Fundado en el anhelo compartido de tener un sistema educacional de calidad que ofrezca oportunidades para todos, se ha pretendido impulsar un conjunto de reformas que no aseguran el cumplimiento de ese objetivo y alteran radicalmente principios que los chilenos valoramos.
Publicado el 17.10.2016
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El prolongado debate en torno a las reformas a nuestro sistema educacional nos ha conducido a un nivel de especialización en la discusión pública que, si bien es importante, tiende a desplazar aspectos esenciales que no debiésemos descuidar. Se habla con insistencia de mecanismos de financiamiento, formas de organizar las instituciones o de la importancia de contar con órganos del Estado que cumplan tal o cual función, entre otros asuntos, pero poco se dice respecto de la necesidad de resguardar ciertos elementos esenciales que han permitido el desarrollo de nuestro sistema educacional y que coinciden con los pilares de una sociedad libre.

La autonomía de las instituciones, la diversidad de proyectos educativos y la libertad, tanto para crear establecimientos educacionales como para optar entre los existentes, son los elementos que caracterizan nuestro sistema educacional. Fundado en esos pilares, Chile ha alcanzado tanto a nivel escolar como superior resultados que hace 30 años eran impensados. Contamos con una cobertura primaria y secundaria prácticamente plena, en términos de rendimiento nuestro país tiene los mejores resultados de Latinoamérica y las brechas por nivel socioeconómico han disminuido sistemáticamente. En lo que se refiere a educación superior, la cobertura coincide con la de los países desarrollados y es también la más alta de Latinoamérica, con mejores índices en este aspecto, incluso para los jóvenes más vulnerables, que naciones donde la educación universitaria es gratuita.

Los desafíos que enfrenta Chile en calidad y equidad son problemas de segunda generación que sólo pueden abordarse cuando los otros aspectos están bien resueltos, como es nuestro caso. Debemos ser muy cuidadosos en enfrentar dichos desafíos con medidas que no desconozcan lo avanzado y que sean coherentes con los fundamentos de nuestro sistema, en especial con la libertad de enseñanza que nuestra Constitución reconoce y que aglutina a los otros aspectos esenciales ya nombrados anteriormente.

Fundado en el anhelo compartido de tener un sistema educacional de calidad que ofrezca oportunidades para todos, se ha pretendido impulsar un conjunto de reformas que no aseguran el cumplimiento de ese objetivo y alteran radicalmente principios que los chilenos valoramos. Detrás del eslogan, de hacer de la educación superior un derecho social efectivo, se esconde un sistema cuyos elementos característicos son la imposición de proyectos educativos homogéneos, con poco margen para su desarrollo y que limitan las alternativas de elección de los jóvenes. Las atribuciones que son propias de los individuos se trasladan al aparato estatal restringiendo los espacios de libertad que les corresponden. No sólo el cumplimiento de los anhelos para el sistema educacional se aleja, sino que también por esta vía y de manera silenciosa pero muy efectiva se va imponiendo una mirada distinta de sociedad que no coincide con el esquema de libertades que ha permitido su desarrollo.

Es de esperar que el foco de la discusión se centre en los principios esenciales que someramente hemos descrito y evitar que, sin que nos demos cuenta, los ideales de mayor autonomía, diversidad y libertad se vean vulnerados.

 

Raúl Figueroa Salas, director ejecutivo de Acción Educar.