Publicado el 1 enero, 2021

Francisco de la Maza: Grandeza y bien común, las grandes metas del 2021

Autor:

Francisco de la Maza

“Es necesario en esta nueva etapa que, a partir del proceso constituyente, tengamos la capacidad para vencer las barreras y abordar con patriotismo y seriedad -sin populismos ni demagogia- el problema de la enorme desigualdad que existe en Chile”, plantea el ex alcalde y analista político.

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Francisco de la Maza

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Recién cayó la última hoja del calendario y cerramos la puerta al 2020 tan lleno de dificultades y complejidades, marcado por una pandemia que ha puesto en situación de emergencia al mundo -y por cierto a nosotros- dejando a su paso una huella de dolor, drama y muerte. Por eso, hoy la humanidad mira con esperanza la llegada de una vacuna -cualquiera que ella sea- como un presagio de que nuevamente la inteligencia humana logrará derrotar a los desvíos de la naturaleza. 

Y para Chile, el año que se va no solo nos muestra la crudeza del Covid 19. También nos exhibe con nitidez los grandes desafíos que tenemos como país para superar una crisis institucional que emana de una acumulación desmedida de desigualdades, de la incompetencia de la clase política para dar respuestas adecuadas y del agotamiento de la paciencia que esta realidad provoca en diversos estamentos de la ciudadanía.

Los países cuyas democracias se presentan como ejemplo en nuestros tiempos, se caracterizan porque su sistema público ofrece servicios de tal calidad que los ciudadanos los usan y los respetan, y a la hora de optar, los prefieren -incluso- por sobre la oferta de entes privados”.

Por esta razón no es exagerado pensar en que lo que ocurra el año 2021, especialmente al interior de los mecanismos constituidos para enfrentar esta crisis, será vital para construir un país distinto, donde prime un estado de convivencia nacional que garantice una gobernabilidad efectiva por las próximas décadas.

Es necesario en esta nueva etapa que, a partir del proceso constituyente, tengamos la capacidad para vencer las barreras y abordar con patriotismo y seriedad -sin populismos ni demagogia- el problema de la enorme desigualdad que existe en Chile. Esta realidad, para que nadie se equivoque ni eluda responsabilidades, es la triste herencia que nos legaron los gobiernos de las últimas décadas, que a pesar del crecimiento y el desarrollo que experimentamos en el tiempo, no supieron promover los cambios estructurales necesarios, ni crear políticas públicas eficaces para revertirla. El bienestar que emanó de ese desarrollo fue aprovechado por un porcentaje de chilenos, pero otros sectores, igualmente grandes, quedaron fuera de él, especialmente los grupos de mayor fragilidad social como lo son los adultos mayores y los marginados sin trabajo o en el mejor de los casos, con exiguos ingresos.

Por esa razón es que la gran tarea que tenemos por delante es generar un Estado que responda a las necesidades de los ciudadanos y no de aquellos que revolotean en torno al poder. Y ese Estado, de un tamaño acorde con la realidad, es el que debe propiciar la disminución de los niveles de desigualdad, a través de políticas públicas que generen una oferta de servicios de primera calidad en áreas tan sensibles como educación, salud, cultura o transportes por mencionar algunos. Los países cuyas democracias se presentan como ejemplo en nuestros tiempos, se caracterizan porque su sistema público ofrece servicios de tal calidad que los ciudadanos los usan y los respetan, y a la hora de optar, los prefieren -incluso- por sobre la oferta de entes privados.

Una de las grandes tareas que tendrán sobre sus hombros los futuros constituyentes, será dotar a los gobiernos locales de los recursos económicos que les consagren una real autonomía”.

Otro aspecto que hay que tomar en cuenta en la construcción de este nuevo proyecto de país, es el rol que la nueva institucionalidad entregará a las municipalidades como entes públicos representantes de la comunidad y célula básica de la organización social.  

 No son pocos los esfuerzos que, a nivel de gobiernos locales, se han hecho para construir caminos conducentes a la disminución de los niveles de desigualdad. Ideas innovadoras y una buena utilización de los recursos municipales han permitido que algunas comunas, dotadas de creatividad e imaginación, desarrollen planes para lo que comúnmente se conoce como “nivelar hacia arriba”. A pesar de múltiples dificultades, las corporaciones dedicadas a áreas como salud, educación, cultura o deportes, o reparticiones focalizadas en la atención de asuntos específicos como los adultos mayores o la seguridad ciudadana, han permitidos ejecutar programas que se han transformado en herramientas eficaces para generar igualdad de oportunidades y accesos a servicios de primera calidad.

De ahí entonces que una de las grandes tareas que tendrán sobre sus hombros los futuros constituyentes, será dotar a los gobiernos locales de los recursos económicos que les consagren una real autonomía. Lo anterior, tras el objetivo de soltar las amarras de los agentes centralistas y burocráticos; y transformarse en verdaderos agentes de la integración social que el país requiere. 

Y, por cierto, cualquier análisis sobre nuestra realidad futura pasa necesariamente por el sector privado que, aunque algunos interesadamente intenten desconocerlo, es un factor fundamental en la búsqueda de la igualdad. Es, sin duda, el motor para el desarrollo, el crecimiento y la generación de riqueza. Sin embargo, su actividad, caracterizada por un constante dinamismo, requiere un ajuste permanente de las variables de control para que la acción empresarial mantenga la energía y la capacidad innovadora para generar riquezas dentro de un marco jurídico y ético que evite la ocurrencia de abusos y conflictos.

Está claro entonces que la tarea que depara el 2021 a Chile y a los chilenos es de dimensiones y características monumentales. Se requiere para llevarla adelante la convicción de que este desafío está por sobre intereses sectarios o ganancias ocasionales. Existen buenos ejemplos en nuestra historia que demuestran que este país ha superado sus dificultades cuando la grandeza se ha anidado en el corazón de los chilenos y cuando el bien común ha superado a las aspiraciones individuales o de grupos.

Grandeza y bien común. Esas son entonces las grandes metas para el 2021.

  1. Juan Ariztia Correa dice:

    Buenismo ingenuo o cruel demagogia, así se resume el comentario de la Maza. Gastemos el doble o el triple o más en servicios públicos capturados e inoperantes y lo único que lograremos es quebrar el sistema productivo. Esta historia se ha dado en el pasado en múltiples lugares y este no será la excepción. La solución que requiere valentia es otra: convencer a los chilenos que no hay otro camino que introducir competencia al sector público y asegurar productividad internacional en el sector privado. Por de pronto mientras no se explique con claridad que el origen del problema de tiraje de nuestra economía hoy radica en la retroexcavadora de Bachelet, los mensajes demagógicos que buscan votos de centroizquierda sólo ayudan a polarizar aun más a la verdadera centroizquierda.

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