El desarrollo institucional y el progreso material y social logrado por Chile en los últimos 30 años, y que lo colocaron entre los países de más alto desarrollo humano de acuerdo al ranking de las Naciones Unidas, es un activo que sin duda vale más que todo el cobre que tenemos enterrado en nuestro suelo.
Publicado el 28.01.2016
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Los fanáticos de la saga de “La guerra de las galaxias”, probablemente recordarán una de sus frases más famosas en que Obi-Wan le dice al joven Skywaker: “La fuerza está contigo”. Resulta que esta alusión a encontrar respuestas a las situaciones más difíciles de la vida en la introspección es bastante recurrente. También Mufasa en la película del Rey león le recomienda a su confundido hijo Simba que busque las respuestas dentro de sí mismo (“Look inside yourself Simba”). Los más viejitos recordarán también cómo Kung Fu, un monje errante y muy pacífico, le propinaba grandes palizas a los más diversos truhanes concentrándose en su fuerza interior.

Por estos días, en Chile, no son pocas las almas errantes que buscan desesperadamente un sustituto para los ingresos que se esfumaron para el país con la caída del precio del cobre. Algunos, como la Presidenta Bachelet, creen que la explotación de Litio podría ser el reemplazo para el metal rojo, otros apuestan por la tecnología y la innovación y otros tantos creen que el Estado debe definir las industrias que podrían sustituir a la minería de cobre y subsidiar su desarrollo. A esto se le llama hoy por hoy política de “clusters”, que es un término más nuevo y elegante para denominar las viejas y fracasadas políticas industriales de los años 50 y 60.

A mí me parecen más interesantes las enseñanzas de Obi-wan y de Mufasa. No hay que seguir buscando, Chile ya tiene sustituto para el cobre, basta con mirar lo que hemos construido en los últimos 30 años. Nuestras instituciones constituyen un tremendo activo que nos permitiría crecer y desarrollarnos independientemente de cuál sea el precio del cobre. En el mundo no abundan los países serios y confiables, por lo mismo ser uno de los pocos en esa categoría nos da una ventaja enorme para crecer y progresar. En el mundo de hoy, en que el capital y el talento (capital humano) se mueven libremente a través de las fronteras de los países, aquellos países que son atractivos para invertir, para desarrollarse profesionalmente y para formar una familia, no necesitan ni cobre, ni litio, ni petróleo. Las instituciones que generan dichas condiciones son su mayor fuente de riqueza.

Chile tuvo en los últimos 30 años un desarrollo institucional que lo puso al tope de la tabla de los países emergentes y en muchos casos por sobre varios países desarrollados. A pesar de algunos retrocesos recientes, todavía somos el país latinoamericano con mejor nota en los ranking mundiales de confiabilidad legal (Rule of Law), competitividad, libertad económica, seguridad y calidad de vida. Nuestra capital, Santiago, está entre las mejores para vivir en la región, nuestros indicadores en salud y educación, con todas sus falencias, son los mejores de Latinoamérica y nuestro manejo macroeconómico era admirado “urbi et orbi”. No es raro, entonces, que Chile sea el país que más inmigrantes per cápita ha recibido en los últimos 10 años en América Latina, y por muchos años fue también el mayor receptor de inversión extranjera. Los chilenos nos acostumbramos a recibir elogios sobre nuestro país cuando salíamos al extranjero y a que quienes nos visitaran quisieran quedarse para siempre. Teníamos más oferta para construir carreteras, puertos y hospitales que proyectos para ofrecer. Mientras nos llenábamos de modelos argentinas y restaurantes peruanos, nuestras empresas eran recibidas con un pizca de envidia y una gran dosis de admiración desde Lima hasta Bogotá.

El desarrollo institucional y el progreso material y social logrado por Chile en los últimos 30 años, y que lo colocaron entre los países de más alto desarrollo humano de acuerdo al ranking de las Naciones Unidas, es un activo que sin duda vale más que todo el cobre que tenemos enterrado en nuestro suelo. Por lo mismo, no cabe duda alguna de que la idea de la retroexcavadora le ha generado a nuestro país un perjuicio muy superior a la caída del precio del cobre.

Por eso me quedo con las sabias palabras de Master Kan, el maestro de Kung Fu. La fortaleza externa es obvia, pero desaparece con el correr del tiempo (el cobre). Mientras que las fortalezas internas (nuestras instituciones) son mucho más difíciles de desarrollar, pero permiten sortear épocas buenas (boom de commodities) e inviernos fríos (bajos precios del cobre). Aun más importante, las fortalezas internas no desaparecen con el paso del tiempo, los recursos naturales sí. ¿Vamos a seguir buscando un sustituto para el cobre?

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTO:MILKO CARREÑO/AGENCIAUNO

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