Las ansias refundacionales que parecen dominar al equipo de gobierno han sido frenadas por el efectivo fuego amigo.
Publicado el 29.08.2014
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Aunque ningún gobierno de centroizquierda en Chile despertó tanta resistencia en la derecha como la segunda administración de Michelle Bachelet, la oposición más efectiva al gobierno de la Nueva Mayoría ha venido desde las propias filas de la centroizquierda. Las ansias refundacionales que parecen dominar al equipo de gobierno han sido frenadas por el efectivo fuego amigo. Después de los recientes misiles lanzados por el ex presidente Ricardo Lagos, los daños ya han sido devastadores.

Con su estilo republicano y levemente profesoral —golpeando la mesa, como le gustaba hacer cuando aspiraba a personificar la defensa de las instituciones— Lagos llamó al gobierno de su correligionaria Bachelet a tener “voluntad política” para hacer cara a los desafíos que enfrenta Chile. Después insistió en sus dichos, advirtiendo que cuando se hacen reformas contra el sentido común, se le entrega una bandera de lucha a la oposición.

Esta reprimenda del primer presidente de izquierda del periodo democrático al que alega ser el primer gobierno realmente de izquierda del periodo refleja, en parte, la molestia de Lagos por la tácita crítica de La Moneda de hoy a su legado. El rechazo actual a la lógica de democracia de los acuerdos y a la cautela de avanzar en la medida de lo posible, implica también una crítica al estilo que convirtió a Lagos en un presidente amado por los empresarios. En su defensa, los apologistas de la construcción de consensos recordarán que el país se desarrolló, la democracia se consolidó, se ampliaron las libertades y se avanzó en justicia social durante el sexenio de Lagos. Al dejar el poder fue vitoreado por el empresariado y la clase pudiente, pero los sectores populares —menos interesados en política contingente— también tenían mejor calidad de vida y mejores salarios cuando dejó el poder.

El ex presidente entiende que para hacer tortillas hay que quebrar huevos. Pero en su advertencia en Icare advirtió que sólo se hacen tortillas cuando los huevos se quiebran sobre el sartén, no arrojándolos intempestivamente contra la pared. Por eso el llamado a dialogar y construir con los que piensan distinto. Casi siempre, para avanzar, en vez de derribar muros, es mejor abrir puertas.

Cuando habla de “voluntad política”, Lagos en realidad está usando un doble discurso. Al gobierno de Bachelet le ha sobrado voluntad política de retroexcavadora. Con sus referencias al programa, que lindan en el fetichismo, el Gobierno ha intentado imponer irreflexivamente ideas de cuestionable mérito intelectual y cuyos resultados difícilmente reducirán la desigualdad. Queriendo distribuir mejor los huevos de oro, el Gobierno ha hecho disminuir la velocidad con que la gallina pone huevos. Como la gente quiere mejor distribución, pero también teme que será más difícil que le toque su parte si hay menos huevos, comienzan a surgir dudas sobre la capacidad del Gobierno para cumplir su promesa de un Chile para todos. En realidad, Lagos llamó a dar un golpe de timón y retomar la senda de la gradualidad y moderación de la época concertacionista. Para él, la voluntad política es dejar de gobernar para la galería de refundacionales exaltados, porque cuando uno intenta avanzar sin transar, el país termina mucho peor.

Sabiendo los altos costos de comprarse un conflicto con el ex presidente, el Gobierno primero intentó leer su crítica como una cuestión sólo relacionada con la lentitud en licitar obras de infraestructura. Esa actitud, que contrasta con la fuerte respuesta a las críticas del ex presidente Piñera, hace que la actitud del Gobierno se parezca a la de un adolescente que, ante el regaño de una respetable autoridad, pretende convencer a sus amigos de que en realidad fue un elogio. Pero como la crítica de Lagos es de fondo, el Gobierno eventualmente se distanciará de él. Una administración que cree que el diálogo es capitulación, difícilmente compartirá el espíritu de las críticas del ex presidente.

Como similares críticas fueron realizadas por el ex presidente Piñera (que por cierto sí alberga aspiraciones presidenciales), el Gobierno puede optar pelearse con los mensajeros en vez de actuar ante el contenido del mensaje. Después de todo, no es menor la presión a avanzar sin transar —especialmente en la reforma educacional— de los autonombrados representantes de la voluntad popular.

Pero si escucha a Lagos —y acepta que a veces se llega más lejos construyendo puentes que subiéndose a las volubles olas de los movimientos sociales-, Bachelet podrá retomar el curso del desarrollo y el avance progresivo hacia la construcción de un mejor país. Si, en cambio, ignora al ex presidente, las amigables advertencias que ha recibido el Gobierno devendrán, más temprano que tarde, en críticas más viscerales y menos constructivas de una opinión pública que puso en Bachelet sus esperanzas de cruzar a la tierra prometida y que ahora empieza a sentir que el agua le está llegando al cuello.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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