Es cierto que son las comunas más ricas, que invierten en seguridad posiblemente lo que otras comunas no tienen disponible, pero esta iniciativa de coordinación podría ser un primer paso para generar procesos transcomunales que unan esfuerzos, información y coordinación de los programas de prevención
Publicado el 13.07.2016
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Recientemente los alcaldes de las tres comunas más ricas del país declararon que buscarán mecanismos de cooperación para integrar sus programas de prevención y control del delito. Sin duda, los niveles de ansiedad ciudadana en estas comunas son altos, los delitos que allí ocurren tienen alta repercusión mediática y la sensación de no respuesta policial es transversal. Debido a esta situación que se traduce en vecinos disconformes con los niveles de seguridad en sus comunas y que trasladan a los municipios parte de la culpa de esta inseguridad, los alcaldes decidieron avanzar en una fórmula conjunta.

Es una buena noticia. Por años, los tres municipios han fortalecido programas de vigilancia, cuidado y resguardo que incluyen no solo un importante número de guardias, sino también sofisticada tecnología e infraestructura.  Si bien no es claro que los globos de vigilancia o las cámaras funcionen en controlar el delito, es evidente que tienen un impacto sobre la sensación de protección de los ciudadanos.  Es de esperar entonces que la respuesta conjunta tienda a coordinar estos esfuerzos más que a la búsqueda de construir murallas de división o limitar el uso de los espacios públicos a los que no son de la comuna.

Las iniciativas de prevención del delito se fortalecen cuando incluyen espacios territoriales más grandes. La coordinación debería permitir una mayor presencia en las zonas donde se concentra el delito, mayor inversión en las zonas poco iluminadas, cuidado de espacios cercanos a establecimientos escolares, entre otras múltiples tareas de prevención efectiva.  Pero no hay que olvidar que su objetivo es justamente ese, la prevención.

Lamentablemente, en Chile la dotación policial a nivel comunal no es de conocimiento público. Es decir, nadie sabe bien cuántos funcionarios de Carabineros están destinados a estas comunas. La información de la página web de la institución avanza en evidenciar que hay una comisaría en Vitacura, dos en Las Condes y una en Lo Barnechea más el retén de Farellones. Nada de eso permite saber bien cómo mejor identificar las verdaderas necesidades de pie de fuerza en el territorio.

Los municipios tienen sus roles bien claros, pero un mecanismo 3 + 3 en este caso sería más que bienvenido. Es decir, los municipios más los comisarios intercambiando información, apoyando con mecanismos de patrullaje y cubriendo los espacios que hoy tienen menor presencia disuasiva.  Lograr ese desafío de descentralización es la clave para avanzar efectivamente en una estrategia de control y prevención del delito.

Es cierto que son las comunas más ricas, que invierten en seguridad posiblemente lo que otras comunas no tienen disponible y que sus problemas de seguridad son más bien acotados, pero esta iniciativa de coordinación podría ser un primer paso para generar procesos transcomunales que unan esfuerzos, información y coordinación de los programas de prevención.

Los casos prometedores y exitosos de prevención del delito ponen especial énfasis en las políticas de largo aliento, en la coordinación de los esfuerzos y en la importancia de la presencia activa de actores locales. Solo queda esperar que el anuncio de los alcaldes tenga resultados concretos en el corto plazo.  Dentro de sus actividades podrían estar también mecanismos de colaboración e intercambio de experiencias con otras comunas del país.

Lucía Dammert. 

Socióloga y académica del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Santiago de Chile.