Publicado el 24 enero, 2021

Aspirante aymara a la Convención: “El orden público es una potestad que debe estar en el Estado”

Autor:

Emily Avendaño

Naomi Calle Guarachi, cuya familia proviene originariamente del altiplano, compite por uno de los dos escaños reservados para un integrante del pueblo aymara en la Convención Constitucional. Desde el año 2018 esta ingeniera comercial de 29 años de edad es Consejera Presidencial Indígena ante la Conadi. Si bien milita en Evópoli, sobre su posición política destaca: “Hoy las líneas entre derecha, centro e izquierda son tan difusas que más bien soy una persona que cree en su cultura ancestral”. De ser electa subraya que su rol en la instancia será trabajar para que “se reconozcan las singularidades de cada uno de nuestros pueblos originarios”.

Autor:

Emily Avendaño

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El padre de Naomi Calle Guarachi es oriundo de la localidad de Caquena, ubicada a más de 4.000 metros de altura, hacia la frontera con Bolivia, en la Región de Arica y Parinacota. La ingeniera comercial y representante presidencial ante el Consejo Nacional de la Conadi es una de las seis aspirantes que compite por los dos cupos reservados para el pueblo aymara en la Convención Constitucional.

Naomi Calle Guarachi se crió en la ciudad de Arica pero guarda conexión con el altiplano pues allí aún vive parte de su familia. Del proceso destaca que “la fe de la ciudadanía está en la nueva Constitución… No se va a borrar el pasado, pero va a haber un nuevo texto justo y democrático escrito con la participación de la ciudadanía”. 

En Chile, según la encuesta Casen, 1.694.870 se define como perteneciente a un pueblo indígena y 6,6% de ese total (112.253 personas) son aymaras, siendo así los segundos más numerosos. Sin embargo, una de las principales preocupaciones de la candidata es la “migración ambiental forzada” que viven algunas comunas del norte de Chile. “La comuna de General Lagos pasó de tener 1.100 habitantes en 1992 a menos de 700 en 2018. Distintos líderes aymaras han reclamado al Estado chileno por años, pero nadie ha escuchado, o bien ante otros intereses en juego, no valemos lo suficiente para la política chilena”, subraya. 

-¿Cuáles han sido los puntos defendidos como Consejera Nacional de la Conadi?

-Mi papel ha estado orientado a defender las singularidades del pueblo aymara, que lo hacen diferente al resto de los pueblos originarios de Chile. Cada uno tiene sus particularidades, que no han sido respetadas ni reconocidas aún por el Estado chileno y su ordenamiento legal. Hacia allá ha estado orientada mi gestión y trabajo estos años. Siempre la atención del Estado se ha centrado en el tema del conflicto mapuche, ellos son nuestros hermanos, no nos perdemos perder de eso, pero yo encuentro que la atención la debemos tener todos. El pueblo aymara tiene problemas con el tema de los recursos hídricos, las tierras, la ganadería, la agricultura. Nosotros también necesitamos visibilizar nuestras demandas. Quizás pecamos de ser un pueblo sumiso, pero no lo somos. El aymara es emprendedor. Nunca le pide nada a nadie, trabaja constantemente para lograr lo que quiere. En el Consejo y en las comisiones que he integrado eso es lo he tratado de visibilizar.

Yo nací en 1991 y no sé lo que se vivió en la dictadura, tampoco viví el gobierno de Allende, pero esos son pasados que vuelven y que acechan la realidad en la actualidad, por eso encuentro que esto va a ser para mejor. No se va a borrar el pasado, pero va a haber una nueva Constitución justa y democrática con la participación de la ciudadanía”.

-¿Cómo se involucró en el proceso constituyente?

-Milito desde hace dos años en Evópoli. Primero fui a una elección popular a Consejera Regional por la Región de Arica y Parinacota y encuentro que me fue bastante bien porque no tenía mucho contacto político o con autoridades. Mi experiencia viene porque soy de una familia dedicada al rubro del transporte, hemos trabajado en buscar soluciones a los problemas que ha tenido el transporte local, he estado en una asociación indígena que ha luchado para conseguir inversiones. Con respecto a Evópoli, fui conociendo poco a poco el partido, sus valores, principios y me gustó, por eso firmé la ficha y me alegra que haya sido invitada a participar en este proceso histórico.

-Pero al ser aspirante a uno de los escaños reservados para inscribirse necesitaba cubrir requisitos distintos a si por ejemplo fuese en la lista de Vamos por Chile.

-Ir a la Convención por los pueblos originarios es totalmente diferente a los constituyentes generales, que van patrocinados por los partidos políticos. En mi caso, si bien adhiero a Evópoli, para ser aspirante por un pueblo originario había que presentarse con el patrocinio de al menos 3 comunidades o con 5 asociaciones o con 120 firmas de personas que tengan acreditada su calidad indígena, alguno de esos tres. Yo me presenté con seis asociaciones indígenas, que son: Wilanitwa, Descendientes del Pachakuti, Wali Qhantati, Sabores y Saberes Andinos, Alto Lluta San Roque y Pampa Concordia. Si bien me respalda Chile Vamos mis patrocinadores fueron seis asociaciones indígenas, todas ellas independientes y nos ha ido bastante bien. La idea es trabajar. Pierda o gane yo voy a sacar lo mejor de esto porque me encanta ayudar, esa es una de las razones por las que estoy metida en política.

El orden público es una potestad que debe estar en el Estado y a mi juicio debe ser manejada con criterios de legalidad, respeto a los DD.HH. y proporcionalidad”.

-¿Fue complicado lograr ser una de las aspirantes por los escaños reservados, ya que con excepción de los mapuche, los aymara son los que llevan más candidatos? 

-Ser parte de este proceso histórico para nuestro país es un honor al que serviré con entera dedicación y voluntad de ser elegida. Soy aymara y soy chilena. Estamos en un país democrático. Nadie va a hacer la vista gorda porque estamos en un momento histórico, todos queremos ser partícipes. En un par de décadas más podremos darnos cuenta de que estuvimos trabajando por una Constitución, lo importante es que hay muchos candidatos y ojalá todos llevemos nuestras demandas para que sean visibilizadas, abordarlas y solucionarlas; y que esta Constitución se escriba con los pueblos originarios. Para mí, ya el hecho de haber logrado inscribir la candidatura me hace feliz. Acá se ven los frutos de lo hecho desde que asumí mi rol como consejera.

La escasez de agua que provocan las actividades mineras y la visión excesivamente centralista sobre sus regulaciones, están dañando gravemente a nuestra cultura”

-¿Cómo es vivir en el altiplano?

-Es ser ignorados, ver la pobreza, el despoblamiento, la falta de recursos básicos. Las autoridades no se asoman a las comunas. Si bien yo nací, estudié y me titulé en la ciudad de Arica, esa es una realidad totalmente diferente a la de las comunas rurales. Hoy la mayoría de quienes habitan allí son personas de la tercera edad, los abuelitos, que no se quieren desprender de su tierra de origen. Allá hacen patria y eso tampoco ha sido visibilizado.

-¿Cuáles son sus expectativas al participar de la Convención: qué espera lograr para los pueblos indígenas?

-El altiplano es un territorio cultural, en el que desde hace miles de años convive nuestro pueblo aymara con ecosistemas frágiles y vulnerables. La relación con la tierra, con la naturaleza y con las comunidades, es fundamental. Por eso, no basta con que la nueva Constitución reconozca a los pueblos originarios, hay que abrir las puertas para que se reconozcan las singularidades de cada uno. Eso es fundamental para poder seguir habitando el altiplano y no llevarnos a la extinción como pueblo en Chile. 

Por ejemplo, el agua desempeña un valor fundamental, es una propiedad básica y esencial de nuestra vida a más de 4.000 metros de altura. Una relación que para todo ser humano es esencial, pero que para nosotros es doblemente importante, por la escasez y la fragilidad de los ambientes en que nos hemos desarrollado por miles de años. 

La escasez de agua que provocan las actividades mineras y la visión excesivamente centralista sobre sus regulaciones, están dañando gravemente a nuestra cultura. El proyecto minero de Pucamarca en la frontera de Perú hacia Chile, o bien la extracción ilegal de agua del altiplano chileno por parte de Perú, tanto de Laguna Blanca o del río Uchusuma, han quebrado la unidad sistémica que existía entre nuestro pueblo y el entorno, provocando pobreza, abandono y lo más importante, la primera migración ambiental forzada de Chile. El despoblamiento del altiplano en estos últimos 20 años ha sido brutal, la comuna de General Lagos pasó de tener 1.100 habitantes en 1992 a menos de 700 en 2018. Distintos líderes aymaras han reclamado al Estado chileno por años, pero nadie ha escuchado, o bien ante otros intereses en juego, no valemos lo suficiente para la política chilena. 

Hoy las líneas entre derecha, centro e izquierda son tan difusas que más bien soy una persona que cree en su cultura ancestral, que quiere cuidarla y que cree en la libertad de emprendimiento y de pensamiento”.

-¿Pasa lo mismo con otras etnias?

-Lo cierto es que nuestro pueblo ha sido desde hace décadas ignorado por los políticos chilenos, salvo algunas excepciones. Esto mismo le ocurre al pueblo atacameño en el interior de Antofagasta, con ríos desecados o entubados para uso de las grandes mineras, tanto estatales como privadas. Es cosa de ver lo que ocurre en la zona del río de San Pedro de Inacaliri, hasta hace años habitado por la cultura atacameña, de lo que hoy sólo quedan casas derruidas por el abandono. Una muerte silenciosa de la que el centralismo en Santiago no ha querido hacerse cargo. 

Las Ferias Fronterizas son también un ejemplo de convivencia del pueblo aymara más allá de las fronteras políticas que el Estado chileno no entiende. El SAG impone a una familia aymara que compra 10 kilos de papas en la Feria fronteriza ubicada en Perú a 200 metros de Chile las mismas restricciones que a un buque con miles de toneladas de plátanos ingresando a Chile por el puerto de San Antonio. Eso es centralismo y falta de comprensión inteligente de la diversidad cultural que habita nuestro país.

“La fe de la ciudadanía está en la nueva Constitución”

-¿Cuál es su visión sobre la situación actual de Chile luego del estallido del 18-O?

-Estamos ante un gran malestar social, con muchas injusticias hacia la ciudadanía desde las instituciones, que el Estado ignoró en estas dos décadas. Viví el día del estallido social en la Plaza Baquedano camino al hotel. Estoy cursando un magister de Gestión de Gobierno en la Universidad Autónoma de Chile, y ese día me encontraba en clases y empezamos a escuchar mucho ruido y mi hotel quedaba justo por Baquedano. La gente gritaba, todos estábamos preocupados. Vimos a la gente rompiendo las cosas, los quioscos, quemando las micros. ¿Por qué romper lo que no es suyo o lo que nos pertenece a todos, que pagamos de nuestro bolsillo con los impuestos? Pero a fin de cuentas, era un malestar social. Eso se entiende, y por algo estamos viviendo ahora este hecho histórico. La fe de la ciudadanía está en la nueva Constitución. Yo nací en 1991 y no sé lo que se vivió en la dictadura, tampoco viví el gobierno de Allende, pero esos son pasados que vuelven y que acechan la realidad en la actualidad, por eso encuentro que esto va a ser para mejor. No se va a borrar el pasado, pero va a haber una nueva Constitución justa y democrática con la participación de la ciudadanía. 

Nosotros también necesitamos visibilizar nuestras demandas. Quizás pecamos de ser un pueblo sumiso, pero no lo somos. El aymara es emprendedor. Nunca le pide nada a nadie, trabaja constantemente para lograr lo que quiere”.

-¿Se considera una persona de derecha?

-Hoy las líneas entre derecha, centro e izquierda son tan difusas que más bien soy una persona que cree en su cultura ancestral, que quiere cuidarla y que cree en la libertad de emprendimiento y de pensamiento. 

-¿Qué opina sobre la pre concepción que existía al respecto de que los escaños reservados iban a prevalecer candidatos de izquierda?

-Después de décadas de espera, este año la comuna de General Lagos (Visviri) contará con fibra óptica y electricidad, gracias al trabajo silencioso y sin estruendo de este gobierno, el Gore y el Core de Arica. ¿Eso contesta la pregunta?

-Si bien usted es del norte, ¿qué piensa del conflicto en La Araucanía y Arauco y la posibilidad de que una comunidad tenga su propia policía?

-El orden público es una potestad que debe estar en el Estado y a mi juicio debe ser manejada con criterios de legalidad, respeto a los DD.HH. y proporcionalidad.

  1. Mauro Sebastián Hidalgo Morales dice:

    Muy buena entrevista Naomi, una gran líder del extremo norte de Chile

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