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Publicado el 05 de enero, 2018

Yo prefiero comer sushi, ¿y tú?

Periodista y Licenciada en Historia Paula Schmidt
Ojalá que la Presidenta Bachelet regresase de Cuba no sólo con mejores oportunidades de negocios, sino también con el libro "¿Por qué no el capitalismo?", de Jason Brennan, bajo el brazo.
Paula Schmidt Periodista y Licenciada en Historia
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Este sábado nuestra Mandataria se apresta para aterrizar una vez más en La Habana. Vuelve, antes de dejar su Presidencia, con el fin de profundizar esos lazos comerciales que, acorde al ministro Heraldo Muñoz, son los que le dan el carácter “no ideológico” al viaje. Sin embargo, debemos hacer memoria que ha sido la ideología que comparte la Presidenta con el régimen cubano la que la ha mantenido cercana a los Castro, facilitando un cordial entendimiento que trasciende lo económico.

Si tuviese la oportunidad, en este viaje presidencial de naturaleza “no ideológica” le recomendaría a la Presidenta dos libros cortos para el trayecto. Así alcanza a leerse uno para la ida y el otro durante su regreso. Podría comenzar por el ensayo: ¿Por qué no el socialismo?, del filósofo político inglés G.A. Cohen, ya que le serviría para calentar motores durante su recorrido de dos días por la isla; y como una manera de comprobar in situ si las bondades que ahí se exponen son tangibles para la población.

El texto es penetrante —y no deja respiro al lector, ya que Cohen no utiliza puntuación entre un párrafo y otro— y al concluir el escrito uno se abre realmente a la posibilidad de ¿por qué no el socialismo?

Por otra parte, está la obra de Jason Brennan, cuya total disconformidad con lo planteado por el benemérito Cohen lo lleva al desafío de escribir totalmente lo opuesto: ¿Porqué no el capitalismo? Recurriendo al humor para desmenuzar de manera creativa un tema complejo, el profesor de Georgetown logra desarrollar argumentos de economía, ideología y sociedad de manera amigable e interesante a la vez.

Volvamos a la isla que adoptó al Che, cuya figura podría interpretarse como parte del corazón del socialismo cubano. Me imagino a nuestra Mandataria caminando bien dispuesta por el Malecón tras haber leído a un hombre como Cohen, quien en su libro ejemplifica al socialismo como una micro-comunidad que sale de expedición. En ésta se manifiestan valores como la justicia social, porque nadie es superior a otro; la bondad de las personas, ya que nadie es egoísta; y se persigue el bien común sin que surjan los conflictos, porque todo es compartido (Aunque me pregunto si los cubanos estarían de acuerdo con este excelso representante del marxismo analítico, cuyas teorías se gestaron en Oxford, a más de 7 mil kilómetros de distancia del socialismo de Fidel).

Por otra parte, Brennan encarna al capitalismo como el motor de un pueblo pequeño, encabezado por Mickey Mouse y que, a diferencia de lo que ocurre al interior de la sociedad de Cohen, está compuesto por miembros más desordenados, disímiles y menos coordinados.

Sin embargo, a lo largo de sus 99 páginas, el norteamericano desarrolla y ejemplifica lo que el capitalismo es capaz de entregar en base a una economía no centralizada, sustentada por una ideología liberal y que permite la diversidad social, porque las personas viven de una determinada manera por elección, no por obligación.

Si tuviese que releer alguno de los dos libros, comenzaría, sin duda, por el de Jason Brennan. No sólo por ser más optimista que el de Cohen, sino también más sensato, al aceptar que el capitalismo, a pesar de ser dinámico, debe ser perfeccionado; por estar abierto a que cada uno piense lo que quiera sin descalificaciones y, por último, porque se acerca de mejor manera a cómo es la naturaleza humana. Una que comete errores, posee anhelos individuales y un temperamento complejo que necesita autonomía para expresarse.

Ojalá la Presidenta Bachelet regresase a Chile no sólo con mejores oportunidades de negocios desde Cuba, sino también con ¿Por qué no el capitalismo? bajo el brazo, ya que para que esas nuevas inversiones chileno-cubanas se fortalezcan es necesario poseer una economía descentralizada, una sociedad heterogénea, autoridades que confían en las capacidades individuales de las personas y que se parezca un poco al pueblito de Brennan, en donde Mickey Mouse le puede decir a Donald Duck: “Yo prefiero (elijo) comer sushi, ¿y tú?”. Una frase que cobra verdadero sentido cuando se entiende como reflejo de libertad.

 

Paula Schmidt, periodista e historiadora

@LaPolaSchmidt

 

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

 

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