El gobierno prefiere mantener apagada la luz, soñar despierto y, casi desde la ingenuidad, transmitirnos que está todo bien: el país no está con la economía paralizada, con el desempleo aumentando progresivamente; no hay un déficit de gestión en salud, ni tampoco un aumento de la delincuencia.
Publicado el 17.06.2016
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Cuando apagamos la luz, cerramos los ojos y echamos correr la imaginación, vivimos en la realidad que nosotros decidimos, no en la de esta tierra, sino en la de nuestros sueños. Esa es la situación que transmite permanentemente el gobierno de la Presidenta Bachelet y que esta semana alcanzó niveles especialmente simbólicos, en tres hechos que se sucedieron casi el mismo día.

El domingo, El Mercurio publicó una extensa entrevista al nuevo ministro del Interior en la que, entre otras cosas, asegura no estar preocupado “en demasía” por la situación que enfrenta el gobierno, porque “todo proceso de cambio profundo trae grandes divergencias y grandes debates…”. A continuación señala que la incertidumbre “no es un dato económico, es un estado de ánimo más para psicólogos que para economistas” (¡Increíble!). Por si lo anterior fuera poco, remata, muy tranquilo, que “las encuestas son fotografías” (con un 26% de aprobación presidencial promedio en el último año, 69% de rechazo y 12 meses sin nunca haber alcanzado 30%, vendría siendo más bien un largometraje).

De esa manera, el gobierno prefiere mantener apagada la luz, soñar despierto y, casi desde la ingenuidad, transmitirnos que está todo bien: el país no está con la economía paralizada, con el desempleo aumentando progresivamente; no hay un déficit de gestión en salud, ni tampoco un aumento de la delincuencia. Las reformas no están fuera de los estándares recomendados en democracias estables, con experiencias exitosas en materia laboral, educacional, etc., y la desaprobación presidencial histórica es natural, ya va a pasar. Y la incertidumbre no tiene que ver, como en el resto del mundo, con la certeza jurídica y las señales que envía la autoridad al mercado todos los días, sino con percepciones.

Finalizaba el lunes y el intendente de La Araucanía se despachaba la siguiente declaración, en una radio nacional: “En materia de delincuencia en general, porque aquí hay que preocuparse de toda la región -porque parece que existiera una región chiquitita y no existiera toda la región-, quiero decirle que en materia de delincuencia esta es la tercera región más segura de Chile”.

Datos más, datos menos, su máxima autoridad daba por “segura” a la región más golpeada por la violencia en el país desde hace más de una década (y muy especialmente en los últimos meses), con atentados a agricultores de todos los tamaños, ataques incendiarios a campos, iglesias, escuelas, camiones, viviendas, y con el lamentable y simbólico asesinato, quemados vivos, de un matrimonio de personas mayores mientras su casa era violentada en plena madrugada, por una turba enardecida de odio.

La declaración del intendente Jouannet proviene, además, de un balance que entregó el subsecretario del Interior, de delitos de mayor connotación pública entre enero y abril de este año, de cuya seriedad me permito dudar, cuando se establece que el robo de cajeros automáticos ha caído en 16% y, a continuación, se indica que entre esos meses del 2015 se perpetraron 20 robos y en 2016 se registraron 25. Saque Ud. sus propias conclusiones respecto a si podemos confiar en que La Araucanía es la tercera más segura de Chile, cuando la máxima autoridad de seguridad del país dice que un delito ha disminuido, en circunstancias que él mismo informa que ha aumentado.

El mismo lunes, la directora del INE, Ximena Clark, mientras informaba a la Comisión de Trabajo respecto a la situación del empleo en Chile, se quejó de la existencia de otra encuesta de empleo, que realiza el Centro de Mircrodatos de la Universidad de Chile (y que es muy valorada por el tipo de información que entrega): “Es muy contrario a la buena práctica estadística tener dos encuestas que están midiendo lo mismo”.

Esa declaración, que viene sorpresivamente de una profesional que se percibe seria, está generando aún un amplio y transversal rechazo, porque tiene un tenue olor totalitario y un denominador común con la equivocada medida que tomó la ex Presidenta Cristina Fernández en 2013, cuando el Index dejó de medir la pobreza en Argentina: temor a la información que delate las consecuencias de las malas decisiones políticas.

El INE no es un organismo autónomo, por lo cual es esencial contar con otra medición y ojalá tuviéramos una tercera y una cuarta. ¿A qué le teme el gobierno? Pareciera que eliminando aquello que trae malas noticias, resuelve sus problemas de respaldo ciudadano.

Adoro los boleros de Armando Manzanero, porque crecí con su voz en el tocadiscos de la casa de mis padres y porque con sus letras maravillosas ¡Hasta los sapos pueden convertirse en príncipes! Habrán escuchado uno de sus mejores boleros, ese que dice:

Voy a apagar la luz para pensar en ti

y así dejar volar a mi imaginación.

Ahí, donde todo lo puedo, donde no hay imposibles

qué me importa vivir de ilusiones, si así soy feliz.

Eso es lo que hace el gobierno de la Presidenta Bachelet todos los días: apagar la luz sobe la realidad, dar la espalda a los hechos y vivir de ilusiones. Cuando amanezca, me pregunto con qué nos vamos a encontrar.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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