Publicado el 17 junio, 2021

El periodista británico que desenmascaró a los antivacunas: “Han renacido en la era de las fake news”

Autor:

Pía Orellana

Brian Deer descubrió que el “estudio” que demostraba la relación entre la vacuna tres vírica con el autismo fue un montaje. El Líbero conversó con el reportero que expuso a Andrew Wakefield, en tiempos en que la pregunta que se hacen las autoridades es ¿qué hacer con los rezagados?

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Pía Orellana

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Más de 9 millones de personas han recibido la dosis completa de la vacuna contra el Covid-19 en Chile. La cifra equivale a un 60% de la población, un porcentaje alto a nivel mundial y latinoamericano, pero aún insuficiente para dar por ganada la pelea contra el virus.

Falta de tiempo, pero sobre todo de confianza en las implicancias de la inmunización son las razones que explican el alto número de “rezagados” en el plan de vacunación impulsado por el gobierno, que a finales del mes de mayo alcanzaban a 2,9 millones de personas que, pudiéndose vacunar, aún no parten con una primera dosis. La desconfianza tiene una clara explicación: el movimiento antivacunas, que irrumpió con fuerza hace más de 20 años y que ha mostrado hasta qué punto las redes sociales han contribuido a la divulgación de noticias faltas.

Jaime Jankelevich, consultor farmacéutico y miembro de la Red Líbero, conversó con Brian Deer, el periodista británico que desenmascaró al artífice de este movimiento que, increíblemente, sigue causando estragos en la salud de la población. 

 

Un origen fraudulento

En 1998, la prestigiosa revista científica The Lancet publicó un estudio que demostraba que la vacuna tres vírica, destinada a prevenir el sarampión, la rubéola y las paperas, tenía una incidencia en el desarrollo de los niños, pudiendo causar incluso autismo. El autor era el también prestigioso doctor Andrew Wakefield, un gastroenterólogo del Free Royal Hospital de Londres, cuyas teorías sobre las causas de las enfermedades inflamatorias en niños se habían hecho un lugar en revistas especializadas. Amparado en estos hallazgos y la reputación que había adquirido en el área de las enfermedades digestivas pediátricas, el paper se transformó en la base sobre la cual se conformó el movimiento antivacunas. 

Años más tarde, en 2004, y mientras investigaba los brotes infecciosos inusuales de sarampión que se estaban produciendo, el periodista Brian Deer, del Sunday Times de Londres, descubrió que el “estudio” de Wakefield era un completo fraude. No solo los datos habían sido alterados, sino que los niños que usó para el estudio habían sido “reclutados”, además Wakefield había sido financiado por una firma de abogados que buscaba obtener réditos al armar un caso y demandar a las farmacéuticas detrás de la vacuna.

Peor aún: meses antes de declarar en una mediática conferencia de prensa que dicha vacuna podía causar enfermedades en los niños -particularmente trastornos del desarrollo y enfermedades intestinales-, él mismo patentó una vacuna que -más tarde diría- no provocaría ese efecto.

En 2019, después de un brote de sarampión en Europa (90.000 casos, casi el doble que el año anterior), la Organización Mundial de la Salud llamó la atención acerca de cómo la reticencia a las vacunas se había transformado en una de las principales amenazas para la salud mundial.

Tras años de investigación y de juicios, Deer logró probar su tesis y en 2010 al entonces doctor Wakefield se le prohibió ejercer la medicina por el resto de su vida. Pero el daño ya estaba hecho. “La información publicada en The Lancet en 1998 convocó a una conferencia de prensa y generó enorme interés en el Reino Unido, lo que llevó a una gran cantidad de publicidad que luego atravesó a los Estados Unidos y desde ahí a Norte y Sudamérica y todo el mundo. Proclamaba la idea de que existía un vínculo entre la administración de esta vacuna y el autismo en niños y eso fue lo que desencadenó esta campaña antivacunas que podemos ver en la última década”, señala Deer. 

La era de las redes sociales y las fake news abrió otra oportunidad para Wakefield, quien emigró a Estados Unidos y ha continuado propagando información que ha causado un enorme impacto a nivel mundial. “Este paper de 1998 lo que permitió fue que la campaña antivacunas ganara adeptos, establecer la infraestructura de los negocios, páginas web, facebook… a través de las cuales hoy están haciendo campaña en contra de la vacunación contra el coronavirus”, explica Deer. “Estamos en un mundo totalmente distinto en cuanto a los medios de comunicación y gente como Wakefield sabe cómo explotar eso.  Este hombre Andrew Wakefield ha renacido en este mundo de fake news”. 

La historia de esta investigación se puede leer en el libro “The doctor who fooled the world”, publicado en septiembre del 2020. Brian Deer ha obtenido dos veces el British Press Award, siendo considerado uno de los mejores periodistas de investigación de su país. 

Mentira tras mentira

Wakefield fue acusado de fraude financiero, fraude en la investigación, mentir a otros médicos y de hacer pasar a niños semanas enteras de horribles exámenes. Deer lo describe así: “Toma de muestras, agujas, radiografías, cosas horribles a niños; y a los niños autistas en general no les gusta que les cambien sus rutinas, son de hábitos, y los traían al hospital y los forzaban a hacerse estos tests. Un niño colapsó 4 veces en el pasillo del hospital, a otros dos los tuvieron que derivar a emergencia como consecuencia de las punciones lumbares a los que los sometieron. Él fue acusado por todo eso, por ejercer la medicina sin tener los permisos… él era un investigador académico que no tenía ningún permiso para hacer nada con los niños”.

Tras todo este daño, quedó demostrado que el estudio fue un montaje, que los datos habían sido alterados para dar la impresión de que había descubierto la relación entre la vacuna, el autismo y una enfermedad intestinal.

En respuesta, Wakefield acusó al periodista de trabajar para la industria farmacéutica. Luego apuntó contra el Center for the Disease Control (CDC) en Atlanta, diciendo que un científico los había acusado de fraude cuando no era así. Este investigador, explica Deer, “había mostrado insatisfacción con un paper en particular que había ayudado a producir, pero nunca denunció fraude. Incluso hizo una declaración dejando eso en claro y que apoyaba el continuo uso de la vacuna tres vírica”.

La reflexión final de Deer es que “hoy, en esta era de las redes sociales, no es posible que periodistas y productores responsables influyan en el público de la misma manera porque mucha de la atención del público se ha movido a esta comunicación entre pares que uno ve en Facebook, Youtube, WhatsApp. En ese tipo de círculos la gente o es ignorante o está mal informada o toma una parte de la información solamente. En algunos casos se trata de gente mentirosa que activamente e intencionalmente se dedica a difundir información falsa y traspasar esa información a una gran cantidad de gente”.

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