Publicado el 08 de diciembre, 2019

Cómo Inglaterra logró controlar la ola de saqueos que ocurrieron durante las protestas de 2011

Autor:

Bastián Garcés

Hace 8 años, el gobierno del entonces Primer Ministro británico David Cameron tuvo que enfrentar una situación similar a la que se ha vivido en Chile desde el 18 de octubre pasado. Entre el 6 y el 11 de agosto de 2011, antisociales pusieron en jaque a la policía en diferentes ciudades de Inglaterra. Sin embargo, el Ejecutivo tardó solo 5 días en restablecer el orden. ¿La clave? Aumentar la dotación policial, aplicar el máximo rigor de la ley, una condena transversal a los actos vandálicos y respaldo total al actuar de las fuerzas de seguridad.

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Enfrentamientos entre civiles y la policía, barricadas, saqueos a centros comerciales, estaciones de Metro cerradas, y edificios, automóviles y autobuses quemados. Una escena que perfectamente podría reflejar los últimos 50 días en Chile, pero que se produjo hace 8 años y a más de 11.665 kilómetros de Santiago, en Londres, Inglaterra. Una historia que se remonta al 6 de agosto de 2011, cuando una manifestación llevado a cabo en Tottenham, barrio de la capital británica, a raíz de la muerte de un hombre de raza negra a manos de la policía devino en una ola de violencia que se extendió por todo el país durante seis días.

Si bien los orígenes entre el estallido chileno y los disturbios ingleses de comienzos de esta década son distintos, existen varios elementos en común. En ambos casos, las manifestaciones se produjeron en un contexto internacional convulsionado. En 2011 las protestas se tomaban las calles de España con los indignados, en Medio Oriente con la Primavera Árabe, en Chile con el movimiento estudiantil, Estados Unidos con la ocupación de Wall Street y China con las demandas por mayor democracia. Mientras que durante este año las manifestaciones que se han realizado a lo largo del país se han desarrollado a la par con jornadas de paros y huelgas en Ecuador, Bolivia, Colombia, Haití, Cataluña y Francia.

Los eventos que desataron las protestas en Londres fue la muerte de Mark Duggan, un hombre de 29 años que estaba en la mira de una investigación relacionada con el tráfico de drogas. Duggan falleció el 4 de agosto a raíz de un disparo realizado por la Policía en medio de un confuso incidente. Este hecho generó molestia en la familia del hombre y su comunidad, quienes dos días después de su deceso se manifestaron al frente de la Estación de Policía de Tottenham. Los ciudadanos que protestaron exigían justicia para Duggan y cuestionaban el trato discriminatorio y racista que recibían por parte de las autoridades.

Sin embargo, durante la tarde de ese día la manifestación que había sido pacífica se tornó violenta cuando manifestantes comenzaron a prender barricadas en distintos puntos del barrio londinense, además de incendiar uno de los típicos autobuses rojos de dos pisos que recorren la ciudad y dos patrullas policiales, además de realizar saqueos a distintas tiendas del sector. De hecho, la BBC narró sobre el comienzo de los disturbios: «La marcha de protesta del sábado provocó disturbios y al final de la noche Tottenham estaba en llamas, con autos y tiendas incendiadas y saqueadores corriendo libres».

Mientras que The Guardian relató sobre la noche de ese día que «oficiales a caballo y otros con equipo antidisturbios se enfrentaron con cientos de alborotadores armados con misiles improvisados ​​en el centro de Tottenham después de que Mark Duggan, de 29 años y padre de cuatro hijos, fuera asesinado el jueves».

«El sábado por la noche, los manifestantes irrumpieron en las filas policiales e intentaron asaltar la estación de policía de Tottenham, arrojando ladrillos, botellas y huevos a los agentes. Mientras un helicóptero policial sobrevolaba Tottenham High Road, los jóvenes con máscaras y capuchas arrojaron material combustible a dos autos de policía incendiados, incluyeron un paquete de documentos y un toldo arrancado de una de las tiendas. Algunos intentaron persuadir a los alborotadores para que se dispersaran, un joven gritó: ‘Váyanse a casa ahora'», se puede leer en la nota con el que el periódico británico dio cuenta de los incidentes.

En otra noticia de dicho medio, publicada durante el domingo 7 de agosto, se puede leer que «a las 5:00 de la mañana, en el parque comercial de Tottenham Hale, los adolescentes todavía salían de las tiendas a la luz del amanecer, con bolsas y carritos llenos de productos robados y corriendo hacia las calles secundarias».

Los disturbios continuaron durante el domingo. Ese día se registraron enfrentamientos entre la policía y manifestantes, además de saqueos, en otros sectores de Londres, como Brixton, Oxford Circus y Enfield. Durante la jornada la policía se vio sobrepasada por la violencia. Este hecho generó que el cuerpo policial aumentara la dotación de oficiales presentes en la ciudad. Cerca de 10.000 efectivos llegaron a la capital británica durante la mañana del lunes 8 de agosto, algo que contribuyó a que la metrópoli tuviera una relativa calma. Sin embargo, el asunto tomó una dimensión nacional cuando durante esa tarde se registraron incidentes en Bristol, Birmingham y Nottingham.

Los propios medios de comunicación ingleses resaltaron que lo que había marcado los disturbios de ese fin de semana no fue la cantidad de personas heridas -la policía registró al menos 26 efectivos heridos durante el sábado 6 y domingo 7 de agosto-, sino que «la magnitud de la destrucción de la propiedad».

Los dos primeros días de violencia generó que se cancelaran el Carnaval de Hackney One y el Festival Parks for Life. Eventos que concitaban a un sector importante de la población, la que se encontraba en pleno auge del período estival. De hecho, varios dirigentes políticos se encontraban de vacaciones como el entonces alcalde de Londres y actual Primer Ministro, Boris Johnson, la ministra de Interior, Theresa May y el entonces Primer Ministro, David Cameron.

Durante el martes 9 de agosto la situación no mejoró y gran parte de Londres se vio afectada por saqueos y enfrentamientos. Una situación que se replicó en al menos otras 13 ciudades británicas como Liverpool, Manchester, Leicester y Wolverhampton. «Desde el bombardeo de la Segunda Guerra Mundial no se habían producido tantos incendios en Londres a la vez», aseguró la revista Times.

Fue durante esa jornada que David Cameron regresó de sus vacaciones para convocar a una reunión urgente de su gabinete. Al término de la cita el Primer Ministro emitió un comunicado en el que anunciaba que 16.000 policías serían desplegados en Londres para controlar la situación, además de citar al Parlamento a debatir la situación que se vivía en el país en una sesión para el 11 de agosto. El respaldo a la policía fue transversal, ya que no solo el oficialismo -en manos del Partido Conservador- mostró su apoyo al actuar de las fuerzas de seguridad para mantener el orden. La oposición, representada por el Partido Laborista, también se cuadró detrás de la policía. Hasta ese día ya se habían detenidos más de 520 personas que habían cometidos actos violentos.

El miércoles 10 de agosto, gran parte de los principales focos de violencia ya habían sido controlados. No obstante, durante la mañana de ese día el Primer Ministro sostuvo otra reunión de emergencia en la que anunció que había puesto a disposición de la Policía balas antidisturbios para controlar la situación en caso de ser necesario e, incluso, que se había activado un plan de contingencia para autorizar el uso de cañones de agua para dispersar a los manifestantes. Esta última fue una medida poco usual, ya que solamente en Irlanda del Norte se encuentran disponibles este tipo de artefactos. Incluso Cameron afirmó que caería todo el peso de la ley en contra de los saqueadores y violentistas. Ese día la cifra de detenidos había aumentado a 1.100 personas.

El jueves 11 de agosto solo se registraron incidentes en Banbury y Dunstable. La calma había regresado a Inglaterra, sin embargo las policías continuaron persiguiendo a los antisociales. En esto las cámaras de seguridad que estaban instaladas en Londres jugaron un rol fundamental para lograr identificar a los antisociales, ya que varios de ellos realizaron saqueos a rostro descubierto. Incluso redes sociales como Flickr y Facebook fueron utilizadas para capturar delincuentes que habían subido fotos de sus botines.

Veinte días después de que volvió el orden al país, la Policía realizó un balance sobre la cantidad de personas aprehendidas. Los oficiales cifraron en 2.987 los detenidos por los desórdenes y saqueos, además de estimar en más de 100 millones de libras los daños a la propiedad privada. El 1 de septiembre, el ministerio de Justicia señaló que 1.556 personas habían comparecido ante los tribunales británicos debido a su posible participación en hechos de violencias ocurridos durante los disturbios. Y un año después, en agosto de 2012, el gobierno reveló que 1.292 personas habían sido condenadas por estas acciones, quienes en promedio tuvieron penas de 16 meses de prisión.

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