La principalísima ventaja del sistema es hacer consciente al ciudadano sobre los impuestos que paga y empoderarlo. Si Ud. paga y sabe cuánto paga, ya no le es indiferente el mal uso de recursos, el despilfarro, las políticas cuyo retorno social es nulo, los “elefantes blancos”, los recursos asignados a ministerios y municipalidades que quedan sin ejecución, el paro de funcionarios públicos que Ud. costea, los $532 millones que cuesta cambiar el nombre del aeropuerto de Santiago a Pablo Neruda y un largo etcétera. Y, desde luego, las alzas de impuestos.
Publicado el 08.02.2016
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Ya que en este país se viene legislando bastante mal desde hace varias décadas, especialmente en materia tributaria, propongo que la Ley sobre Impuesto a la Renta sea íntegramente derogada y sustituida por otra que contenga un solo artículo, cuya redacción aproximada sería la siguiente:

Establécese un impuesto con tasa de “x”% sobre la suma de todas las rentas percibidas por cada contribuyente en el ejercicio anual inmediatamente anterior a la fecha de pago del impuesto, el día 30 de abril de cada año. Este impuesto será el único existente para las rentas, lo declarará el propio contribuyente y se denominará “Impuesto Plano a la Renta”.”

Con ello dejaríamos de lado una Ley de la Renta de 327 páginas, 109 artículos en buena parte ininteligibles para no especialistas, con más de 500 notas y miles de circulares, reglamentos y oficios que aumentan año a año. Claro, un par de artículos adicionales podrían explicitar los términos involucrados en la definición, como “contribuyente”, “renta”, “ejercicio anual”, y regular otras materias como pagos provisionales a cuenta del impuesto anual, resolver si habrá una o doble tributación sobre la misma renta, etc., todo lo cual no altera la sencillez de la propuesta.

Esta idea de un impuesto plano sobre las rentas -demasiado buena para ser mía-, ha sido implementada en países de la antigua Europa comunista, donde prácticamente no existían ni se necesitaban impuestos, ya que el Estado era dueño de los bienes de capital, empleador de las personas y dador de prestaciones sociales, donde ha tenido resultados positivos. Se podrá criticar que se trata de economías pequeñas, pero en la actual campaña presidencial de EE.UU. hay candidatos que, con variantes, proponen reemplazar el régimen tributario actual por uno de Flat Tax, en especial Ted Cruz.

Así, hay dos grandes ventajas del sistema: la simplicidad, de modo que cualquier persona pueda entender sus obligaciones tributarias; y el costo mínimo para cumplirlas por los contribuyentes y, asimismo, del Estado para fiscalizarlas.

Mas, la principalísima ventaja del sistema es hacer consciente al ciudadano sobre los impuestos que paga y empoderarlo. Si Ud. paga y sabe cuánto paga, ya no le es indiferente el mal uso de recursos, el despilfarro, las políticas cuyo retorno social es nulo, los “elefantes blancos”, los recursos asignados a ministerios y municipalidades que quedan sin ejecución, el paro de funcionarios públicos que Ud. costea, los $532 millones que cuesta cambiar el nombre del aeropuerto de Santiago a Pablo Neruda y un largo etcétera. Y, desde luego, las alzas de impuestos.

Los tributos dejarían de ser una bandera barata y populista por parte de quienes postulan a cargos de poder, evitándose discursos como “los ricos deben pagar más impuestos”, “acabar con la elusión”, etc., frases que, por lo demás, no responden a la verdad. Como los impuestos afectarían a todos, el tema se abordaría con seriedad, en un sano equilibrio entre la necesidad de contar con recursos necesarios para llevar adelante políticas públicas, por una parte, y por otra, no expoliar a los electores-contribuyentes.

Un beneficio más es que al existir una tasa pareja, desaparece el incentivo para crear estructuras que permitan aliviar, disminuir o postergar la carga tributaria, dejando a quienes se dedican al mercado de los impuestos -como el suscrito- con la obligación de reinventarse y posiblemente generar un mayor beneficio social. Así, cualquier sociedad, empresa grande, media o pequeña, profesional independiente y trabajador, pagarían el mismo porcentaje de impuesto.

Y si se trata de un sistema simple, barato y efectivo, ¿por qué no se implementa? Bueno, la razón principal es la antes dicha: es más fácil gobernar a ciudadanos embolinados que a ciudadanos conscientes y empoderados, que no perciban el nivel de los impuestos que pagan -como en el IVA, donde el tributo se enmascara con el precio- y que exigirían buena administración. Un ejemplo: la gente se indigna por la colusión, pero nadie repara en que el aumento artificial de precios benefició también al Estado con una mayor recaudación de IVA.

Otro gran obstáculo es proponer algo políticamente incorrecto, que presumiblemente quite votos en vez de aportarlos, salvo que se explique bien. Ese efecto puede mitigarse por dos vías: estableciendo una exención, de modo que solo a partir de cierto nivel de renta se aplique el tributo, por una parte; y por otra, las personas de menores ingresos que tributen, junto a las exentas, serán las que recibirán mayores transferencias, subsidios y ayuda del Estado, que posiblemente superen con creces su contribución impositiva.

Un tercer impedimento para el Flat Tax es el lobby de grupos interesados. Cada vez que se discute una reforma tributaria aparecen grupos empresariales, Pymes,  sindicatos, campesinos, mineros, ahorristas, consumidores y un largo listado de grupos de interés que sostendrá que la reforma en cuestión es injusta y deben establecerse ciertas excepciones, obviamente en beneficio de ellos mismos. Con Flat Tax no hay regímenes especiales, privilegios ni beneficios para ciertos grupos. En definitiva, “ley pareja no es dura”.

Se dice “soñar no cuesta nada”. Pero no soñar ni pensar en forma creativa nos está costando mucho.

 

Pedro Troncoso Martinic, Abogado.

 

 

FOTO:FRANCISCO LONGA/AGENCIAUNO