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Publicado el 14 de noviembre, 2019

Ex presidenta del TC: «No debiera abandonarse la idea de una Convención Constituyente»

Autor:

Magdalena Olea

Durante el programa radial «La Mirada Líbero en Agricultura» la Secretaria General de la PUC Marisol Peña, abordó los mecanismos para redactar una nueva Constitución. Si bien aseguró que una nueva Carta Fundamental no resolverá necesariamente, ni de forma automática los problemas y las demandas ciudadanas, y que existe un riesgo político documentado de «abrir el camino hacia los populismos», se abrió a la fórmula de hacerlo vía Convención Constituyente, un mecanismo que mezcla a representantes electos directamente, con la ciudadanía parlamentaria.

Autor:

Magdalena Olea

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Durante la noche del martes, luego de una jornada de paro nacional que terminó con incendios, saqueos y desmanes, el Presidente Sebastián Piñera hizo un llamado a la unidad de los chilenos y convocó a todos los sectores políticos a tres acuerdos: por la paz y contra la violencia; por la justicia que impulse una agenda social, y por una nueva Constitución, con un plebiscito ratificatorio.

«El Presidente ha dado una señal de querer insistir en el respeto de la institucionalidad vigente», afirmó la ex presidenta del Tribunal Constitucional y actual Secretaria General de la Pontificia Universidad Católica de Chile Marisol Peña, en conversación con el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda, y con la periodista Magdalena Olea, durante el programa «La Mirada Líbero en Agricultura».

En ese espacio, Peña abordó que en la redacción de una nueva Constitución «no se puede esperar una solución automática a los problemas». También se refirió a la idea de realizar una Convención Constituyente: «La Constitución es un elemento técnico, no es una declaración de principios, no es un panfleto con buenas idea (…) tenemos que tener dentro de la creación de esta nueva Constitución a alguien que entienda el mecanismo de generación de normas jurídicas, para aportarlo al contenido», afirmó.

-¿Una nueva Constitución resuelve los problemas? ¿Se generará una expectativa que la nueva Constitución llegará con «varita mágica» y va a resolver todos los problemas y demandas?

-Me parece muy importante la pregunta y la necesidad de aclarar de cara a la ciudadanía qué es lo que se puede esperar de una reforma constitucional o de una nueva Constitución. Lo que no se puede esperar es una solución automática a los problemas. Una nueva Constitución no va a significar automáticamente un mejor trato a los adultos mayores, no va a significar necesariamente facilidades de acceso a la vivienda, no va a significar automáticamente el término de las colas en los consultorios. La nueva Constitución lo que hace es establecer principios generales, que luego tienen que ser desarrollados en políticas públicas. Una de las cosas más graves que me parece que está flotando en el ambiente y que no ha sido debidamente aclarado por las autoridades, es que la Constitución puede sentar las bases para un modelo de desarrollo distinto al que hemos tendido.

La nueva Constitución lo que hace es establecer principios generales, que luego tienen que ser desarrollados en políticas públicas».

-¿Podría convertirse esto en un riesgo o un error por parte del gobierno?, ¿podría haber, por ejemplo, un cierto aprovechamiento u oportunismo político, de personas que busquen plantear o establecer sus propios principios?

-Si estamos hablando del contenido de lo que sería una nueva Constitución el peligro, en estos casos en que las constituciones o reformas surgen después de profundas crisis políticas sociales, es que se abran las compuertas para consignas en la Constitución de cuestiones que son absolutamente imposibles. Hay un riesgo político, que lo ha documentado la literatura, que se abre el camino hacia los populismos, porque la Constitución abre la compuerta para la generación de mayores demandas y expectativas que no son capaces de ser satisfechas por el sistema. Considero que en esta materia, debemos hacer un gran esfuerzo de diálogo, cordura, para primero determinar cuál es el real contenido de una Constitución.

-¿Cuáles son las posibilidades y la manera adecuada para redactar una nueva Constitución? ¿Vía Congreso Constituyente, vía Convención Constituyente o Asamblea Constituyente?

-Mi primera impresión después de haber escuchado al Presidente, es que ha dado una señal de querer insistir en el respeto de la institucionalidad vigente. Significa que, conforme a la Constitución que rige actualmente, el encargado de tramitar una reforma constitucional, de introducir cambios o enmiendas a la Constitución, sean parciales o totales, es el Congreso Nacional y por quórum que son bastante altos. Por lo tanto, un Congreso Constituyente solo puede leerse como la aplicación del mecanismo que instituye actualmente la Constitución en su capítulo XV para tramitar reformas constitucionales. Ahora bien, el problema es que uno entiende que parte de las demandas que se han transmitido a partir de las movilizaciones sociales, paros, declaraciones de dirigentes de que vayamos por Asamblea Constituyente, creo que detrás de eso hay dos lecturas. Primero, que hemos vuelto o hemos retrocedido a un debate que, al menos los constitucionalistas chilenos, creíamos que estaba superado, que es el debate de la legitimidad de la constitución del 80. Hay un segundo factor que es la crisis de representatividad que existe respecto de todas las instituciones por parejo, y particularmente respecto de la figura de los parlamentarios y los partidos políticos que ellos representan. En consecuencia, creo que la presión va a seguir siendo muy fuerte, precisamente porque hay una crisis de representatividad. 

Si se le quiere preguntar al país si se prefiere Congreso o Asamblea Constituyente y se van a pronunciar sobre la base de un plebiscito, hay que hacer primero una reforma constitucional».

-¿Como se hace entonces? ¿Cómo hacemos la nueva Constitución que a su juicio sea razonable, que respete la institucionalidad?

-Creo que no debiera abandonarse tan fácilmente la idea de una Convención Constituyente, este es un mecanismo que mezcla representantes electos directamente, con la ciudadanía parlamentaria. Porque la Constitución es un elemento técnico, no es una declaración de principios, no es un panfleto con buenas idea. Es una norma jurídica directamente vinculante, de forma que todo lo que quede escrito en la nueva Constitución va a tener que tener posibilidad real de aplicarse. En consecuencia, no es que yo desprecie a la ciudadanía en esta materia. La respeto profundamente, y soy de las que he reivindicado el nuevo rol del ciudadano, pero tenemos que tener dentro de la creación de esta nueva Constitución a alguien que entienda del mecanismo de generación de normas jurídicas para aportarlo al contenido.

-¿La Constitución actual cuánto tiene de las constituciones anteriores?, ¿cuánta tradición hay contenida ahí?

-Se tuvo en cuenta la tradición constitucional, que es muy importante, porque la Constitución es un instrumento llamado a tener cierta perpetuidad, llamado a prolongarse en el tiempo, no es lógico estar cambiando la Constitución cada mes o cada semana. Tiene mucho de lo que fue la tradición constitucional, pero al mismo tiempo, la Constitución del 80, algo que no se dice, tiene un diagnóstico de lo que fue la historia reciente del país. 

-Se ha hablado de un plebiscito ratificatorio y que incorpore participación ciudadana. ¿Qué le parece?

-Primero hay que hacer una reforma constitucional, en el artículo 15 de la Constitución en su inciso segundo es muy claro, solo puede convocarse a elecciones y plebiscitos en los casos expresamente previstos en la Constitución, y este no es un caso que esté previsto, a diferencia de como estaba previsto en la Constitución boliviana del 2004, que permitió ir a una Asamblea Constituyente. Luego, si se le quiere preguntar al país si prefieren Congreso o Asamblea Constituyente y se va a pronunciar el país sobre la base de un plebiscito, hay que hacer primero una reforma constitucional. Y el segundo problema es cómo va a ser el mecanismo. Y eso necesariamente tiene que ser regulado a través de un tipo de norma, a través de una ley que regule cómo se va a hacer la Constitución, precisamente para que haya mínimas normas de certeza, seguridad, plazos y que garanticen que efectivamente al final exista ese plebiscito ratificatoria que ha anunciado el Presidente.

-El plebiscito ratificatorio debiese ser fundamental, porque en el acuerdo político de la oposición que piden Asamblea Constituyente y plebiscito de entrada, no mencionaba plebiscito de salida. ¿Cuál es la importancia de ese plebiscito de salida?

-La importancia es volver a mirar el actual artículo 5 de la Constitución que dice «la soberanía reside esencialmente en la nación». En el fondo, la Constitución representa el aspecto básico de la convivencia. Me parece una señal extraordinariamente potente entregada por el Presidente, desde el punto de vista de la comprensión de un nuevo sentido de la ciudadanía, que se compromete activamente a las decisiones que le van a afectar directamente, proponer que lo que haga un grupo o de expertos o de representantes de la ciudadanía, lo que se decida, finalmente sea aceptado, internalizado por todos los chilenos.

-¿Y el plebiscito de salida tendría que tener un mínimo, por ejemplo 50% más uno, o uno podría ponerle quórum?

-Se le puede poner quórum, de hecho, para los mismos procedimientos de reforma constitucional en Bolivia se pusieron quórums muy altos. Pero tiene que haber una señal clara, independientemente del quórum, de cuál es la voluntad de la ciudadanía.

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