Publicado el 06 de agosto, 2020

El cara a cara del presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín, con Juan Cristóbal Romero del Hogar de Cristo

Autor:

Ximena Torres Cautivo

En el encuentro “Hora de Conversar”, el líder de los empresarios abordó temas de la pandemia, la pobreza y la política con el director de la fundación. “Aumentar el capital social; lograr que la empresa sea un universo que deja satisfechos a sus trabajadores”, fue uno de los dichos de Larraín. Sobre el Ministerio de Desarrollo Social, Romero subrayó: “El cambio continuo lo único que ha hecho es debilitar su peso, su poder, su capacidad de defender presupuestos”.

 

 

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Ximena Torres Cautivo

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“Conversando, se hace futuro”, fue la idea inicial que lanzó el ingeniero comercial y presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Bernardo Larraín Matte, en el webinar organizado por el Hogar de Cristo “Hora de Conversar” sobre pobreza y pandemia. Su interlocutor en este diálogo fue Juan Cristóbal Romero, director de la fundación, que tiene a 4.500 personas de alto riesgo frente al coronavirus en cuarentena preventiva en sus residencias y atiende a otras 30 mil de extrema vulnerabilidad en sus programas ambulatorios. 

En una distendida charla de poco más de una hora, hubo honestidad y propuestas de este hombre de 54 años, que dirige al gremio que reúne a las grandes empresas, esas que generan -tal como lo remarcó- el 60% del empleo de calidad en Chile. Eso mismo, dijo, hace que ellos estén conectados con 5 millones de trabajadores con trabajo asalariado formal, situación muy distante de la precariedad del mundo laboral de los jóvenes vulnerables, de las mujeres jefas de hogar que sobreviven al día, de los adultos mayores con pensiones exiguas, todos grupos que se mueven en la más completa y precaria informalidad y que están siendo los más golpeados por la pandemia. 

“Cuando el ex ministro Mañalich confesó que estaba sorprendido con el hacinamiento y las condiciones en que vivían las personas en el sector poniente de Santiago, todos le pegaron. Pero yo creo que fue una expresión muy franca, porque esta pandemia nos ha puesto por delante a muchos una precariedad que desconocíamos, y por la que no se ha hecho mucho desde la política y desde el Estado. A mí me impacta saber cómo han aumentado los campamentos, que pasaron de albergar a 27 mil familias en 2017 a 50 mil familias ahora, tal como me impresiona la precariedad de la informalidad laboral, la disparidad en la atención de salud. La pandemia nos desafía a todos a conectarnos con estas realidades”, dijo Larraín. 

Trenzado por estos mismos días en una discusión a través de editoriales en el diario La Tercera con el periodista Daniel Matamala, Bernardo Larraín cree que hay un gran “perímetro de informalidad” con el cual los responsables no estaban conectados y que integrar a esas grandes masas de jóvenes vulnerables y de mujeres madres de familias, es el gran desafío actual. 

En su columna “¿Las uvas de la ira o la mala vendimia?”, donde responde al autor de “Poderoso Caballero”, el libro que atribuye a los empresarios influir sobre los políticos en resguardo de sus intereses económicos, sostiene que “más que fallas estructurales del llamado modelo o la concentración del poder, como parece argumentar Daniel Matamala, han sido las acciones y omisiones de la política y del Estado las que en buena parte explican la acumulación de estas desigualdades”. Esta es la misma idea que el líder empresarial tocó a lo largo de la conversación con Juan Cristóbal Romero. También sostuvo que “movimiento no es sinónimo de refundación y que, por el contrario, se expresa mejor como un reformismo gradual y decidido”. 

En ese sentido, contó que aunque apoya la redacción de una nueva Constitución con amplia participación ciudadana, teme que “se presuman cosas que no son. Hay que contener las sobre expectativas, como las que hay puestas en el cambio constitucional para que no surjan de allí nuevas frustraciones”. En ese sentido, y hablando de la importancia de invertir en el capital social de los trabajadores, dijo: “La empresa es un espacio virtuoso de encuentro privilegiado, donde deberían darse estas tres D, que menciona Juan Cristóbal Romero: dignidad, diálogo y democracia. Hoy en las empresas se han abierto como nunca espacios de diálogo, sin agenda, abiertos y sistemáticos, que no son solo resorte de la buena voluntad de un gerente. Estos diálogos constitucionales son acciones próximas y concretas, mucho más tangibles que cambios estructurales, y que contribuyen al capital cultural de los trabajadores”. 

Además planteó la necesidad de que haya discusiones pre legislativas, donde todos puedan participar -especialistas, organizaciones de la sociedad civil, los directamente involucrados-, previas a las decisiones legislativas.

“Hay que incorporar adaptabilidad y flexibilidad en el empleo”

¿Qué puede hacer la empresa para afrontar la dura realidad económica y social que deja la pandemia?, fue la segunda gran área temática a debatir. 

“Aumentar el capital social. Lograr que la empresa sea un universo que deja satisfechos a sus trabajadores”, resumió Bernardo Larraín. También se refirió a que los empresarios deben tener una visión más amplia de la persona que trabaja en sus empresas. “Hay que ir a sus casas, conocer ese concepto que está tan presente en el Hogar de Cristo: la pobreza multidimensional, no solo por ingresos, y apoyar a desarrollar el capital social”.  Siempre pensando en cómo será el trabajo en el Chile que viene, Larraín habló de la importancia de desarrollar una política de subsidio al empleo, pero “conectada con la intermediación laboral, que les permita a las personas recapacitarse, reconvertirse para acceder a los empleos del futuro. Se requiere de teleeducación, de teletrabajo”, dijo, y mencionó otras cuestiones tan concretas como horarios diferidos de trabajo, para evitar los contagios en los desplazamientos por la ciudad. Dijo: “Hay que incorporar adaptabilidad y flexibilidad en el empleo, medidas que son muy debatidas, pero que ahora se requieren. Yo propondría un dispositivo de emergencia de adaptabilidad laboral que dure 24 meses. Que aprovechemos la contingencia para probar soluciones”. 

Frente a las interrogantes planteadas por la audiencia online, Bernardo se interesó en responderle  a Rosa, quien le pidió ejemplos de soluciones creativas para la coyuntura. El presidente de la Sofofa habló de dos. La primera: “La empresa debe acercarse a la educación técnica. Ahí hay mucho por hacer, lograr que en tercero y cuarto medio, los alumnos puedan hacer una pasantía técnica. Así la empresa se conecta con el joven y él consigue una primera y buena experiencia laboral. Yo participo en el Grupo 11 Compromiso País, donde estamos trabajando este tema. Ya estamos en 4 territorios donde hay redes de liceos técnicos, redes de empresas y redes de instituciones de intermediación y activación laboral, como Emplea del Hogar de Cristo”. Y la segunda idea es la que ha planteado varias veces el arquitecto Alejandro Aravena, pero que no ha logrado permear en los ministerios del rubro asegura el empresario. Se trata de “la vivienda social incremental, de 40 metros iniciales, que tenga la posibilidad de expandirse a una vivienda de clase media. Es una casa concebida con una lógica constructiva que permite a su dueño expandirla de acuerdo a un prediseño bien hecho. Menciono esa idea porque activa además la economía local de maestros y albañiles”. 

Por último, otra pregunta del público, generó total coincidencia entre Larraín y Romero. ¿Cómo se explica que haya habido 4 ministros en Desarrollo Social, el ministerio que se ocupa de las políticas sociales, en poco más de dos años de gobierno? 

Juan Cristóbal Romero reconoció los méritos de los cuatros jefes de cartera y aplaudió que los subsecretarios no hayan sido removidos, permitiendo darle continuidad al trabajo, pero fue lapidario al afimar: “Desarrollo Social y Familia sigue siendo un ministerio menor, cuando debería  ser enorme, mayor. Hoy es de segundo, de tercer orden. Y el cambio continuo lo único que ha hecho es debilitar su peso, su poder, su capacidad de defender presupuestos”. Un análisis crudo, que Bernardo Larraín complementó así: “Más allá de los cambios, creo que habría que implementar al menos una lógica de presupuestos plurianual, no anual, eso sería una innovación, porque los programas sociales no pueden estar luchando año a año por recursos”. 

 

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