Que la Presidenta Rousseff haya sido suspendida de sus funciones, no garantiza que en el corto plazo se vaya a resolver la inestabilidad política y económica del país.
Publicado el 12.05.2016
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Finalmente, después de una sesión que duró más de 20 horas, el Senado brasileño aprobó por 55 votos contra 22 el inicio del juicio político en contra de la Presidenta Dilma Rousseff. Un escenario que algunos creen que podrá resolver la profunda crisis política y económica que afecta al país, pero que otros miran con más cautela.

Ahora, la Mandataria quedará suspendida de sus funciones por un plazo que podría llegar hasta los 180 días. Y precisamente durante ese tiempo, el Senado deberá debatir y decidir si existen o no los fundamentos para votar su destitución.

Vale la pena señalar que a Rousseff se le acusa de haber manipulado las cuentas públicas para encubrir el déficit fiscal de 2014 y 2015. Y no de alguno de los numerosos escándalos de corrupción vinculados a la estatal Petrobras, que han despertado la indignación de los brasileños.

Ahora la Presidencia será asumida en forma interina por el Vicepresidente, Michel Temer, quien no pertenece al Partido de los Trabajadores (PT) -importante fuerza de izquierda de donde provienen Rousseff y el ex Mandatario Luiz Inácio Lula da Silva-, sino del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), de centro derecha.

Si finalmente el Senado no encuentra consistente la acusación en contra de Rousseff, ella podrá regresar a su cargo. Pero si es destituida, para lo cual se necesitan dos tercios del Senado (54 votos de 81), Temer gobernará hasta el término del mandato original de ella, es decir, el 31 de diciembre de 2018.

¿Pero cuál es el escenario que se abre a partir de ahora para Brasil?

En primer lugar, Michel Temer deberá organizar su propio gobierno, con el nombramiento de un nuevo gabinete. Su prioridad será atacar la crítica situación económica que hoy vive Brasil, un país en recesión, con un desempleo que ronda el 10%, una inflación cercana al 11% y una caída de su PIB de un 4% el año pasado.

Este no será un frente fácil de resolver, ya que en el corto plazo debe dar señales claras para recuperar la confianza de los mercados y los inversionistas. En ese sentido, se presume que adopte medidas de austeridad fiscal y posibles recortes a los planes sociales que instauró el PT. Y con seguridad, también impulsará la privatización de empresas públicas.

Para concretar todo lo anterior, Temer deberá buscar alianzas con otras fuerzas políticas, como el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), al cual pertenecen el ex Mandatario Fernando Henrique Cardoso y el ex candidato presidencial Aecio Neves (quien precisamente compitió con Dilma en la última elección).

Paralelamente, después de más de 13 años en el gobierno, el Partido de los Trabajadores pasará a la oposición. Esto le significará obligadamente reorganizar su discurso y sobre todo, trabajar para recuperar la confianza del electorado que le permitió ganar cuatro elecciones presidenciales consecutivas.

En ese sentido, el papel de Lula será clave, ya que a pesar de verse salpicado por los casos de corrupción vinculados a Petrobras, aún mantiene intacto buena parte de su capital político.

Pero el PT también debería ir considerando levantar nuevas figuras dentro del partido, capaces de garantizar un buen desempeño en los comicios municipales de octubre y sobre todo, pensando en las próximas elecciones presidenciales de 2018 (sea que Dilma regrese o no la Presidencia).

En otras palabras, que la Presidenta Rousseff haya sido suspendida de sus funciones, no garantiza que en el corto plazo se vaya a resolver la inestabilidad política y económica de Brasil. Sobre todo considerando que la justicia continúa investigando los numerosos casos de corrupción que afectan transversalmente al espectro político brasileño. Y que la recuperación económica de este país, con toda seguridad, no tomará meses, sino años.

La gran mayoría de los brasileños se sienten traicionados y abandonados por su clase política. Y por eso están esperando prontas respuestas y soluciones. Dependiendo de lo que Temer y su gobierno logren concretar en los próximos meses, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro pasarán a la historia como el megaevento deportivo que dejó en alto el prestigio de Brasil o serán recordados como la vitrina mediática en que la insatisfacción de los brasileños alcanzó una dimensión planetaria.

 

Alberto Rojas M., director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Finis Terrae.

 

FOTO: SEBASTIÁN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO