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Publicado el 06 de noviembre, 2018

Elecciones en EE.UU.: La ruleta rusa de Trump

Autor:

Eduardo Sepúveda, desde Washington DC

Hoy no estará en ninguna papeleta, pero la jornada electoral de hoy en Norteamérica aparenta ser sobre una sola persona, Donald Trump. Y aquí en Washington DC, cuando uno habla en confianza con los expertos y les pide su predicción más honesta, revelan la verdad: nadie sabe qué ocurrirá.
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Eduardo Sepúveda, desde Washington DC

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Los chilenos entendemos bien lo que es un plebiscito. Los electores van a las urnas a decir que sí o que no. Aunque han pasado 30 años, aún tenemos fresco el recuerdo del 1988. Había que decir sí o no a la continuidad de Augusto Pinochet en el poder.

Una sensación parecida se ha instalado en Estados Unidos durante la campaña de las elecciones “midterm” (o de mitad de mandato) de este año. Todo el mundo dice una y otra vez que todo se trata de Donald Trump. Se insiste en que la gente irá a sufragar para darle un voto de respaldo o un voto de rechazo al actual Presidente.

Pero esto puede ser, en efecto, una mera sensación. Son los medios de comunicación, las redes sociales, los líderes de opinión los que han sembrado esa idea; y no es un secreto que la mayor parte de los integrantes de los tres grupos mencionados antes son “neverTrumpers”, como se conoce a los más férreos opositores al rubio gobernante.

Esos mismos tres estamentos -prensa, redes y comentaristas- coinciden en un pronóstico sobre el resultado que se conocerá esta noche: los republicanos (mayoritariamente oficialistas) mantendrán la mayoría en el Senado y los demócratas (mayoritariamente opositores) lograrán quedarse con la mayoría en la Cámara de Representantes (diputados).

Ese sería un resultado cómodo para casi todos.

Los republicanos dirán que lo usual es que el partido instalado en la Casa Blanca pierda una veintena de diputados en las primeras “midterm” y que lo “normal” es que las dos fuerzas políticas se repartan el poder legislativo. Podrán decir también que conservar el Senado revalida su solidez en el poder y evita que una mayoría demócrata en la Cámara intente iniciar un proceso de destitución de Trump, quien se verá fortalecido con miras a su reelección. Es decir, “aquí no ha pasado nada” y a partir del miércoles todo sigue igual. Business as usual.

Por su parte, los demócratas podrán decir que la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes es la primera señal de que el país inició un vuelco político que les permitirá sacar a Trump de la Casa Blanca en dos años más (acaso impulsando desde ya la figura de Michael Bloomberg, el popular ex alcalde de Nueva York, multimillonario, ex republicano, ex demócrata, ex independiente y ahora nuevamente demócrata). Los opositores dirán que los republicanos solo pudieron mantener la mayoría en el Senado porque el tercio de escaños que tocaba renovar este año eran los más fáciles para los oficialistas y que, por lo tanto, no significa un triunfo, sino un mero empate.

¿Qué tan posible es que ese sea el análisis de la mañana del miércoles? Es posible.

Pero también es posible que pase algo muy distinto, que convierta estas elecciones en un hecho histórico, que cambie la manera de analizar la política en Estados Unidos.

Podría ocurrir, por ejemplo, que una avalancha de electores salga a votar para repudiar a Trump y todo lo que ha dicho y hecho hasta ahora. Como si de pronto los estadounidenses hubiesen despertado del letargo en el que estaban. Y dijeran “no más, nosotros no somos así, no queremos esto”. Y entonces ese mar humano les daría una gran mayoría a los demócratas en la Cámara y en el Senado, y en las gobernaciones (varias también se eligen hoy, y la mayoría están en manos republicanas). Si eso ocurre, de seguro la oposición intentará destituir a Donald Trump. Y quizás tendría éxito. Se ha dicho que tomarían como argumento para el “impeachment” la “trama rusa” de la campaña presidencial. Y esta elección entraría a la historia universal.

Pero también podría ocurrir que la gente decida votar más o menos igual como votó la última vez, hace dos años. O que simplemente decida quedarse en su casa, para ver por televisión los acontecimientos. Probablemente criticarán la retórica de Trump y también sus modales. Pero puede ser que sientan que todavía hay que darle más tiempo para que muestre lo que puede hacer por Estados Unidos. Que ya vendrá la ocasión para el verdadero plebiscito, en dos años más. Otros dirán que Trump cumplió con sus promesas esenciales de campaña: bajar los impuestos, revivir la economía, ponerle freno a la inmigración. Otros querrán ser neutrales, porque mientras las cosas vayan así como van mejor no meterse en peleas de políticos.

En ese último escenario, los republicanos y Trump celebrarán la misma victoria de 2016 y seguirán con todo hacia una reelección segura. Se vendrá la noche oscura para los demócratas, quienes volverán a sentir que sus terribles augurios no son creíbles para la ciudadanía.

Lo complejo de todo esto es que nadie, en verdad, tiene la menor idea de lo que ocurrirá. Cuando uno habla con especialistas en encuestas o en big data, con experimentados periodistas, analistas, o políticos, y les pide una predicción honesta, con la mano en el corazón reconocen que nadie sabe nada. Y que esto puede ser una ruleta rusa o un juego de ludo.

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