respeto, mucha amistad cívica, pero además requiere mucha confianza. Se trabaja sobre la base que uno puede pactar cosas y la palabra empeñada se va a cumplir. Tengo la impresión de que la convivencia democrática se está rompiendo de una manera bastante grave. Provengo de una generación que ya vio una ruptura de toda la amistad cívica. A lo mejor quedamos marcados de una manera excesiva y competimos errores porque esa marca nos condicionaba. Pero ahora es volver a ver cómo resurgen estos elementos de intolerancia, de agresión, de falta de deseo de seguir siendo parte de la misma comunidad. No sé cómo va a terminar esto, pero no me cabe duda de que para Chile eso va a ser extraordinariamente nocivo. No va a ser inocuo.

-¿Y el proceso constitucional en sí, que ya comenzó la semana pasada con la aprobación de la reforma en el Congreso que permite el plebiscito de abril del próximo año? 

-Lo que está haciendo Chile en estos momentos es un fenómeno mundial. En las escuelas de Derecho te enseñan que las constituciones son el estatuto del vencedor. Siempre expresan los valores de quien emergió de la revolución que acaba de terminar, de la guerra civil que acaba de terminar, del golpe de Estado que acaba de terminar.. siempre el vencedor es quien hace la Constitución. En Chile siempre fue así, nunca fueron democráticas. La del 25 vino después del alzamiento del 24, el estatuto constitucional de 1812 tampoco y en 1833 hubo dos constituciones autoritarias. Entonces, es una cosa curiosa lo que está haciendo Chile ahora y hay que mirarlo con mucha atención y tratar de generar una Constitución genuinamente democrática. Lo calle dijo “no estoy contento con la Constitución y quiero otra”.

Lo que hacen las constituciones es construir un estatuto de garantías en que la mayoría no aplaste a la minoría y la minoría tenga una forma de gobierno dado por la mayoría. Por lo tanto, nadie va a ganar todo».

Se está trabajando en un proceso constitucional que supuestamente traerá, como producto, una Constitución que nos dé satisfacción a todos. Pero eso no es así, porque las constituciones son per sé, estatutos contramayoritarios porque son un sistema de garantías. Las constituciones normales, no estoy hablando de la de Venezuela, lo que hacen es construir un estatuto de garantías en que la mayoría no aplaste a la minoría y la minoría tenga una forma de gobierno dado por la mayoría. Por lo tanto, nadie va a ganar todo, acá no va a haber una Constitución que celebre  absolutamente la extrema izquierda ni tampoco una que celebre la extrema derecha y cuán al centro se va a ir va a ser porque el país lo va a decidir. Eso tiene un valor enorme, si el pueblo de Chile es capaz de generar un estatuto democrático a partir de su deliberación auténtica, esto será un fenómeno mundial, o sea, lo van a estudiar en las cátedras de derecho constitucional en el mundo.

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