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Publicado el 17 de septiembre, 2019

Historiador peruano: «Por la formación de nuestras repúblicas hemos tenido una visión fragmentada de los procesos, pero son uno solo»

Autor:

Magdalena Olea

Mauricio Novoa, también abogado de la Universidad de Lima y PhD de la Universidad de Cambridge, conversa con «El Líbero» sobre los procesos independentistas de Chile y Perú. Además, reflexiona sobre la política de su país y dice que «el gran problema de la corrupción peruana es que no ha sabido distinguir entre las cosas que son importantes y las que no lo son. Esto ha desnudado un sistema judicial con muchas limitaciones para entender y juzgar actos de corrupción mayores».

 

 

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Magdalena Olea

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«El mayor desafío post Bicentenario -y que es un tema común de todos los países-, es entender que hubo una historia lineal», plantea el historiador peruano Mauricio Novoa, abogado de la Universidad de Lima y PhD por la Universidad de Cambridge, quien, ad portad de la celebración de Fiestas Patrias, conversa con El Líbero sobre los procesos independentistas de países como Chile y Perú.  

Novoa ha ocupado cargos públicos relevantes en su país como asesor del Consejo Nacional de Descentralización, de la Superintendencia de Registros Públicos y de los ministerios de Defensa, de Transportes y Comunicaciones. Además fue el editor responsable de la serie “Personajes del Perú”, que incluye libros sobre Grau, Quiñones, Cáceres y Bolognesi. Novoa explica por qué en América Latina hay una tendencia a «santificar» a los héroes patrios.

También hace un análisis sobre la política peruana y la corrupción en ese país. «En el Perú se ha ido desmantelando un Estado imperfecto, pero que funcionaba, y por razones políticas ha habido una especie de micro management de la corrupción. Se han convertido en corrupción cosas que en otros países no son corrupción«, explica en la conversación.

-Este 18 de septiembre Chile da inicio a sus Fiestas Patrias, donde se celebra el aniversario de la primera junta nacional de gobierno, que se constituyó en 1810 y que marcó el precedente para que Chile, entonces colonia de España, iniciara su camino hacia la independencia. ¿Cómo ha sido la historia de independencia de los países de América Latina en general?

Todas las independencias americanas tienen en realidad dos fases, o dos columnas centrales. Una es la búsqueda para encontrar un modelo político, y la segunda es la campaña militar. El primer caso es el más interesante, porque todos los países que tratan de tener juntas, con mayor o menor éxito, de lo que se cogen es del modelo municipal, y por eso se hacen juntas en las distintas capitales y ciudades. Así como hubo juntas en Santiago, hubo juntas en provincias, porque se entendía en ese momento que los modelos disponibles para esos países eran o la monarquía transnacional, o la ciudad Estado. Esta idea del Estado nación era generar una cosa reciente que había empezado con la Revolución Francesa, no se sabía cuál iba a ser el destino de ese modelo, de ese experimento. Y para entonces había fracasado, porque Napoleón había dado un golpe de Estado, y se había instituido emperador. El único país que tenía un modelo diferente era Estados Unidos. El modelo inicial de esos países era municipal, lo cual explica la autonomía de las ciudades, y la ciudad como centro de los afectos y lealtades. Si tú le preguntabas a un santiaguino cuál era su patria te iba a decir que era Santiago, y el de Talca que su patria era Talca. Se ven estas rivalidades entre ciudades, que es algo marcado hasta el día de hoy. Esto es algo común en toda América Latina, sobre todo en el sur.

-¿Y qué papel jugó Chile en la independencia de Perú? Porque fue en 1820 cuando la Expedición Libertadora de Perú zarpó desde Valparaíso, Chile y desembarcó en Perú al mando de José de San Martín…

-Nosotros, por la formación de nuestras repúblicas, hemos tenido una visión fragmentada de los procesos. Y los procesos son uno solo. La Expedición Libertadora empieza desde Buenos Aires, donde San Martín forma el ejército de Los Andes, que llega a Chile, y ese mismo ejército va a Lima. El gran aporte del lado chileno es quizá Cochrane, porque ayuda a organizar el desembarco, la marina, pero es un solo proceso, un solo ejército que termina en Perú.

Lo que sucede en estos aniversarios patrios es que esta idea de un pasado anterior a la república es una cosa brumosa, que a veces es parte, pero no es parte de nuestras identidades».

-En una entrevista usted afirmó que los países de América Latina tienden santificar a los héroes que se convierten en personajes perfectos. ¿Cuál es el riesgo de hacer esto?

-El riesgo de esto, y creo que es el mayor desafío post Bicentenario -y que es un tema común de todos los países-, es entender que hubo una historia lineal. La idea de que los chilenos, o los peruanos, entendieron todos que la independencia era lo mejor que podía suceder, y que al día siguiente del 18 de septiembre, o del 28 de julio, las cosas cambiaron radicalmente… Las sociedades no cambian al día siguiente. El 19 de septiembre Chile no cambió mágicamente. Perú no cambió mágicamente. En ese sentido, nosotros hemos estado configurados por esta identidad mestiza, a partir de la llegada de los españoles. Todo lo que se concibe como la chilenidad o peruanidad, es producto de ese mestizaje. El poncho que usamos en Perú y en Chile es asturiano; los huasos que montan a caballo, que son españoles; la comida chilena, el pino, que es carne, es impensable sin vacas, y las vacas las trajeron los españoles, que mezclaron estos elementos con cosas locales, y fueron gestando estos países en la vida cotidiana. Y lo que sucede en estos aniversarios patrios es que esta idea de un pasado anterior a la república es una cosa brumosa, que a veces es parte, pero no es parte de nuestras identidades.

Se ha convertido en corrupción cosas que en otros países no es corrupción»

-Perú está pasando por una crisis política, que cubre con un nubarrón de incertidumbre a esa república que en 2021 cumple el Bicentenario de su independencia. ¿Como explica lo que está pasado actualmente con la política peruana?

-Estamos en el comienzo de lo que va a ser una etapa final, que no sabemos cómo se va a resolver. Tenemos por un lado un Congreso que aparentemente no tiene consenso sobre si quiere adelantar las elecciones o no, y por el otro lado, un Estado paralizado, por muchos factores. Por los casos de corrupción que se han destapado, que hace que la obra pública no se dé, que no existan licitaciones, que los proyectos importantes de recursos naturales estén paralizados, en el fondo por miedo de los funcionarios públicos a firmar cosas que después podrían devenir en procesos. Entre la inacción y un Ejecutivo que tiene una agenda propia, estamos en una parálisis que tiene que resolverse de alguna forma. ¿Como se va a resolver? eso para los adivinos no más… Pero creo que es el fin de un modelo, de un Estado instalado en los años 90 con un marcado sesgo liberal, al cual poco a poco se le han ido quitando atribuciones y hecho controles, y hoy esa situación ha devenido en insostenible.

¿Y qué balance hace de la política en Perú y de la fragilidad institucional del país?, ¿Cómo llegaron a este punto?

-Tú tienes hoy en día en la Contraloría de la Republica a 35 mil funcionarios investigados en el Perú, con procesos abiertos. Puedes hacer dos análisis de ese hecho. O que Perú es un país intrínsecamente corrupto, o que hay un problema con la definición de corrupción. No todas las cosas que la Contraloría considera actos de corrupción son corrupción para la Contraloría chilena, o para la Contraloría norteamericana. Creo que en el Perú se ha ido desmantelando un Estado imperfecto, pero que funcionaba, y por razones políticas ha habido una especie de micro management de la corrupción. Se ha convertido en corrupción cosas que en otros países no es corrupción. Por ejemplo, si un senador o un diputado que vive en Lima tiene un pariente lejano que es concejal en Arequipa, eso es plausible de corrupción… Frente a lo cual, ese congresista no ha tenido nada que ver en el nombramiento de un concejal a miles de kilómetros. Hay una mezcla, y el gran problema de la corrupción es que no hemos sabido distinguir entre las cosas que son importantes y las que no lo son. Esto ha desnudado un sistema judicial con muchas limitaciones para poder entender y juzgar actos de corrupción mayores, como Odebrecht, que ha implicado una red internacional. Tienes que tener un sistema judicial muy robusto para poder hacerte cargo de esto de una manera racional. En el Perú hay una especie de vocación por combatir perfectamente estos hechos, y eso no se puede.

Vizcarra juega un juego político de mucho impacto, pero al mismo tiempo está atrapado en un Estado que no ha sabido reformarse y que está paralizado por la estela de estos actos de corrupciones».

-¿Cómo evalúa la gestión del Presidente Martín Vizcarra?

-Martín Vizcarra ha sabido dar golpes políticos, ha sabido jugar muy hábilmente el juego político, esta idea de adelantar elecciones, de convocar un referéndum… Juega un juego político de mucho impacto, pero al mismo tiempo está atrapado en un Estado que no ha sabido reformarse y que está paralizado por la estela de estos actos de corrupciones, donde tienes a funcionarios clave que tienen mucho temor de la cantidad de reglas y superposición, y el rol del Congreso como fiscalizador, muchas veces utilizando políticamente la fiscalización. Hay una utilización política de la fiscalización. Hay casos que por razones políticas, ministros han sido investigados tres veces por el mismo caso, las tres veces la fiscalía ha dicho que no hay razón para investigarlo, pero por razones políticas esto ha continuado, entonces tampoco el Congreso ha ayudado. Nos encontramos en una situación muy particular, donde tienes un clima político y un Estado que no acompaña un proceso de crecimiento mayor, igual estamos creciendo un 2%, que es mucho en la región, pero podría ser mayor. Hay parálisis en la toma de decisiones y al mismo tiempo, un Congreso que no ha sabido acompañar este proceso desde PPK. Entonces, estamos hoy en día en una situación de suma cero. Una especie de parálisis que tiene que resolverse de alguna forma.

-Tengo entendido que está organizando un Observatorio chileno peruano, que es una alianza entre dos entidades académicas, ¿Podría contar de qué se trata esta iniciativa?

-La idea de hacer el observatorio es un viejo anhelo. Creo que siendo países tan cercanos, con una historia común, sin embargo muchas veces sabemos muy poco uno del otro, y las miradas a veces vienen desde lo exótico. Hay una mirada mutua desde los estereotipos. Pero tú le preguntas a un periodista bien informado, o a un congresista, en cada uno de nuestros países qué es la UDI o qué es el APRA, y no tienen una idea clara de qué cosa es. Creo que ahí hay un vacío por llenar. Son dos países que comparten muchísimas cosas, no solamente una de las fronteras, quizá la frontera más viva de América del Sur, los intercambios entre Arica y Tacna, en los pasan 800 mil personas o algo así, es una cifra inmensa. Tacna y Arica son parte de la vida cotidiana de ambas ciudades.

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