Pensar que la situación económica se va a resolver con un presupuesto fiscal más expansivo y algunos programas públicos de apoyo al emprendimiento, da cuenta de que no se está entendiendo el origen del problema de fondo.
Publicado el 14.11.2014
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Buena parte de la discusión económica en estos días se está centrando en intentar dilucidar si la disminución en el ritmo de expansión de la economía chilena, que ha sido la tónica durante todo este año, habría ya tocado fondo. El sorpresivamente bajo Imacec reportado para septiembre (1,4%) permite estimar preliminarmente la variación del PIB durante el tercer trimestre en un opaco 0,8%, la cifra trimestral más baja que se registra desde que, en el mismo lapso en el año 2009, se observara una contracción de 0,6%. A estas alturas del año ya resulta evidente que el crecimiento económico de 2014 difícilmente va a escapar del rango 1,5%-1,8%, persistiendo la incertidumbre respecto de lo que pueda depararnos el próximo año.

Las autoridades de gobierno han intentado introducir una dosis de calma en los mercados señalando que la peor parte ya pasó, y que por tanto ya se estaría alcanzando el punto de inflexión, después del cual se empezaría a transitar por una senda más expansiva. Este aserto oficial se basa en que ahora comenzarán a rendir sus frutos las nuevas políticas implementadas por el Gobierno en el marco de la agenda de productividad e innovación que se puso en marcha, junto a las iniciativas anunciadas para destrabar proyectos de inversión, y todo esto en el marco de un presupuesto fiscal para el año 2015 decididamente expansivo (9,8%), que coloca énfasis en la inversión pública.

En realidad, el solo hecho de que el último trimestre de 2014 haya sido el de más bajo crecimiento el año pasado, unido a la tendencia declinante que ha predominado durante este período, genera bases de comparación que por simple aritmética van a arrojar resultados más favorables. La pregunta de fondo es si, alcanzado este “punto de inflexión”, la evolución que se espera para la economía chilena tendrá forma de “U” –es decir, retomar la senda de crecimiento que se venía manifestando en forma previa-, o forma de “L”, que se traduciría en que se deja de caer, pero sin manifestarse una recuperación significativa.

En mi opinión, lo que se va a observar es una mezcla entre ambas: en los próximos meses va a prevalecer una situación más “plana”, tipo “L”, la que posteriormente daría lugar a una recuperación con más forma de “U”, pero con menos fuerza. Mientras más se prolongue la situación de incertidumbre existente, durante más tiempo va a prevalecer la etapa que asemeja más a una “L” que a una “U”.

La gran incógnita, aún no despejada, es cómo van a reaccionar los agentes privados ante el nuevo cuadro. No cabe duda de que en un ambiente de incertidumbre hay una tendencia a postergar decisiones de consumo y de inversión, a la espera de un panorama más claro. Y una vez despejada la incertidumbre, lo que corresponde analizar es el efecto de las nuevas certezas sobre el comportamiento de las personas. En el caso de la reforma tributaria, por ejemplo, mientras duró su tramitación hubo una abierta incertidumbre que paralizó decisiones. Y una vez aprobada la nueva ley se despejaron las dudas, pero se tiene la certeza acerca del nuevo esquema, el cual objetivamente va a afectar la rentabilidad de los proyectos así como la disponibilidad de flujos de caja para financiar nuevas iniciativas. Por tanto, en lo que respecta a los cambios en el régimen impositivo, lo que cabría esperar es una recuperación de la inversión, pero a un ritmo más moderado que el que se venía registrando antes. Algo análogo ocurre con las demás reformas que el Gobierno está ya tramitando en las instancias legislativas o tiene en carpeta: mientras no haya una decisión final, habrá incertidumbre; y una vez despejada ésta, habrá que ver su impacto sobre las decisiones de consumo e inversión de trabajadores y empresarios. En esta categoría caben desde la reforma al código de aguas hasta los cambios a la Constitución, pasando por las reformas propuestas para la educación, previsión, salud y régimen laboral.

Sin poner en duda las buenas intenciones del ministro de Hacienda cuando trata de infundir mayor confianza en el mundo empresarial, hay que decir también que ella es difícil de alcanzar cuando se parte de un diagnóstico equivocado. Centrar las causas del problema de la desaceleración en factores de origen externo, agravado por elementos transitorios de incertidumbre que ya se habrían despejado, no refleja la realidad. Por tanto, pensar que la situación se va a resolver con un presupuesto fiscal más expansivo y con algunos programas públicos de apoyo al emprendimiento, da cuenta de que no se está entendiendo el origen del problema de fondo. Una alianza público-privada apoyada en estos pilares no puede ser fructífera si al mismo tiempo se deslegitima el rol del empresario y se cuestiona el papel que desempeñan las utilidades como fuerza inductora de nuevas iniciativas y de nuevos puestos de trabajo en las diversas áreas de la economía. Y este cuestionamiento de fondo a lo que verdaderamente significa “libertad de emprender” es la principal incertidumbre que hoy nubla el horizonte.

En consecuencia, ¿qué cabe esperar para después del punto de inflexión? Mientras persista el actual panorama incierto, habrá recuperación, pero ésta será más bien modesta: difícilmente va a superar el 3% el próximo año y el 3,5% el 2016, lo que está en línea con la última encuesta de expectativas levantada por el Banco Central. ¿Se puede alterar esta trayectoria? Por supuesto que sí, pero ello va a ocurrir cuando se generen los espacios requeridos para que los chilenos puedan navegar con todas las velas desplegadas. Y esto no es otra cosa que quitar las amarras que hoy día impiden que la fuerza del emprendimiento se desate con todo su potencial, sea por restricciones legales y administrativas, o por un cuestionamiento al rol del emprendedor y de las utilidades legítimamente obtenidas como motores del desarrollo económico y social del país.

 

Hernán Cheyre, Presidente Instituto de Emprendimiento Universidad del Desarrollo.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO